martes, 19 de febrero de 2008

Las cartas de ETA.

La ETA le escribió y el iluminado quiso hacerse con la gloria él solito.

Por eso abandonó el Pacto Antiterrorista y su alianza de Estado con el PP en asuntos antiterroristas. Por eso el "cinturón sanitario". Por eso el alejamiento. Por eso el "¡dejadme solo!". Creyó que iba a ser el que rematara la faena, se llevara las dos orejas y el rabo y acabaría aclamado como el héroe de la paz.

Y le salió mal, claro. Pero lo grave es que nos ha estado mintiendo. Descaradamente. Y sigue haciéndolo. En cualquier democracia consolidada eso habría sido su final político. Puede que hasta hubiera sido procesado por Alta Traición. Pero aquí, ¿pasará algo?

No, no pasará nada. Los seguidores de Zapatero, ya imbuidos del "culto al líder", y a un paso del fanatismo histérico, se lo perdonarán y acusarán al PP de haber negociado también a nivel político con la ETA. Es lo que les dirán que crean y es lo creerán y repetirán. Y da igual que se les explique una y otra vez. Seguirán con su ataque al PP sin saber porqué, con su eterna cantinela de llamar fascista, sin saber lo que significa, a todo lo que no es lo suyo, que por otro lado tampoco saben lo que es.

Es lo que sucede a quien, como el PP, va a un duelo donde el oponente acude con hacha, flechas, lanzas y mandobles, equipado tan sólo con florete y el reglamento de esgrima.