martes, 29 de marzo de 2011

El Reino de la Mentira

Miente sin parar, siempre hay alguien que quiere creerlo

Ese parece ser el lema  de Rubalcaba. El mismo que hoy es Ministro de Interior es el mismo que decía que lo del GAL era una invención periodística. Fue quien dijo que se había verificado la tregua de ETA mientras ésta seguía robando armas. Es el mismo que dijo que no continuaba con la extorsión a los empresarios, mientras estos enseñaban las cartas que les seguían llegando. Es el mismo que dijo que ya no se negociaba más con los terroristas; luego, hasta Zapatero reconoció que se siguió haciendo.

Es el mismo que negaba que hubiera crisis, secundando a su jefe de filas. Y es el mismo que utilizó el atentado del 11M para sacar tajada política con aquello de que "España no se merece un Gobierno que miente", al tiempo que decía que "ETA nunca miente", precisamente para apoyar que esos degenerados no estaban implicados en el mayor atentado de Europa y presentar al Gobierno de entonces como mentiroso por haber creído -como todo el mundo entonces- que la banda era la autora del atentado. Claro que él tenía más información que el Gobierno, gracias a unas lealtades equívocas en ciertos cargos policiales que el cándido y acomplejado PP no quiso depurar en su día.

Y son los mismos que apoyaban eso de que "ETA no miente" los que ahora critican a quienes prestan oídos a las actas de la negociación, incautadas al etarra Thierry, que ahora ven la luz. Esas actas no hacen más que confirmar lo que son hechos contrastados y repetidos por muchos desde hace tiempo. No hacen más que apoyar lo que Mayor Oreja lleva diciendo sin descanso y sin eco ni apoyo en su partido.

ETA miente, claro; pero miente cuando intenta engañarnos a los demás, a los gobiernos, a la sociedad, a los jueces... No lo hace cuando informa a su propia organización. No lo hace en sus documentos internos. Los mismos documentos que han permitido -gracias a su veracidad y a la fiabilidad que les dan los propios investigadores- la desarticulación y detención de numerosos comandos y asesinos. Cuando el Gobierno no lo ha impedido, claro.

Porque resulta que este gobierno impidió que se llevara a cabo una operación contra el aparato de recaudación de la banda. Y lo hizo para no cargarse la negociación política que mantenía con el PNV, y con la ETA, claro. Y que mantiene aún, según todos los indicios. Los mismos que dicen que no se negocia con los terroristas son los que se niegan a derogar la autorización parlamentaria que lo permite.

No hace demasiado tiempo me preguntaba, en uno de mis escritos, por lo que este Gobierno le debe a ETA. Y me lo preguntaba por su actitud con la banda. Por su desmesurado interés en ni siquiera investigar su participación o no en el atentado del 11M. Por su trato de favor a los etarras detenidos. Por seguir permitiendo que ETA continúe en más de cuarenta municipios. Por insistir en que "lo bueno" es que se les legalice y cobren de nuestro dinero. En definitiva, por aceptar que la solución no pasa por la derrota de la banda, sino por integrar a sus componentes y aceptar sus tesis políticas como una alternativa democrática más.

Es el problema de no respetar la democracia. Y estos que así piensan y actúan, no sólo no la respetan sino que ni la aceptan. No es respetar la democracia el descalificar a quienes intentan saber la verdad con la cantinela de ser de "extrema derecha". Aunque ni siquiera les hace falta eso, pues en su machacona y permanente propaganda, la derecha está descalificada como demócrata. Así, sin más. Según ellos, los demócratas son tan sólo los que están de acuerdo con ellos o son de izquierdas. Incluyendo al entorno etarra, claro.

Con ese concepto de democracia no es de extrañar que se carguen la división de poderes. Ni que antepongan el fin a los medios. Ni que cambien el significado de las palabras para ocultar que hacen lo contrario de lo que dicen. No es de extrañar que su "no a la guerra" les permita meternos en más guerras. No tienen más que llamarlas de otra forma.

Lo que sí es extraño es que los españoles traguemos con todo sin rechistar, siempre y cuando ese todo lo haga la izquierda. O lo que estos manipuladores llaman izquierda para seguir viviendo como aristócratas. Sindicatos incluídos.

Aquí se usa la palabra democracia para legitimar todo lo que esta mal llamada izquierda haga y para descalificar a todo el que no se declare de izquierdas. Y los españoles lo aceptamos. Y hasta quienes no se declaran de izquierdas, huyen de ser tachados de pertenecer a la derecha. Ya es curioso, teniendo en cuenta que es la derecha la que, hasta el momento, más demostración ha hecho sobre su posicionamiento democrático. No olvidemos que gracias a ella tenemos esta democracia. O lo que iba para democracia, pues los partidos ya se han encargado de convertirla en partitocracia. O en cualquier cosa menos democracia.

Ni a la derecha se le puede tachar, a priori, de no democrática ni a la izquierda tampoco. Pero las que aquí padecemos cada vez se parecen menos a esos homólogos democráticos. Nuestra izquierda por totalitaria y mentirosa, nuestra derecha por partitócrata, acomplejada y acomodatacia. Así que o descubrimos y potenciamos a quienes sí creen de verdad en la democracia y en el sagrado principio de la división de poderes, o esto se va al garete. Por mucho que en el Reino de la Mentira a esto se le llama democracia

Por eso ahora, hasta las televisiones y radios privadas han aceptado que se les censure y obligue a perder su independencia con la nueva ley que se la reduce mientras estemos en campaña electoral. Ya han sometido a todos los poderes. Y en nombre de la democracia. Manda narices.