viernes, 22 de mayo de 2009

La muerte del sistema.

La política por encima de la Justicia.

El Tribunal Constitucional anula la sentencia del Tribunal Supremo sobre la candidatura del partido proetarra Iniciativa Internacionalista. Otra vez estarán los proetarras en las Instituciones, y además, en contra de la Justicia. El que la Justicia está politizada es un hecho y puede ser circunstancial y corregible, pero el que exista un tribunal político que esté por encima del máximo Tribunal de Justicia ya certifica la muerte de un sistema democrático basado en la división de poderes. Y aquí eso pasa institucionalmente, no circunstancialmente.

Se podría pensar que el Gobierno está detrás de esta decisión, en tanto que tiene la mayoría de los "jueces" del Tribunal Constitucional -lo entrecomillo porque los miembros de dicho tribunal no tienen por qué ser jueces, según la ley-, pero cabe pensar también que el engendro ya anda por sí solo y se les escapa de las manos. Lo curioso es la prisa que se da este Tribunal para aceptar que los etarras se presenten a las elecciones en contra del criterio de la Justicia, mientras tiene arrinconadas decisiones que sí son políticas y afectan a la política hasta el extremo de hacer cambiar las reglas de juego democráticas.

El Tribunal Constitucional se podría pronunciar sobre la constitucionalidad o no de la ley en la que el Supremo se basa para su decisión, pero no en la decisión misma, pues es una decisión -se supone- basada en principios jurídicos y no políticos. El que decida sobre una sentencia del máximo tribunal de justicia y lo haga en clave política -recordemos que es un tribunal político, aparte del organigrama judicial- ya se carga el sistema. La Justicia se pronuncia y la política la desautoriza, es decir, le quita la autoridad.

Si alguien tenía alguna duda, aquí tiene la aclaración. Un Estado que permite que un tribunal político esté por encima del máximo -¿no es el Supremo?- tribunal de justicia es un Estado que se aleja del concepto de Estado de Derecho. Eso sólo pasa en los regímenes totalitarios y en las dictaduras, en donde todo está sometido al poder político. Como aquí.