viernes, 19 de septiembre de 2008

Basta ya.

Continua e intolerable falta de sensibilidad y de respeto a las familias de las víctimas de la tragedia de Barajas.

El último vídeo filtrado para que El País lo colgara en su página de internet -y de paso lo emitiesen todas las cadenas de televisión- ya es demasiado. Además de que está cortado y no se aprecia desde qué altura cae el avión y con ello las familias vuelven a elocubrar sobre si el fallecimiento de sus allegados fue inmediato o por el contrario fueron conscientes del terrible fin que se les venía encima, además de ello digo, les hace revivir e imaginar el infierno que pasaron sus familiares.

El que dicho vídeo se haya filtrado además del supuesto informe preliminar, que luego no ha sido tal, y la filtración provenga desde el Ministerio responsable de la seguridad aérea y que ni siquiera tendría que tener dicho informe, y mucho menos antes que el juez, exige una inmediata explicación y una profunda investigación.

¿Cual es el objetivo de tantas filtraciones que dan pie a teorías infundadas y propagadas por los altavoces mediáticos? ¿Acaso eso ayudará a averiguar lo que pasó? ¿Ayuda a la tranquilidad de las familias el ver como su dolor es objeto de tráfico interesado?

El efecto de las informaciones sobre el asunto es notorio en la opinión pública y hace palidecer otras informaciones. ¿A quienes beneficia el que las otras informaciones pierdan interés y no sean objeto de atención por la opinión pública? ¿Es casualidad que se produzcan cuando cada vez parece evidenciarse que la gestión inmediata de la tragedia -así como la propia gestión del aeropuerto- ha sido llevada a cabo por incompetentes?

La Vicepresidenta De la Vega ha puesto cara de enfado y ha dicho que las filtraciones no son cosa del gobierno. Así, porque lo dice ella. Claro que si nos guiamos por lo que ha dicho en estos últimos años, cabe empezar a dudar, ¿pero qué digo?: cabe casi tener la seguridad de que es desde allí desde donde se han producido. Los antecedentes de esta señora cuando se pone a sentar cátedra, así lo augura.

En cualquier caso, no parece ética ni moralmente aceptable el que las familias estén constantemente expuestas a toda clase de rumores y especulaciones que no hacen más que remover su dolor y crearles desconcierto. Y mucho menos que sea desde el gobierno desde donde se provocan.