martes, 11 de noviembre de 2008

La llegada

Llegan los cuerpos de nuestros militares caídos en la guerra de Afganistán.

Porque eso son, caídos en una guerra por una ataque del enemigo. Allí estamos en una guerra, una guerra contra el terrorismo islamista, y el enemigo usa sus armas. Y una de las más poderosas es precisamente el fanático suicida. Es un arma tal y como lo fue el kamikaze para Japón en la Segunda Guerra Mundial. Tacharlo de atentado terrorista implica que aquello es un país en paz en donde hay terrorismo, y eso no es en absoluto cierto.

Hasta la AVT llega al extremo de convocar una manifestación para protestar por "un atentado indiscriminado". Pues no es nada de eso, es un ataque y no es indiscriminado, pues va dirigido contra lo que para el enemigo es un objetivo militar: nuestras tropas. Eso son para el enemigo, un objetivo a combatir. No entiendo como la AVT se presta a esta manipulación que abunda en la intención de los del "no a la guerra" de decir que allí no estamos en guerra sino en misión humanitaria. Es la primera vez que no acudiré a una llamada de la AVT. Creo que han perdido el norte al cometer este error que les traerá consecuencias impredecibles. Por este camino acabarán manifestándose para protestar por los fallecidos en accidentes de tráfico.

Los que están en misión humanitaria son las ONG o quienes intentan reconstruir el país; nuestras tropas están para protegerlos del riesgo que conlleva intentar llevarlo a cabo en un país en guerra contra el terrorismo talibán islamista. Pero como se dice que no hay guerra, no se les dota de los medios necesarios para una guerra. Ni siquiera se les permite atacar al enemigo si no es en acción de defensa.

El carro blindado en donde han muerto nuestros militares está en la prehistoria comparado con los que tienen otras tropas aliadas, cuyos conciudadanos les dotan de los mejores medios porque saben que están en guerra. Los nuestros no tienen siquiera los suficientes efectivos para garantizar su propia seguridad. Y aquí se sigue presentando de forma idílica su misión allí, como si nuestro ejército fuera una ONG. No se va a alfabetizar a niños con fusiles automáticos. Ni tampoco se va a limpiar campos de minas con salchichón para bocadillos.

Es absolutamente increíble como esta gran mentira tiene eco en todos los medios. Incluso en los que no son proclives al zapaterismo pacifista. Tan sólo hay un caso que se escapa porque es el único medio que tiene una corresponsal fija allí. Claro que el gobierno no la autoriza a hablar con las tropas, ni con los oficiales, ni siquiera a visitar las instalaciones en donde están acuarteladas nuestras tropas. Pero al menos observa el acoso al que están sometidas y el estado de guerra en el que viven.