viernes, 20 de febrero de 2009

La mafia del poder

El juez filtrador y el ministro furtivo.

El que continúen las filtraciones diarias del sumario abierto por Garzón, supuestamente secreto, hacia el grupo Prisa es, al margen de los hechos a los que se refieran, un atentado contra el principio democrático de la presunción de inocencia y la democracia en sí misma. La utilización de las Instituciones con fines partidistas y de forma impune es propio de una república bananera, así que no es de extrañar el apoyo que el PSOE presta al aprendiz de dictador venezolano y contra la libertad de opinión de un diputado europeo. Tampoco es de extrañar que estos mismos no sólo no apoyen a la oposición democrática cubana, sino que hasta salgan a manifestarse a favor de la dictadura.

El que unos medios de comunicación, todos propiedad de la misma empresa afín al PSOE, lleven ya más de un mes sacando en portada temas contra la oposición para tapar, no sólo el desgobierno, sino los ruinosos resultados de unos actos del Gobierno, es absolutamente impropio de una democracia y de una prensa civilizada. Esto cada vez recuerda más al franquismo, y no solo por lo de las cacerías.

El hecho de que un heredero de franquistas se dedique a dárselas de todo lo contrario y a engañar presentándose como luchador contra el franquismo, es algo ya bastante común entre estos progres, pero el que se haga desde la atalaya del Ministerio de Justicia ya no lo es tanto. El Ministro Bermejo parece haber heredado algo más que la afición franquista a las reuniones político-cinegéticas y al uso del patrimonio nacional como si fuera de su propiedad, pues su prepotencia e impunidad es muy propio de aquellos próceres de la patria que acompañaban al Caudillo en sus cacerías, llevadas a cabo en fincas en donde se podía cazar todos los días sólo si eras uno de sus acompañantes, pues para el resto prevalecía la prohibición de cazar en dichos cortijos de propiedad pública y de disfrute privado de la casta dictatorial.

A los progres de siempre y periodistas del pesebre no les duelen prendas para hacerse los escandalizados por lo que consideran, sin pruebas, una corrupción en el PP, mientras no consideran importante el hecho mucho más grave de que la Justicia y las Instituciones se usen de forma partidista. La corrupción hay que combatirla en cualquier caso, no sólo en los que parezca afectar a la oposición; y mucho menos cuando hay elecciones. Los sonadísimos casos de detenciones delante de las cámaras, grilletes incluidos, y que luego han quedado en nada, no han sido inocuos para los afectados, pues estos han sufrido una condena mediática y un perjuicio gravísimo a su honorabilidad. No es de recibo que en un Estado de Derecho ese tipo de actuaciones judiciales y policiales queden impunes.

Y lo que resulta a todas luces chocante es ver a quienes pertenecen a un partido condenado por financiación ilegal -caso Filesa- y con varios altos cargos en la cárcel por corrupción, acusando como histéricos a otros antes siquiera de ser imputados. Como chocante resulta que en un Parlamento democrático se aplauda y jalee a quien actúa tal que franquista bajo el anterior régimen, además de evidenciar unos usos escasamente democráticos -por no tacharlo directamente de antiedemocráticos-, como lo son las antedichas reuniones y cena entre juez, Ministro, fiscal y policía encargado de las investigaciones.

Pero lo que ya evidencia la falta de cualquier resquicio de sentido común es que se esté constantemente hablando del contenido de las filtraciones y no del gravísimo hecho de que éstas se produzcan y vayan siempre a los mismos medios de comunicación para crear un juicio paralelo que más recuerda un linchamiento.

Investigación judicial sí, pero judicial; o sea, con garantías jurídicas, procesales y respeto a la presunción de inocencia. E investigación para todos los casos en los que se presuma corrupción; y todos son todos, no sólo los que apuntan en una dirección y menos aún en periodo electoral. Y si se quiere realizar también una investigación política, que se haga, pero en absoluto mezclar ambas. No es garantía alguna el que un juez metido en política juzgue a partidos políticos, y menos si son opuestos a su opción. Ya se quejaban de ello cuando arremetió contra aquel PSOE que no le encumbró a donde ambicionaba; no es normal aplaudirle ahora cuando ya es amigo y el ataque conviene porque es al oponente.

El asunto del Ministro Bermejo, aún siendo grave, es coyuntural; pero lo del daño que este juez y sus actuaciones produce a la Justicia puede ser tan irreversible como el que su falta de rigor instructor produce en quienes son objeto de su señalamiento. Lo de aferrarse al caso, sabiendo ya que tiene que inhibirse, ya es de escándalo, pues demuestra un interés que nada tiene que ver con la resolución del mismo, ya que no tiene competencia para ello. Está cada vez más claro que su interés no es la resolución del caso, sino que el mismo esté ocupando la primera plana hasta que se celebren las elecciones.

Ya apunté en su momento que creía que esta verdadera trama contra la oposición querían haberla llevado a cabo justo antes de las europeas, para obligar a que el PP se desarbolara y tuviera que adelantar un congreso, momento que posiblemente se aprovecharía para convocar elecciones generales que permitieran a Zapatero reclamar el voto para una mayoría absoluta en nombre de la salida de la crisis. Lo que nos llevaría a esos próximos veinte años de gobierno del PSOE que se dice era la excusa de Garzón para celebrar aquella sonada cena. Al haberse adelantado, lo que se intenta ahora es hacer el mayor año posible. ¿Recuerdan aquello de Zapatero diciendo que Madrid había que ganarlo como sea? Pues ya ven.