domingo, 29 de mayo de 2011

Día de las Fuerzas Armadas.

Crónica de un declive.

Ante todo, mi felicitación a los miembros de nuestro ejército y familias, entre las que me encuentro. Málaga estaba preciosa a la luz de ese estupendo sol que ha querido acompañar a la celebración. Una celebración pequeña, sin derroche, que la cosa no está para fastos. Seguro que se ha ganado mucho más con la publicidad en las retransmisiones televisivas que lo que ha costado el acto.

Un acto entrañable y correcto. Emotivo a veces, al menos para los que tenemos cercano al ejército y sus caídos. El ejército ha cumplido con lo que se espera de la institución más valorada por los españoles. Excepto por la ausencia del desfile. Día de las FFAA sin desfile, y como España: sin Presidente.

Y ahora, a lo que se ha visto entre bambalinas: La Ministra, como si no hubiera sufrido el desprecio y manipulación a la que la ha sometido su partido y el Presidente, ¡ausente!. Puede que Chacón no tuviera la cara de poema de estos días pasados por el triunfo de su querido Barça en la Champions, triunfo que demasiados de los seguidores de dicho equipo quieren hurtar a los españoles considerando que no es un equipo español. Será de Luanda.., puede.

En la tribuna no he visto a Leticia sino a un clon que me la recordaba. Tan parecida a ella misma como lo pueda ser una de las esculturas de cera de esos museos en los que, para reconocer a los personajes, tienes que mirar más a las etiquetas y vestiduras que a los maniquíes. El Príncipe con espléndida planta, marcialidad y enérgicos movimientos. La Reina, perfecta. Griñán, de cuerpo presente. Y el Rey... El Rey, con el mismo aspecto que España: decrépito y hecho unos zorros.

Esas lágrimas que se enjugaba al saludar a los familiares de los militares caídos en misiones de servicio, puede que sean preludio de otras si, al final, se nos caen los palos del sombrajo. Lágrimas por todos. Lágrimas que espero no recuerden las que le reprochaba la madre de aquel moro cuando las derramaba al rendir su reino.