martes, 23 de septiembre de 2008

Moroc attacks.

Ataque en Marruecos a policías españoles.

El Ministerio de Exteriores no ha dicho ni hecho nada. Por muchísimo menos Marruecos hizo llamar a su embajador no hace mucho. Y es que ya no nos hacemos respetar ni siquiera como europeos y representantes del espacio 'Schengen'.

Nuestras instituciones son atacadas, y amenazadas con reiterar dichos ataques tantas veces pasen a Marruecos, y la policía Marroquí no mueve un dedo para protegerlos. Pero eso es entendible, lo que no lo es es que nuestro Gobierno mire para otro lado.

El pasado jueves tuvo lugar en Marruecos, a instancias de la Aduana Marroquí, una reunión entre dicha Aduana y una delegación oficial española compuesta por el delegado de la Agencia Tributaria en Melilla, el delegado de la Aduana Española, el teniente coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil, comandante segundo jefe, jefe superior de Policía e inspector jefe, jefe de fronteras. Un grupo de exaltados de unas 200 personas, animales marroquíes diría yo, intentaron linchar y lapidar a dicha delegación y en especial al jefe de fronteras.

La policía marroquí desapareció y varios de los miembros de la delegación fueron agredidos. El portavoz del movimiento responsable de ello, un no sé qué cuentos de Derechos Humanos -¡en Marruecos!- ha amenazado diciendo: "A todos los policías y jueces que se atrevan a pasar la frontera les va a ocurrir lo mismo". Y aquí todos tan contentos.

Es ahora, ante la pasividad del Gobierno, cuando los sindicatos policiales exigen una protesta oficial y se muestran preocupados por el estado del Jefe de la Policía de los puestos fronterizos de Melilla, Vicente Goya, como consecuencia de la agresión. Añaden que de haber sucedido al revés, Marruecos ya habría organizado todo un conflicto internacional. Pero es que aquí tenemos a Zapatero, que con su talante pone la otra mejilla sin rechistar. Claro que esa mejilla no es la suya sino la de los que están allí para proteger nuestras fronteras. A ellos, por lo visto, no les protege nadie.