jueves, 26 de marzo de 2009

Huida hacia adelante.

Zapatero se queda solo ante el desaguisado de Kosovo.

Ayer en el Parlamento todos los grupos se mostraron en desacuerdo con la actuación del Gobierno en este asunto. Hasta el punto de que Chacón llegó a quejarse pues, según ella, el "incidente" ya está solucionado con nuestros aliados; por lo que va y suelta un "... y aquí, seguimos y seguimos". Ya hace falta caradura cuando el propio Presidente "sigue y sigue" con el cuento de la guerra de Irak, y además cuando lo que dice es sencillamente mentira. Y es mentira porque nosotros no fuimos a la guerra de Irak. Lo que se hizo fue apoyar políticamente aquella intervención, junto con la mayoría de países, incluidos muchos países árabes. Cuando acabó dicha guerra fue cuando enviamos nuestros soldados a apoyar la reconstrucción y pacificación del país. Junto a otro sesenta y tres (63) países nada menos. Zapatero prometió en campaña que retiraría las tropas si en junio no había una resolución de la ONU avalando dicha presencia. Sin esperarlo, ganó las elecciones, y ante la certeza evidente de que dicha resolución se iba a producir -de hecho se produjo- se apresuró a sacar a nuestros soldados antes de ello. Eso es lo que pasó por mucho que las mentiras y propaganda hayan querido presentar otra cosa.

En la única guerra de Irak en la que participamos fue en la primera, con Bush padre, bajo el gobierno socialista de Felipe González. Hay que recordar que entonces se enviaron soldados de reemplazo, no profesionales; personas normales que estaban cumpliendo el servicio militar obligatorio. Habría que recordarle a Zapatero cuando sale con su eterna cantinela contra Aznar, que fue precisamente un gobierno de Aznar el que abolió dicho servicio militar obligatorio. Lo raro es que el PP no lo haga cada vez que el Presidente sale con sus reiterativas mentiras sobre el asunto.

A pesar del cuento publicitario del pacifismo de Zapatero, es bajo su mandato cuando más soldados españoles participan en operaciones exteriores. Claro que lo viste bajo el disfraz de operaciones de paz, pero el hecho es que nuestras tropas están en países en donde aún hay guerra. El propio Obama califica de guerra la situación en Afganistán, y allí estamos con nuestros soldados. Y de forma precaria, parapetados tras los soldados americanos, ya que el número de efectivos que allí tenemos es insuficiente incluso para garantizar su propia seguridad. Y con la vergüenza añadida de que cuando nuestros soldados son abatidos se le echan las culpas a ellos mismos, al aire o a acciones terroristas aisladas, cuando el hecho real es que hay una guerra.

El que el Presidente ayer, en el calor del debate, hiciera una mención cuanto menos despectiva a la intervención en Perejil, es imperdonable. Yo me he sentido insultado por lo que me toca, pero es que además nos ha insultado a todos los españoles. Y lo ha hecho porque aquello se produjo para defender la integridad territorial que fue violada por el ejército marroquí. Cuando Rajoy le recordó que eso fue lo que pasó, Zapatero recogió velas -de forma realmente hábil, lo reconozco- para hacer ver que no criticaba la acción en sí misma, sino la política exterior que permitió que se produjera la invasión. Pero el objetivo de cara a los ignorantes sectarios que no ven más que el efecto publicitario de las palabras iniciales, ya estaba conseguido. Aquella acción fue un perfecto ejemplo de intervención rápida, efectiva e incruenta, de nuestras fuerzas especiales. Y además de como español, tengo motivos personales para sentirme orgulloso de aquello, por lo que ese uso que ha hecho Zapatero de un hecho en el que se pusieron en riesgo muchas vidas, no es otra cosa que un insulto. Como fue un insulto a nuestro ejército la forma de sacarlo de Irak, donde tuvieron que soportar la mofa despectiva de la despedida que le dieron los aliados italianos, con cacareos y lanzamiento de plumas incluidos.

Este desprecio no casa con el cuento imposible de Chacón cuando dice que quiso que los soldados fueran los primeros en enterarse, demostrando que no tiene ni idea de como debe de funcionar un ejército. Los soldados reciben órdenes, no comunicados de intenciones políticas.

Hoy, quien lea el editorial de El País, podrá sacar la impresión de que es un diario afín a la oposición, pues toda la editorial es una dura crítica al Presidente, a la descoordinación del Gobierno, a la creciente deriva presidencialista, a la forma en que se ha producido el anuncio y a la propia intervención de ayer en el Parlamento. No creo que sea un cambio en la línea del periódico, ni siquiera un punto de inflexión en su línea de apoyo a Zapatero, pero sí es un síntoma y un aviso a navegantes sin rumbo.