viernes, 5 de agosto de 2011

Un poco de disimulo

No nos queda otra

Zapatero tiene que convocar elecciones ya. Eso de anunciar que las va a convocar no es de recibo ni lo que conviene en estos momentos. No podemos con una campaña de cuatro meses, además de que no es lo normal. Lo normal es convocar las elecciones disolviendo las Cortes y así no crear una especie de limbo institucional.

El problema es que aquí se antepone ante todo el interés partidista. Esto ha devenido en partitocracia. Y los partidos han pasado a ser un fin, en vez de un medio para encauzar ideas y alcanzar el poder para ponerlas en práctica. Nuestros partidos se han convertido en un fin en sí mismos y sus dirigentes en quienes deciden a quienes podemos votar o no. Aquí nadie responde ante los electores sino ante su partido. Ni tampoco ante la ley por gestiones que producen perjuicio y pérdidas.

Por eso a Zapatero le aprieta más el interés de su partido que el de España. Y por eso no tomará medidas necesarias pero impopulares. Y menos en campaña.

La oposición también está presa de sus intereses electorales y no propondrá ni desvelará las medidas que va a tener que tomar, pues serán usadas por sus rivales para asustar al electorado. Estos lo harán así también para defender sus intereses partidistas. Ninguno pensará en España, pues no es ante España ante quien rendirán cuentas, sino ante sus partidos.

Así las cosas, viene muy bien decir que esas medidas impopulares nos las imponen de afuera y que sin ellas nos iremos al garete. Pero la lógica de las cosas se rompe cuando uno de los contendientes electorales no se presenta para ganar, sino para perder por menos de lo que se espera. Por ello, no es de extrañar que use todo tipo de armas para presentar las medidas necesarias como un ataque al bienestar de los electores, en la certeza de que no serán ellos (su partido) quienes tendrán que poner en marcha dichas medidas.

Esto pervierte totalmente esta campaña, que se presanta mentirosa y falaz como pocas. Agravado además por el hecho de que quien está al frente de una de las candidaturas es un maestro consumado de la manipulación y el engaño. Esto, que en otras circunstancias entraría dentro del normal juego político, se convierte en peligroso en manos de quien sabe no se le pedirán responsabilidades sobre el posible daño al conjunto de los ciudadanos, pues su misión es minimizar el daño a su partido.

Pero con todo y con eso hay que forzar a que se tomen las medidas que menos dañen al conjunto. Y la primera de ellas es acortar el tiempo en la toma de decisiones. Si el Presidente actual está dispuesto a tomarlas ya, que las tome, y si no que convoque elecciones inmediatamente.

Comprendo que Zapatero está prisionero de Rubalcaba y no puede tomar medidas que perjudiquen su candidatura, pero con el arte que tienen ambos para el engaño, podrían tomar esas medidas y convocar elecciones, de forma que las consecuencias negativas de dichas medidas no se perciban por el electorado hasta después de dichas elecciones. A la oposición no le convendría tampoco destapar el juego.

Zapatero y Rubalcaba, o Zapalcaba y Rubatero, que tanto da, están a la espera de la ayuda de ETA y por eso han dilatado tanto las elecciones. Quieren presentarse como los que acabaron con ETA y en esa caso tendrán cogido a Rajoy por los mismísimos. De forma que tendrá que aplaudir llegado el caso. Otra cosa es que eso ya no cale en la intención de voto.

De momento a Rajoy se le ha encargado que disimule y lo ha hecho. Por no alertar más a los mercados sobre nuestras carencias. Veremos cual es la próxima jugada, pues el partido se acaba. Estamos en tiempo de descuento.