jueves, 4 de junio de 2009

Capullos rojos.

Unos datos maquillados.

Ya es casualidad, pero resulta que, tanto en las elecciones de marzo de 2008 como en las de ahora, decrece el paro justo unos días antes de ir a votar. ¿Coincidencia? No lo creo, sobre todo porque ya en la vez anterior se comprobó que no era más que un espejismo provocado por la desestacionalización del dato. Es decir, es normal que en abril, mayo y junio se produzca un aumento de la contratación temporal de cara al verano, sobre todo en el sector turístico. Ahora habría que sumar también el efecto de los 8.000 millones del Plan E, que a un coste desorbitado ha creado trabajos temporales mientras duran las obras que se supone se realizan con esos fondos. Este último caso es meramente coyuntural y todos esos empleos -muchísimos menos que los anunciados por Zapatero en su día- desaparecerán al mismo tiempo que las vallas de las obras, aunque supongo que los carteles publicitarios permanecerán.

Según analistas internacionales que hasta ahora han acertado infinitamente más que este Gobierno de ineptos que padecemos, el paro desestacionalizado ronda las 100.000 personas más. Pero no es cuestión de cifras, es cuestión de intenciones. Y la intención del gobierno es la de engañar, la de mentir, la de presentar un espejismo como si fuera una realidad. La cursilería de los brotes verdes -mala traducción del inglés, precisamente por su literalidad- ya es de coña marinera. Más que brotes verdes son capullos rojos. Claro que están ideados para capullos que se creen cualquier cosa si viene de su histórico líder planetario. ¡Desde el infinito y más allá!.. (Lo siento, se me escapó).

Estos datos presuntamente positivos normalmente son reversibles al llegar el otoño. En Septiembre veremos el panorama mucho más negro aún que ahora. ¿Recuerdan lo que pasó el año pasado? Nos fuimos de vacaciones con el cuento de la esperanza del fin de la crisis, y ya ven.

Si el Gobierno hiciera el mismo esfuerzo para tomar medidas coyunturales que el que hace para montar mentiras que tapen la realidad, entonces habría alguna esperanza. Pero no es el caso. Y los sindicatos tampoco presionan para ello. Están a lo suyo, a mantener sus prebendas y pagarlas atacando a la oposición allí donde gobierne localmente. Son un brazo político de quien les paga, en este caso Zapatero, y en absoluto representan a unos trabajadores que no cotizan ni se afilian a semejantes engendros. No representan a nadie más que a sí mismos, pero se financian con el dinero de todos para beneficiar a unos pocos.

El hecho de que aún exista una amplísima base electoral que seguirá votando a PSOE explica la anterior incongruencia. La sociedad está enferma de cataratas y se arrima a quienes no hacen otra cosa que encender bombillas de feria en vez de acometer la operación que la cure.