viernes, 6 de febrero de 2009

La paciencia.

Es la paciencia de los ciudadanos la que puede acabarse.

Tras la intervención televisada del Ministro de Industria -ahora se ha desdicho de lo dicho- en la que decía que al Gobierno se le estaba acabando la paciencia con los bancos, se habla de la paciencia y de la impaciencia. Pepiño Blanco corrió a decir lo contrario de Sebastián diciendo que el Gobierno tiene una paciencia infinita., claro que Pepiño habla en nombre del gobierno sin ser del Gobierno, pero es el sentido de propiedad partidista que existe en España sobre lo que es un Gobierno. Aquí la idea es que el Gobierno lo es del partido que lo forma, no de todos los españoles; y así nos va.

El caso es que se habla de la paciencia, la misma que ya se nos está acabando a todos por ver el circo, el cinismo, las mentiras y la manipulación de los políticos, así como su total falta de efectividad a la hora de resolver problemas, acompañada de su tremenda efectividad a la hora de crearlos. Pues para empezar, va Leire Pajín, Secretaria de Organización del PSOE, y dice que lo dicho por Blanco y por Sebastián es la misma cosa. Y, por enésima vez después de soltar un dislate, se queda tan fresca. Así que decir que al gobierno se le está acabando la paciencia es lo mismo que decir que tiene paciencia infinita. Entonces no es de extrtañar que crean que la falta de liquidez del Estado es lo mismo que el que nos sobre el dinero.

Nos encontramos con una parte de la prensa dedicada a la acusación y descalificación sin pruebas -de la que no se apean a pesar de desdecirse ante la justicia- a base de mentiras evidentes y con unas nada transparentes intenciones, que evidencia un total desprecio por la ética profesional y por la más elemental deontología, en aras de conseguir favores económicos de los enemigos de a quienes intentan descalificar. Tenemos a un partido que se enfrasca en luchas intestinas derivadas de ese ruido mediático y abandona su obligación en las Instituciones, hasta el punto de que la oposición en España brilla por su ausencia.

Nos encontramos también con una cada vez mayor división en la sociedad que produce un enfrentamiento sectario cada vez más acusado y en todos los órdenes. Y con una politización sectaria tal que hace anteponer el sectarismo partidista incluso en sectores profesionales que saben, o debieran saber, perfectamente qué es cierto o no, pero que lo obvian en función de su inclinación, o de quienes sean los que les paguen de una forma u otra. Se producen enfrentamientos personales que llegan a límites de lo más patéticamente vergonzoso que se haya visto, como el último caso del famoso vídeo de Wyoming para pegársela a un competidor, asunto en el que ambos quedan en evidencia y que no beneficia más que al aumento de audiencias debido al morbo.

Paciencia es la que nos hace falta cuando vemos que hoy el Consejo de ministros autoriza más de 81 millones de euros para los partidos políticos, en concepto de subvención que pagamos de nuestros bolsillos. Pero además, habría que exigir información, que no tenemos, sobre los créditos a los partidos, de las condonaciones de los mismos, facilidades varias a modo de favor para su devolución, así como de si los están pagando o no. Los demás no tenemos esos tratos de favor. Ni tampoco podemos aplazar nuestros pagos a la Administración, mientras ésta está ahogando a buena parte de las empresas al atrasar sus pagos a las mismas, provocando con ello un aumento del paro. Ya se había aprobado hace pocos días una ayuda de 75 millones para el cine español, para los artistas de la ceja, no vaya a ser que artistas cejeros y políticos todos se vean afectados por la crisis como el resto de los mortales. Pero eso sí, se salvan de ella con nuestro dinero, el mismo que nos hace falta para sobrevivir a dicha crisis.

Nos enteramos también de que dos ex altos cargos socialistas que votaron la candidatura del gallardonista Blesa a la presidencia de Caja Madrid, han obtenio jugosísimos créditos de dicha entidad. Uno de ellos parece que incluso de un millón de euros. Ya se sabe que en el caso de Pinto el acuerdo, por el que el sinvergüenza del concejal que cambió de bando para quitar al anterior alcalde, incluía una cláusula por la que había que nombrar a su mujer gerente de una empresas municipal. Y así se ha hecho con toda impunidad. El caso está en los tribunales.

Paciencia es la que hay que tener en un país en el que es noticia que la bandera de dicho país ondee en una Institución estatal. Pero es el caso de lo que ocurre en la fachada del Parlamento vasco, donde ha hecho falta una sentencia del Supremo para que ondee la bandera de España tras veintitantos años sin que lo hiciera. Y más paciencia hace falta para soportar que el líder de un partido político que gobierna en una parte de España diga, refiriéndose a este asunto, que su partido está harto de cumplir la ley. Y que hable de que la legalidad no puede estar por encima de los sentimientos. Este pobre indigente intelectual podría llegar por esa línea argumental a justificar el que alguien se tome la justicia por su mano contra sus amigos los asesinos etarras, si considerase que sus sentimiento de venganza estuvieran por encima de la legalidad. Así que mejor que piense antes de hablar, aunque no parece muy propio de los nacionalistas eso de pensar.

Paciencia es la que hay que tener para seguir oyendo como a esta gente, que no quiere a España y pretende romperla, se le llama nacionalismo democrático, tan sólo porque no son ellos los que llevan las pistolas; pero viven de los españoles intentando por todos los medios sustraer a los españoles parte de España. De democrático no tiene nada quien no ha acatado la legalidad durante más de veinte años, y sigue negando que sea lícita la ley que nos define a los españoles como depositarios de la soberanía. Y nada democrático es imponer a los niños un idioma inventado, con el único objetivo de crear artificialmente una diferencia basada en el idioma, que el día de mañana puedan enarbolar como argumento para una independencia basada en la diferencia.

Paciencia es la que hay que tener con quien habla de transparencia, austeridad y rigor, mientras se niega a dar explicaciones de como dispendia en lujos el dinero de todos, hasta el punto de que el último de sus cuatro coches oficiales ha costado 155.000 euros -más de veintiséis millones de pesetas- más que el coche del Presidente de EEUU. Aún más paciencia hay que tener cuando hoy mismo, la Vicepresidenta sale en defensa de éste nuevo rico con nuestro dinero diciendo que es austero. ¿Así como se va a salir de la crisis, si niegan la evidencia y por tanto no la van a corregir? Y con esto último despido mi reflexión de hoy, redactada con mucha paciencia.

Transparencia, austeridad y rigor.., a la gallega: