jueves, 8 de noviembre de 2007

Editorial del día

EL PSOE BUSCA UN PRETEXTO PARA ATIZAR AL PP CON EL 11-M

El Tribunal Supremo confirmó ayer la sanción de 10 días sin sueldo impuesta al teniente coronel Bolinaga por no comunicar a los jueces la existencia de una grabación que prueba que, ya en 2001, Suárez Trashorras y Toro buscaban a alguien que supiera «montar bombas con móviles». El Estado zanja de este modo toda responsabilidad policial en el 11-M con una multa. El acatamiento del fallo no puede impedirnos denunciar lo que se revela como un ejercicio de hipocresía institucional para dar aldabonazo a cuestiones claves. Poco ha importado que dos de los condenados, el propio Trashorras -34.700 años- y Zouhier -10 años- fueran confidentes habituales de la Policía. Ni Del Olmo, ni Bermúdez, ni la misma fiscal que ahora exhibe sus heridas contra sus compañeros «sólo de escalafón» se interesaron en la fase de instrucción y durante el juicio oral por quienes, tres años antes de la matanza de los trenes, mercadeaban en busca de la mecánica asesina del 11-M. El contenido de esa grabación debería ser suficiente acicate para continuar las investigaciones, toda vez que la sentencia no ha determinado quiénes organizaron los atentados.

El fiscal jefe de la Audiencia afirma que nunca habló de «autoría intelectual», aferrándose a una expresión literal que, en todo caso, se queda corta para describir el tipo penal que atribuyó a El Egipcio, Belhadj y Haski: «autoría por inducción». También apunta hacia El Tunecino -muerto en Leganés- como verdadero cerebro. ¿Por qué no lo dijo en el juicio? El fiscal general del Estado incurre en el mismo tipo de estratagemas cuando pretende justificar el dudoso recurso contra la absolución de El Egipcio -que ya fue juzgado en Italia- aludiendo a «lo que ha hecho aquí» y, por tanto, obviando su absolución por el tribunal. Parece que todo vale para ocultar lo más evidente de la sentencia: que no hay pruebas de que el 11-M fuera un atentado ordenado por Al Qaeda en respuesta a la participación de España en la Guerra de Irak.

A esta estrategia de intoxicación se entregó ayer el PSOE con un vídeo teóricamente emitido para contestar a Aznar, pero editado hace tiempo, y con el que el aparato del partido desobedece la consigna -si fuera cierta- de Zapatero de «pasar página». Aznar reiteró ayer que el 11-M «no se ideó en desiertos remotos y montañas lejanas» y que fue concebido para «cambiar el curso político». Nada de esto tenía por qué ofender al PSOE, y lo cierto es que el fallo del juez Bermúdez avala las dudas del PP sobre quiénes -y dónde- organizaron, planificaron y ordenaron la matanza; es decir, en ningún caso la sentencia quita la razón a Aznar en ambos asertos. Otra cosa es que si el PP hubiera gestionado de otro modo aquella crisis es muy probable que no hubiera perdido las elecciones generales.

Los socialistas utilizaron como pretexto la opinión personal de Aznar para arremeter contra todo el PP con un vídeo que, en sí mismo, es una cátedra de manipulación. Tergiversan a los populares para presentar como contradictorias con la sentencia sus declaraciones; revisten como aseveraciones categóricas lo que fueron afirmaciones condicionales; y presentan preguntas y referencias del PP sobre la autoría intelectual del 11-M como si los populares hubieran dudado de que los ejecutores del atentado se sentaban en el banquillo. El PP comenzó anoche a defenderse recurriendo también a la exageración y la distorsión, pero la opinión pública debe tener en cuenta quién ha disparado primero.

E.M.