lunes, 26 de noviembre de 2007

EDITORIAL DEL DÍA

DE PRESIDENTE PIROMANO A CANDIDATO "APAGAFUEGOS"

¡Exterminarlos!

José Luis Rodríguez Zapatero se presentó ayer en el acto de su proclamación como candidato a la Presidencia del Gobierno como la persona adecuada para «acabar para siempre con la crispación política» y recuperar «la convivencia» en España, para lo cual pidió a los ciudadanos que le ayuden a conseguir una amplia mayoría. Lo paradójico es que se compromete a dar solución a un problema que, en gran medida, él mismo se ha encargado de generar. Nunca antes en nuestra democracia como hasta esta legislatura se habían tomado tantas decisiones en asuntos clave para la estabilidad del país sin contar con el apoyo del primer partido de la oposición. Con dos agravantes: que ni siquiera había consenso sobre esas decisiones dentro del partido en el Gobierno -como se vuelve a reflejar en la entrevista que hoy publicamos con José María Barreda- y, sobre todo, porque las apuestas se han demostrado erróneas. Ni el Estatuto de Cataluña ha servido para atemperar a los nacionalistas, ni el diálogo con ETA ha puesto fin al terrorismo.

Pero hay más: ¿cómo va a traer «la convivencia y la tolerancia» quien ha consentido que se cree un cordón sanitario para aislar a un partido que representa a más de 9 millones de españoles? Si en verdad quisiera hacerlo debería cambiar su política, y no es eso lo que anunció ayer en Fuenlabrada. Zapatero se limitó a hacer un balance triunfalista de su gestión y a lanzar propuestas genéricas; algunas razonables y otras quiméricas -como la idea de alcanzar nada menos que el liderazgo mundial en la lucha contra el cambio climático-.

Un contrapunto a ese mundo feliz en el que parece instalado Zapatero nos lo ofrece hoy mismo un socialista con responsabilidades de gobierno como Barreda. El presidente de Castilla-La Mancha no duda en denunciar el error que supuso auspiciar el Estatut o el proceso de paz. De igual forma, defiende que sus paisanos que viven en Cataluña puedan estudiar en su lengua materna y se desmarca de la Ley de Memoria Histórica al advertir que la memoria «no se regula por ley».

Después de haber reinventado la historia de la II República, del franquismo y de la Transición, y llegado el momento de rendir cuentas y pedir su confianza a los españoles, Zapatero parece dispuesto también a falsificar la historia de lo que ha sido esta legislatura. Ha tenido cuatro años para ser el hombre de la pacificación y el consenso, y eso es lo que propiciaban las circunstancias en las que fue elegido presidente, pero prefirió ir de la mano de grupos nacionalistas partidarios de la destrucción de la España constitucional antes que colaborar con el PP. En enero de 2005 Rajoy le ofreció pactar la reforma de los Estatutos pero, tras escuchar los cantos de sirena de Batasuna y las amenazas de IU y ERC de retirarle su apoyo parlamentario, se olvidó de los populares.

Seguramente el PP no ha sido la mejor oposición posible, pero lo que no puede pretender el presidente pirómano es disfrazarse de apagafuegos e intentar quedarse encima con las manos libres. Su objetivo es contar con una oposición desactivada por la crisis de una derrota contundente. Al solicitar una mayoría holgada para acabar «para siempre» con la crispación, lo que revela es su intención de aplastar al PP e implantar su paz; una paz que convertiría el Parlamento en un cementerio político a costa de los intereses de los españoles.

El Mundo