jueves, 19 de marzo de 2009

Ausencia obligada.

¿Saldremos de ésta sin una revolución democrática?

Antes de nada pido disculpas por este paréntesis de una semana sin escribir en mi blog. Vivencias personales, unas trágicas y otras altamente vivificantes, me han tenido volcado en otros menesteres. Además, por fin me he puesto en la tarea de dejar que los médicos me intenten recomponer algunas goteras. Pero un blog sin actualizar es un blog muerto, y no voy a dejar en absoluto morir éste. Así que aquí estoy.

He dedicado un buen rato a informarme de los asuntos de actualidad y lo que hay por doquier no hace más que afianzarme en lo que llevo diciendo desde hace tiempo: padecemos una crisis de democracia aún más grave que la económica. Hace tiempo comenté que la tan jaleada solvencia de nuestro sistema financiero no era tal. Apunté sobre todo a las Cajas de Ahorro, y no parece que errara por mucho. Yo diría que dí en el blanco y ya empieza a vérsele las orejas al lobo.

El resto de los países ya pasaron por el proceso de reajuste de sus entidades financieras, con cierres y quiebras de las que por problemas de gestión habían perdido solvencia, dinero y credibilidad. No se han dedicado a inyectar dinero público para salvar lo insalvable y, mucho menos, a intentar tapar la mala gestión y la concesión indebida de créditos a sus amiguetes. En España, el Ministro de Hacienda se está pensando usar la mitad del Fondo de Garantía de Depósitos en intentar tapar lo que sus correligionarios han perpetrado en Caja Castilla La Mancha, entidad que en otro país ya hubiera quebrado, con el cuento de ayudar al proceso de fusión. Esas fusiones son la mejor manera que se ha inventado para tapar errores de gestión y tratos de favor a quienes, por único aval, aportan una supuesta lealtad y alineación ideológica.

Y hablando de tiros, blancos y errores de puntería, el que Garzón siga empeñado en su intento de imputar al PP por corrupción, no es otra cosa que la consecuencia de aquellas cacerías de las que el PSOE no quiere que se investigue en el Congreso. Lo que ya es bochornoso es la constante filtración de investigaciones policiales que ya parecen llegar antes a el diario El País que a los propios jueces. Garzón ya se inhibió a favor de otros Tribunales, pero su inhibición no parece existir más que en el limbo, pues día sí y día también intenta seguir con el asunto. Ya ha quedado fuera de juego para conseguir su deseo de presidir la Audiencia Nacional, pero no cejará en su empeño de estar en los medios para que su caché no decaiga. Si existe corrupción, que se investigue; pero que se haga con todas las garantías que un Estado de Derecho ofrece a las personas.

Nuestro déficit democrático cada vez se evidencia más. En el País Vasco ya se ve claramente como el llamado nacionalismo democrático es cualquier cosa menos democrático. En Cataluña se sigue evidenciando que el nacional socialismo tampoco tiene a la democracia entre sus virtudes, y se está comprobando estos días precisamente en lo que conforma una sociedad democrática: en la educación. De momento a los educandos les imparten leña en vez de conocimientos y principios democráticos; aunque, eso sí, se insiste en formarles el espíritu nacional; catalán, claro.

Y mientras, se insiste en que se hable de trajes y falsos sastres, al tiempo que se genera una nueva división social removiendo el asunto del aborto con un nuevo proyecto legislativo que jamás saldrá adelante -excepto si se impone la disciplina de voto partitocrática-, pero que cumple con lo que se pretende: desviar la atención del caos económico del que no saben como sacarnos, mientras esperan que se produzca el milagro de que la recuperación mundial nos ayude. Claro que olvidan que no sólo padecemos la crisis financiera internacional, por más que hasta el premio Nobel que invitaron haya augurado los peores presagios apuntando a las carencias de soluciones. Aunque, eso sí, Zapatero corrió a responder que estaba de acuerdo en que había que abordar medidas de reformas estructurales y que por eso... ¡su Gobierno las había acometido!

Si quienes tienen que corregir un problema, no sólo son incapaces de diagnosticarlo, sino que mienten sobre las medidas que toman, no saldremos de ésta bien parados. Y a lo mejor ni salimos.