lunes, 19 de septiembre de 2005

Cambio de camaradas

Yo creo que ya empieza la escenificación para que Zapatero nos de la excusa para el cambio de aliados que se va a producir. Dos voces importantes del gobierno, Interior y Defensa, Alonso y Bono, se han pronunciado en contra de las pretensiones catalanistas de ser considerados nación. Por otra parte, Carod Rovira dice claramente -le honra ciertamente, pues siempre ha sido su postura y nadie puede sentirse engañado por él- que lo que pretende es una República Independiente de Cataluña, es decir un estado independiente de España y de régimen republicano.

En absoluto puede aceptarse tal pretensión, que no sería sólo acabar con la Constitución sino con la existencia misma de España. Pero él al menos no oculta sus cartas. Si Zapatero juega ahora a hacerse el sorprendido y hay quien se lo cree, pues qué quieren que les diga... Ésto es lo que utilizarán para desprenderse del apoyo de ERC y abrazarse al PNV... Hasta que la historia se repita.

Y es que no puede ser vendible que ésas pretensiones sean progresistas. El progreso es ir hacia adelante no hacia atrás. Progreso sería ir a una nacionalidad cada vez más amplia. Europea, mundial,.. El día que todos los habitantes de la tierra tengamos consciencia de nuestra nacionalidad universal, entonces habremos progresado. Habremos progresado desde lo tribal hasta lo planetario. Lo otro es ir hacia atrás, a la edad media, a las tribus,... Retroceder, no progresar. Cada uno es libre de elegir lo que quiera, pero llamemos a cada cosa por su nombre.

Pero ¿cómo el PSOE y sus seguidores podría asumir lo anterior? Ya lo ha hecho en otras ocasiones. Recordemos el OTAN NO, el GAL, o la corrupción en su seno.

En la Psicología Social se conoce como disonancia cognitiva al “malestar provocado por la violación del concepto de uno mismo”. Para evitarlo, la mente no duda en modificar sus creencias, opiniones o recuerdos, incluso contra la evidencia. O citando a Nietzsche: “Yo he hecho eso”, dice mi memoria. “Yo no puedo haber hecho eso”, dice mi orgullo, y permanece inflexible. Al final, la memoria cede, y la mente acepta como verdad lo que dice el orgullo: "Yo no he hecho eso".

Esta tendencia es tanto más fuerte cuanto más alto es el concepto de uno mismo. El que se cree divino por lo general no puede asumir haber hecho esas cosas tan impropias de su dignidad. Y al líder ya se le endiosa bastante. Ese culto a la autoridad está detrás de muchas de las barbaries y escándalos del siglo pasado.
Yo no sé si ésta disonancia cognitiva es aplicable también a la conciencia común de un colectivo, o de un partido político, pero tal parece que sí.

Claro que siempre puedo estar equivocado. Pero ...