sábado, 29 de noviembre de 2008

En el limbo.

Rajoy se vanagloria de que ya hay encuestas que le dan ganador si hubiera elecciones.

Al margen de que eso no es cierto, pues las encuestas arrojan un empate técnico, ya que si el margen de error de dichas encuestas es de más menos 3% todo lo que no sea superar esa diferencia es empate, y eso lo que indicaría es un tremendo fracaso. Y es un fracaso porque el PSOE ya ha tocado fondo en expectativa de voto, ya no perderá más por mucho que haga. Los que siguen manteniendo esa intención de voto jamás votarán en otro sentido, unos porque se quedarían sin comer, y otros porque se creen cualquier cosa que se diga si creen que es desde la izquierda de donde viene.

Pero Rajoy va y dice que "por primera vez en muchos años, las encuestas nos dan ventaja" sin añadir que no es por otra cosa que por la pérdida de apoyos del PSOE, no por mérito del PP, que también pierde apoyos. Y añade: "Es un síntoma de que vamos en la buena dirección. Los procesos electorales que tenemos por delante van a confirmar el acierto de esta apertura", con lo que da la razón a quienes hablan de un cambio en el PP que ellos no hacen más que negar, al tiempo que evidencia su ceguera sobre que ese supuesto aumento de posibilidades no es debido a un aumento en la intención de voto hacia su formación, sino a la disminución del del adversario debido a la crisis económica y su mala gestión.

Si en estas circunstancias el PP de Rajoy no marca una clara victoria, no lo hará nunca. En sus últimas intervenciones parlamentarias ha estado hasta brillante, pero no remata. Se arruga para que no le acusen de crispar por hacer oposición. Se ha creído la martingala de Pepiño sobre que el no apoyar al Gobierno de Zapatero es ser antipatriota y crispa. Por ello se niega a denunciar lo que sabe. Por ello no hay oposición. Y por ello, así, no ganará nunca.

Y también por ello no se atreverán a llamar mezquino e indigno miserable a Pepiño cuando hoy ha utilizado el atentado de Bombay para arremeter contra Esperanza Aguirre. Ni los veo organizando un auténtico revuelo acusando de crispar al impresentable propagandista del zapaterismo. Ni tampoco los veo acusando a Zapatero y cuadrilla de mentir por decir que la crisis viene de fuera. Los cobardes son así, y eso va tanto por Pepiño como por los timoratos populares.