lunes, 22 de junio de 2009

... ¡y las viudas a callar!



Desde el PNV quisieran enmudecer a las viudas de los asesinados por ETA.

Y es que les molesta que hablen contra ETA. Tal parece que si lo hacen, si dicen verdades como puños, si se les ocurre decir que los etarras no son políticos sino asesinos, si exigen que por lo tanto no se subvencione a sus familias, entonces es que están dopadas. Según el PNV hasta debieran de estar agradecidas a ETA por no haberlas matado también junto a sus maridos.

La miseria de estos hijos de puta no tiene límites y es pareja a la de aquellos que, como Sastre, hasta usan de la amenaza y acusan de fascistas a quienes piden que ETA desaparezca, mientras no tienen una palabra de condena hacia quienes desprecian la vida de los demás. Pero al menos, Sastre, como los propios asesinos, no engaña a nadie. El PNV sin embargo va disfrazado de cordero, se disfraza de demócrata cuando en la realidad no son otra cosa que más que de lo mismo. El PNV dice estar contra los violentos, pero en definitiva los subvenciona y apoya. Y propugna que sean considerados políticos y estén en las instituciones.

Y llegan hasta tal punto de miseria y cobardía que se ocultan para pedir que no se permita a las viudas hablar. Poco menos que se jodan con su dolor y que no molesten a los asesinos. Y que no se les ocurra decir algo más que eso de que "no tienen odio", o lo de que "ojalá ya no maten más", cuando no que pidan a la ETA por favor que sean buenos. Menuda panda de hipócritas y degenerados inmorales. Tanto como los propios asesinos, pues gracias a ellos, la ETA perdura durante cuarenta años.

Y el PSOE, mucho hablar, mucho discurso diciendo lo que todos queremos oír, pero al final votando junto a los etarras en Pamplona. El PSE se libró de Nicolás Redondo al igual que el PP lo hizo con María San Gil. Ahora mucho de boquilla, pero todo quedará en eso sin hechos. Porque me temo que de hechos, nada. O sí, pero contrarios a lo que dicen cuando hay sangre caliente. Miserables.

Mi más sentido pésame a la familia de Eduardo Puelles, mi total apoyo a lo que diga su viuda, y mi desprecio más absoluto hacia quienes preferirían verla callada.