jueves, 5 de marzo de 2009

17 portadas y tres avisos.

La Fiscalía vuelve a decir a Garzón que se inhiba a favor de los tribunales superiores de Madrid y Valencia.

Y además, aclara que no hay indicios de que algún aforado del PP esté implicado en el asunto en el que tanto Garzón como Prisa, además del PSOE, se han empeñado en implicarles en un juicio paralelo. Pero esto es un indicio más de que la propia Fiscalía Anticorrupción está en la misma partida de caza de la que ya ha caído uno de sus protagonistas al salirle el tiro por la culata.

No de otro modo se puede entender el que dicha Fiscalía se negara a dar contestación a lo que Garzón pedía, alegando que no era oportuno hacerlo antes de las elecciones, pues el juez ya se había encargado -con la ayuda inestimable de El País- de señalar a dos aforados y altos responsables del PP, por el inaudito método de descartar el nombre de uno de ellos de la lista publicada por sus compinches. El mismo método en sí mismo es algo absolutamente irregular, pues los jueces deben hablar a través de sus autos, no con declaraciones a través de los servicios de prensa de la Audiencia. La Fiscalía en este caso debería de haber hecho público antes de las elecciones lo que hoy le dice a Garzón, y dejar limpio el nombre de esos altos cargos y del PP en pleno.

Si hay corruptos, que paguen. Pero no es aceptable ni permisible el que el secreto de un sumario sea roto todos los días, para dar pábulo a las manipulaciones interesadas de unos medios de comunicación, contra un partido del que son adversarios declarados, para que otro partido tenga carnaza electoralista. No se puede aceptar que en un Estado de Derecho se produzca esta indefensión y este ataque al principio constitucional de la presunción de inocencia. Alguien tiene que responder de esto.

Por grave que pueda ser el que un delincuente pueda quedar impune, mucho más grave es el hecho de que la Justicia actúa injustamente, y hasta ilegalmente. Muchísimo más grave. Aunque eso no quita en absoluto el que se deba de llegar hasta el final en la investigación de posibles delitos; pero con la ley en la mano y sin indefensión para el presunto culpable. Y lo que es imperdonable es que alguien se le mantenga en prisión y se le tome declaración sin que sepa de qué se le acusa.

Pero es que, además, ese tipo de actuaciones de un juez puede dar al traste con toda una causa y dejar un sumario en nada; precisamente porque un testigo tiene la obligación de decir la verdad, mientras que un imputado puede mentir en su defensa. El responsable de que un sumario secreto siga siéndolo, es el juez que lo instruye. Y por ello, cabe hacerse algunas preguntas.

¿Alguien responsabilizará a Garzón por esto? ¿Qué tipo de informaciones y dossieres tiene este juez, y sobre quienes, para actuar con la impunidad con la que lo hace?¿Alguien pedirá responsabilidades a unos medios de comunicación que han dedicado diecisiete portadas a intentar desacreditar a un partido democrático entero? ¿No resulta curiosos que las filtraciones hayan cesado al tiempo que la campaña electoral?

En el PSOE se mantiene el empecinamiento en que lo grave es que haya corrupción en el PP, cuando de los veintisiete presuntos imputados no hay más que tres imputados hoy. El resto está en libertad sin medidas cautelares. Lo grave sería que hubiera corrupción, pero es que no hay esa tal corrupción hoy por hoy, lo que hay es posiblemente otro tipo de corrupción: la que denota las conductas del juez; de los que han filtrado un sumario secreto; de los medios que han estado en esa causa general contra todo un partido; de quienes han usado de forma torticera ese asunto para dañar la imagen de dicho partido ante unas elecciones; del responsable o responsable de las informaciones e investigaciones policiales filtradas a los amigotes; y de la mismísima Fiscalía. Esto sí que es lo grave.

Si luego se descubre otros asuntos graves, entonces se hablará de ellos, pero lo grave hasta ahora es lo anteriormente expuesto. Como grave es el que la Fiscalía actúe con un celo increíble en los casos que afectan a un partido, mientras brilla por su ausencia si a l partido al que afectan es otro. Y el que el juez que está en el meollo del asunto, se proponga para la Presidencia de la Audiencia Nacional, parece el remate de tanto despropósito.