sábado, 25 de junio de 2011

Estado de sitio

Bildu aumenta su poder.

Desde el Gobierno y la izquierda -o sea, los mismos que han propiciado el desaguisado- se plantea ahora que el aumento de poder de Bildu no es plato de su gusto. Puede que en la balanza de sus espectativas de votos hayan descubierto que el asunto les hace perder más de los que creían ganar. Son como quien le quita el bozal al perro de presa y luego se sorprende de que muerda. ¡Joder, que es un perro de presa! ¿Cómo no va a morder?

Si estaban de acuerdo en que se presentara a las elecciones, ¿cómo no pueden estarlo con que consigan resultados?

El periodista de izquierdas, Carlos Carnicero, escribe en su blog un post en el que parece lanzar un lamento desde una izquierda que no se reconoce en el caos en el que se ha sumido el zapaterismo, el PSOE y, en general, la izquierda oficial.

En respuesta a su valiente planteamiento sobre si la legalización de ETA ha tenido carácter jurídico o político, me permito exponer mi opinión desde aquí, no sin antes felicitarle por su implícita equiparación de Bildu con ETA.

La legalización de ETA no ha tenido carácter jurídico sino político: el Tribunal Constitucional es un tribunal político desde su propia concepción, no jurídico. Pero se ha saltado su condición para invadir las competencias del máximo órgano judicial: el Tribunal Supremo. Y lo ha hecho para legalizar a ETA.

Me da igual si lo que creían quienes así han manejado a los magistrados de su cuerda, era que, con Bildu en las instituciones, ETA se disolvería. Eso no es distinto a pensar que un ejército atacante deja de atacar cuando el atacado rinde plaza. Seguro que lo hará si ése era su objetivo, aunque no se disolverá mientras le queden objetivos que conquistar. Y hasta puede que no use sus armas, ya que su sola presencia disuade de presentar resistencia. Pues lo mismo.

ETA sigue existiendo y vigila. Precisamente porque sigue existiendo ha conseguido ganar ese objetivo. O eso o continuaba atentando. Por lo que no puede presentarse la ausencia de atentados como un mérito del que se rinde, sino como una victoria de quien mantiene la amenaza si no alcanza lo que pretende.

En cuanto a lo de esperar a ver que hace Bildu para actuar legalmente contra ella, no es garantía de nada después de que, sin esperar, el Estado se ha saltado una sentencia del Tribunal Supremo para legalizarla. No tardará el Supremo en decir que lo hecho por el Tribunal Constitucional es impecable; al tiempo. Y no hace falta ver hasta donde llegan las provocaciones de los etasunos sino hasta donde está llegando el incumplimiento de la legalidad. Bildu está haciendo precisamente lo que se sabía que iba a hacer el brazo político de ETA.

Y frente a eso, ¿qué garantías tenemos de la defensa de la legalidad? La Justicia ya ha demostrado su nula garantía al someterse al poder político. También carecemos de garantías de lo que van a hacer unos partidos que anteponen sus intereses a los generales y, con sus desacuerdos, regalan las Instituciones a los etarras. Y tampoco es garantía el propio Estado, cuyo Jefe permanece mudo ante estos atropellos.

Un Estado que permite que los verdugos gobiernen a las víctimas, no es un Estado de Derecho ni se basa en la Justicia. Por lo tanto, empieza a no ser merecedor de defensa. Ni el Estado, ni su Jefe. Por indignos.