viernes, 10 de octubre de 2008

Dignas gallardonadas.

El hombre anuncio, la dignidad.., y sin champagne.
Lo del Alcalde de Madrid va in crescendo cual wagneriana Lohengrin, aunque ya tan repetitivo como los violines de la obertura de Tannhäuser, también de Wagner. Después de despacharse diciendo que lo que él logra -endeudando a los madrileños hasta límites increíbles- beneficia a la Comunidad y al Estado, y sin embargo los pagos los tiene que hacer el Ayuntamiento mientras Esperanza Aguirre y la Ministra de Fomento brindan con champagne (hoy digo champagne y no champán, en honor al almuerzo française de Zapatero), ahora viene con unas normativas cuanto menos ridículas.
Le ha dado por preservar la dignidad de los hombres anuncio, y no se le ocurre otro modo que despojándoles de lo que les hace dignos: su trabajo. Mucho le preocupa ahora eso de la dignidad. Ya llevó hasta a un periodista ante los tribunales para preservar su supuesta dignidad dañada porque dio una opinión política que además es verdad. Y no hace mucho dijo lo contrario ante la prensa sudamericana. Dice que un político no debe querellarse con un periodista y luego lo hace. Dice que no es democrático impedir que la prensa critique en libertad, pero si no es a él, claro. Porque entonces se daña su honor y su dignidad.
Debe ser por eso por lo que necesita un despacho digno y se instala en el Palacio de Correos, ante la Cibeles, cual Faraón en jefe de Dinastía. Dignísimo, sí señor. Pero este petulante tan digno, va y prohíbe a quienes no encuentran otro modo de ganarse la vida que trabajen como hombres anuncios. Porque, según él, no es digno. Tal vez es más digno no trabajar y pasar hambre, ¿no? O vivir de la caridad. O quizás robar para comer. Este endiosado personaje olvida que el trabajo dignifica a la persona, no el vivir del cuento.
Además de que por esa regla de tres ya no podremos ver a Fernando Alonso firmando autógrafos con su mono de competición, escaparate publicitario donde los haya. Ni las empresas podrán poner su nombre en los monos de trabajo de sus trabajadores. Y hasta habría que quitar del uniforme de la Policía Municipal la publicidad del Ayuntamiento que preside este singular elemento.
Yo creo que lo que habría que impedir es que este elemento usara su cargo para hacer publicidad de sí mismo e impulsarse así a cargo de más altura. Él parece que no considera digno el trabajo de Alcalde de Madrid. Al menos, no lo dignifica con estas idioteces. Ni mucho menos con el desprecio que ya hizo a dicho cargo cuando le dio la pataleta por no estar en las listas al Parlamento.
Yo, de verme en la necesidad, eligiría mil veces trabajar de hombre anuncio que no trabajar en nada. A quien se le cae los anillos por trabajar, no es digno de llevar anillo alguno. Y aún menos quien desprecia el trabajo ajeno.