jueves, 2 de octubre de 2008

Más favores a etarras.

La Audiencia Nacional prolonga la excarcelación de la etarra Elena Beloki.

Mientras que con nuestro dinero el Ministerio de la cuasi púber Bibiana Aído se dedica a pagar a quienes preparan una ley del aborto que proteja a quienes se dedican a ello, resulta que la Justicia también se dedica a mantener fuera de la cárcel a una hija de puta etarra, la tal Beloki, para seguir un tratamiento de fertilidad. Al margen de que este tipo de gentuza debería tener prohibido el que perpetúen sus genes, está la aberrante contradicción de permitir el asesinato de inocentes -mediante el aborto- interrumpiendo contra natura su desarrollo, mientras se favorece que se reproduzcan los asesinos que ya no están en edad natural de procrear.

A ésta hija de puta -a cuyo supuesto hijo quieren condenar a la perpetua de tener que ver esa cara y mamar esa mala leche, además de tener que llamar mamá a un monstruo- se le concedió por la Audiencia Nacional la libertad bajo fianza para que siguiera un tratamiento de fertilidad en un Hospìtal de San Sebastián. Y para ello presentó un informe o estudio psicológico en donde se decía que para seguir el tratamiento era necesaria tanto la "disponibilidad clínica de la solicitante durante el tratamiento" como la necesidad de que pudiera reunir "unas condiciones psicológicas adecuadas, entre las que no se encuentra la actual situación de privación de libertad".

Que ya manda cojones, porque si no reúne las condiciones psicológicas adecuadas para seguir un tratamiento voluntario por estar en prisión, pues sencillamente que no lo siga. Está en prisión por una condena, no por un capricho, y no parece normal que por un capricho suyo se le permita eludirla. Ella y sus amigos han privado a casi mil inocentes de poder seguir tratamiento alguno, al privarles de la vida, y han condenado a varios miles a seguir tratamiento psicológico para sobrellevar las secuelas de sus crímenes. Si quería ser madre ya podía haberse puesto a ello, a crear vida, en vez de dedicarse a destrozar la vida de los demás.

O sea, que la hija de puta decide seguir un tratamiento de fertilidad -así, porque le apetece ser madre y por lo visto no hay dios que se atreva a mojar el churro en su zulo- y entonces ya es buena. Entonces ya merece ser puesta en la calle para que lo haga. Y por lo visto no ha habido tiempo suficiente para dicho tratamiento en dos mese y medio. A lo mejor necesita otros cuarenta y siete años más; vamos, los mismos que los que ha tardado en decidir que quiere reproducirse. Debe ser por eso por lo que la Audiencia, desoyendo la petición de las víctimas del terrorismo, decide que siga en la calle. Así podrá seguir follando con quienes se atrevan, o estén tan borrachos o colgados de cualquier mierda que no les importe acostarse con otra. A ver si así tenemos un etarrita, tan mono, y le puedan enseñar a preparar bombas a ritmo de sonajero.

Digo yo que la Ministra de Igualdad, Aído, tendrá algo que decir y pedirá también que se excarcele a los etarras varones que les apetezca ser padres, para que así puedan dedicarse a seguir su particular tratamiento de fertilidad echando unos polvitos a las deseosas proetarras. Aunque no parece muy probable que incluso estos animales sean capaces de lograr la excitación necesaria para culminar el acto con semejantes borregas.

Y mientras tanto se siguen cometiendo atrocidades y privando del derecho a nacer a decenas de miles de inocentes. Si esto es la civilización, ¡viva el Cromagnón!