lunes, 25 de febrero de 2008

El Óscar de Bardem.

La politización de todo o la vida según panfleto.

Pepiño Blanco se ha apresurado a atacar al PP aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que Bardem ha ganado su merecido Oscar como actor secundario. Le niega incluso el pan y la sal, diciendo que "lo mismo tiene la caradura de felicitar al actor por su premio" en referencia a Rajoy, como si el felicitar a alguien por su trabajo significara estar de acuerdo con él en sus ideas políticas, o en su color preferido.

Lo de este pobre inculto panfletario es ya de traca. ¿Qué tendrá que ver la gimnasia con la magnesia? ¿Qué tendrá que ver la profesionalidad de un actor con ser culto, con su nivel intelectual, con lo que piense de política, o con que si le gusta el café solo o con leche? Por cierto, Rajoy ha enviado un telegrama de felicitación a Bardem: "... tu merecido éxito es un motivo de satisfacción y de orgullo para toda la sociedad española". ¿Blanco le ha felicitado por su éxito, o lo ha hecho por su apoyo al régimen cubano? ¿O quizás lo ha hecho por haber sorteado las obligaciones fiscales de sus empresas en los últimos cuatro años?

A Bardem le han premiado por su trabajo como actor, no por su posicionamiento político. Y el que le hayan pagado por su extraordinaria participación en una película americana que se nutre de los ingresos de quienes acuden a verla, no elimina el que aquí se le pague de nuestros bolsillos cuando participa en películas subvencionadas sin que la taquilla dé para muchos platos de lentejas o para crear empresas, que por cierto, luego no cumplen con la Hacienda de todos. Y desde luego que considerar culto a Bardem por ser actor, tiene tanto peso como hacerlo con Marilyn Monroe, salvando las distancias, con su actual pareja Penélope Cruz, o con Silvester Stallone; aunque es muy posible que para Pepiño ésa sea su cultura. La Farándula es espectáculo, no la cultura.

Mi enhorabuena a Bardem por su éxito como actor. Y para payasos, Charlie Rivel, que en paz descanse.