viernes, 23 de enero de 2015

Intervención íntegra de Aznar en la Convención Nacional del Partido Popular:


“Tal día como hoy hace 20 años yo estaba en San Sebastián enterrando a Gregorio Ordóñez. Se había iniciado la campaña de liquidación del Partido Popular en el País Vasco y en toda España. Siguieron Alberto y Ascensión. Luego, muchos otros. Yo también; la diferencia es que tengo la fortuna y el privilegio de poder contarlo.
A Gregorio no lo asesinaron porque sí. Lo asesinaron porque sabían que era el mejor. Porque no soportaban que fuera el político más querido de San Sebastián, porque era el que más trabajaba, el que mejor se hacía entender. Especialmente cuando decía alto y claro que en el País Vasco los únicos que sobran son los asesinos y sus cómplices, se vistan como se vistan. Sobraban entonces y, por cierto, siguen sobrando ahora.
Estoy muy contento por estar con todos vosotros, también para que juntos podamos recordar a Gregorio, como recordaremos siempre a todos aquellos a los que ha golpeado el terrorismo.
Cuando se supo que yo iba a intervenir en esta Convención, muchos escribieron: “Aznar vuelve”. Yo leía ese tipo de titulares y me preguntaba: ¿de dónde? ¿A dónde me había ido yo? Yo no vuelvo hoy de ninguna parte porque nunca me he ido a ninguna parte. Estoy donde siempre y estoy como siempre. Porque sigo creyendo que el Partido Popular es el mejor instrumento para defender los intereses de los españoles. Ahí es donde estoy y donde he estado siempre y donde seguiré estando en el futuro.
Creo que España necesita más Partido Popular, no menos.
Necesita más nación, más Estado y más unidad, no menos.
Necesita más determinación frente a quienes quieren acabar con nuestros valores y nuestras libertades, no menos.
Necesita más Estado de derecho y más ley, nunca menos.
Necesita más espíritu de la Transición y del pacto constitucional. Más reformas y más confianza, y no menos.
Necesita creer más en sus propias fuerzas y no atormentarse cuando se detecta alguna debilidad. Necesita más ciudadanos protagonizando un proyecto compartido de éxito, y no menos.
España necesita ambición. Necesita la ambición de volver a ser un país fuerte.
Dueño de su futuro. Un país emprendedor, que proyecta, que innova, que quiere dejar su huella. Que quiere ser protagonista. Lleno de energía. Que anima, que estimula.
Que facilita las cosas y que premia a quienes lo intentan y se esfuerzan cada día por dar un paso más adelante y para que su país sea mejor. Como se merece.
Por todas estas razones España necesita hoy más Partido Popular, no menos. Y necesita que el Partido Popular esté y que se note que está.
Porque la crisis institucional y la crisis económica se van a superar “con” el Partido Popular, y no “a costa” del Partido Popular.
Nos van a juzgar los ciudadanos, y no han sido tiempos fáciles para muchos. Por eso creo es
una opinión, pero lo creo que a los españoles tenemos que despejarles algunas dudas.
Hay quienes dan por amortizado al PP. Y tal vez haya españoles que se estén haciendo esta pregunta: ¿aspira realmente el PP a ganar las elecciones? Y a eso hay que contestar.
Quiero repetir la pregunta: ¿aspira realmente el Partido Popular a ganar las elecciones?
Para empezar, no despreciemos ni el desánimo de algunos, ni los recelos o el enfado de otros. A todos ellos, y a muchos más, vamos a decirles con claridad y con sencillez, que sí, que el Partido Popular aspira a ganar las elecciones. Que quiere ganarlas para seguir forjando mayorías, para seguir siendo la expresión de la mayoría política y social de España.
Que las quiere ganar, precisamente, para devolver el ánimo a los desanimados; para dar certezas a los que dudan, y para que aquellos que están enfadados sepan que, para nosotros, ellos siguen contando.
Queremos ganar las elecciones para que las cosas que se han hecho bien se hagan mejor. Y para que las cosas que se han hecho menos bien, se corrijan.
Podremos equivocarnos. No somos infalibles ni perfectos. No lo somos. Ni somos infalibles ni debemos permanecer indiferentes a las voces que con todo derecho preguntan, critican y exigen. Pero la cuestión ahora es quién ofrece para España un proyecto creíble. Un proyecto en el que se pueda confiar y que pueda ser útil.
No lo tiene la izquierda, que está dividida en tres: los que han decidido hundir su propio barco, los que están en la inopia y los populistas. A todos se les cayó encima el Muro de Berlín. Y a algunos también se les van a caer ahora los cascotes del fracaso del chavismo.
Tampoco tiene un proyecto para España el nacionalismo. Salvo el que consiste en intentar romper España, cuando lo único que conseguirían sería romper Cataluña. Los mismos por
cierto que dicen que el Estado es su enemigo mientras el Estado les llena la caja que han vaciado para que puedan pagar a fin de mes.
Tampoco lo tiene el nacionalismo que en el País Vasco quiere enterrar la historia heroica y ejemplar de las víctimas y de la lucha del Estado de derecho para sustituirla por ese relato intragable que envuelve juntos a víctimas y verdugos.
Los mismos por cierto que rechazan la Constitución y que dicen que el Estatuto está muerto pero corren a protegerse con la Constitución y el Estatuto cuando alguien pregunta sobre el Concierto Económico.
No hace falta mucho esfuerzo para imaginar qué habría ocurrido con España en estos años si todos estos hubieran tenido alguna responsabilidad de gobierno más.
Y en este escenario, ¿dónde queda situado el Partido Popular? Pues donde es más necesario: en la centralidad. Nos sitúa en el eje de la estabilidad de España, compartiendo con los españoles el único proyecto político real que se les ofrece.
Un proyecto que va más allá de un Gobierno concreto, porque es un compromiso firme con una nación unida, en la vanguardia de Europa y presente en el mundo.
Una nación seria en sus responsabilidades y constante en su modernización. Una nación plural pero de ciudadanos iguales; una nación solidaria, responsable, que crea y ofrece oportunidades.
Una nación reconocible y cierta, que ha demostrado ser capaz de lo mejor, de afrontar las pruebas más difíciles.
Creo que pocas veces ha habido en España tantos tan confundidos sobre los verdaderos desafíos que tiene nuestro país.
Unos creen que su desafío es romper el Estado y destruir la nación. Otros, que el desafío es quebrar el sistema político con la coartada de la corrupción. Y para algunos, el desafío debería ser simplemente aclararse: aclarar si lo que quieren es una federación confederal o una confederación federal; una federación asimétrica o una asimetría federada; una autonomía confederada o una confederación autonómica.
No son esos los desafíos reales de España. Se equivocan. Pero nosotros no debemos equivocarnos. Lo que puede dar bienestar, progreso y oportunidades no es la ruptura, ni la destrucción, ni la revancha, ni la confusión..
El verdadero desafío es garantizar el futuro del modelo de bienestar y crear oportunidades de empleo. Es seguir modernizando España y apoyar las iniciativas que construyen. Es estar en el puente de mando de Europa y no en la sala de cuarentena.
Tenemos que fortalecer las clases medias. Son la columna vertebral de una sociedad y dan la medida de su progreso. Queremos una sociedad en la que la diferencia que importa sólo la marquen el trabajo, la superación y el esfuerzo.
Fortalecer las clases medias, después del inmenso esfuerzo que han hecho, significa bajar los impuestos a los que trabajan y ahorran; a los que piensan en su futuro y en el de sus hijos; a los que arriesgan para crear.
Significa mejorar la educación de todos en conocimiento y valores. Significa reconocer el talento y alentar la suma de aspiraciones legítimas que impulsan a un país hacia su futuro.
Debemos recordar que debajo del ruido, en medio de muchas dificultades, hay un país en el que muchos han luchado contra la crisis; que la han superado o que tal vez han caído pero están decididos a levantarse. Ellos son imprescindibles. Tienen que ser más y tienen que sentir nuestro apoyo para que sean más.
Entre ellos, y muy principalmente, los jóvenes. Muchos se sienten excluidos en la crisis. No debemos permitir que se sientan excluidos en la recuperación.
Estoy convencido de que si nos comprometemos a forjar una gran alianza social y empresarial por el empleo de los jóvenes, los jóvenes no van a fallar.
Estos son los verdaderos desafíos de los españoles, y por tanto los que debemos hacer nuestros.
Pero, además, algunos deben saber que para esos otros desafíos, para los suyos, también tenemos respuesta. La respuesta es hacer política, la mejor política, la que convoca y articula a las mayorías sociales hacia objetivos compartidos. Y la respuesta es también la Constitución y la ley.
Nadie tiene el derecho de dividir y enfrentar a una sociedad. Y debe quedar claro que nadie puede echar un pulso a la democracia y al Estado sin que eso tenga consecuencias.
Los secesionistas dicen que los catalanes están encantados de ir hacia el abismo que les preparan. No lo creo. No es verdad. Y frente a eso hay una política por levantar y hay un gran esfuerzo de movilización por hacer.
Hay que hacerlo con constancia y con generosidad, para que Cataluña no quede secuestrada y enmudecida por el independentismo. Hay que hablar de la Cataluña plural y con la Cataluña plural. Siempre lo hemos hecho. Y, desde luego, órdagos, ninguno. Secesiones, ninguna. Y chantajes, sencillamente, no se acepta ninguno.
No nos asusta la Cataluña plural y moderna. Es la que queremos: Cataluña completa y con todos. Les asusta a ellos, que no la quieren, que la temen porque les contradice y les desmiente. Por eso buscan la Cataluña dividida y mutilada, porque sólo en ella podrían imponerse.
Por tanto, hay que hacer una política nacional clara. Ley frente al que quiere romper la convivencia. Y ley, también, frente a quien la ha dinamitado. Por eso, no debe haber dudas; y si alguien las ha tenido o las tiene, le vamos a ayudar a que salga de ellas:
∙ los terroristas en la cárcel, cumpliendo sus penas;
∙ los que siguen apoyándoles y les exaltan, a los tribunales;
∙ y a las víctimas, estén donde estén, puertas abiertas y brazos extendidos. A las víctimas, memoria, dignidad y justicia. Hoy, mañana y todos los días, aquí, en Estrasburgo, en Bruselas o en San Sebastián, donde sea.
Algunos nos invitan a pasar página. Yo digo que de eso, nada.
Hay que tener bien abierto el libro del sacrificio de nuestros compañeros y de nuestros compatriotas. Para que se siga leyendo completo. Para que nadie lo envíe al rincón donde habita el olvido.
No vamos a cerrar el libro de su sufrimiento y de su virtud. No es historia del PP, es el presente de todos. Es lo mejor de lo que somos, porque nos hicieron mejores y se lo debemos a ellos.
Hace unos minutos he hecho una pregunta, y ahora me gustaría formular otra.
Es posible incluso que a más de uno os la hayan hecho alguna vez. Y hay que darle la respuesta adecuada. La pregunta es esta: ¿dónde está el Partido Popular?
Y yo voy a responder a esa pregunta. Yo estoy hoy aquí porque creo que el Partido Popular está hoy aquí. El Partido Popular está aquí.
Es el partido que nunca ha tenido las cosas fáciles, el que ha permitido que España tuviera una alternativa real que pudiera hacerse cargo de las herencias de otros, que se cuentan por desastres.
Lo sabéis muy bien en los ayuntamientos y en las Comunidades Autónomas.
Sabéis muy bien en qué condiciones habéis tenido que hacer el esfuerzo de gobernar durante estos años.
Y quiero que este partido, que hoy está aquí, esté pronto otra vez en las calles y en las urnas, en primera línea, defendiendo la democracia y las libertades, con la cabeza bien alta.
El Partido Popular sois vosotros y muchos más. Todos los que conocen el lado duro y desagradecido de la política, los que asumen el compromiso más noble y más generoso con su país.
Y quiero deciros que creo, sinceramente, que necesitamos gente de valía que reivindique la política. Y por eso, hoy como siempre, serenamente y mirándoos de frente, os digo que la corrupción es un cáncer que no podemos tolerar. Os digo que cada uno tiene que responder de sus actos; con la ley, con todas sus garantías pero con todas sus exigencias.
Y os digo que yo respondo de los míos desde el primero hasta el último.
Mirándoos de frente os lo digo: de mis actos respondo desde el primero hasta el último.
Lamentaremos las decepciones y asumiremos los errores; seguiremos trabajando para recuperar confianzas perdidas y sumaremos esfuerzos para proteger y fortalecer las instituciones. Pero necesitamos la política y necesitamos a personas que sigan comprometiéndose con el interés común.
Por eso, tenemos que separar a los que de verdad quieren acabar con la corrupción de los que con
la coartada de la corrupción quieren acabar con el sistema
democrático. Distingamos y ayudemos a distinguir.
Porque no hay nada bueno en la fragmentación, ni en la inseguridad; eso no es más democrático o más eficaz o más deseable. No hay nada bueno en dejar de ser un anclaje firme de estabilidad en Europa y convertirse en una fuente de problemas.
Europa conoce bien que el populismo es hijo de la antipolítica, siempre con la coartada de la corrupción. Pagamos un precio muy alto en el pasado y pagaríamos de nuevo un precio muy alto si perdiéramos de vista que ese cuento siempre termina mal.
Recuperar la confianza no es fácil. Pero no estamos ante elecciones administrativas, ni ante elecciones de ensayo y error; esto tienen que entenderlo muy bien todos los ciudadanos. Serán elecciones cruciales en las que se decidirá si se pone fin o no a décadas de libertad y de progreso. Hay que decidir si seguimos adelante corrigiendo errores o si saltamos al vacío.
No se decidirá entre continuidad o cambio. Se decidirá entre cambiar para destruir o cambiar para construir.
Nosotros, como partido, tenemos que empezar a escribir un nuevo capítulo mirando a los que nos han dado su confianza.
Tenemos que afirmar nuestro proyecto. Despejar niebla y confusión sobre lo que somos y sobre lo que queremos.
Hacemos reformas porque creemos en el cambio para mejorar. Y también se nos aplica la obligación de cambiar para mejorar.
No se trata de apelar al miedo. Se trata de apelar a la ambición de hacer un país mejor para todos. Nunca hemos apelado al miedo. Siempre hemos creado confianza en los españoles ofreciéndoles propuestas ambiciosas, moderadas, razonables, probadas.
Nunca hemos trasladado nuestras responsabilidades a los electores, nunca hemos pretendido convertir nuestros problemas en los suyos. Y así debemos seguir.
Eso es lo que nos ha diferenciado, lo que gusta de nosotros, lo que atrae y lo que nunca decepciona.
Hemos probado nuestro compromiso con la libertad y con la democracia.
Habremos hecho cosas mal, pero menos que cualquiera.
Tendremos motivos para la rectificación y para la enmienda, pero ganamos en cualquier comparación.
Pero no basta con eso. Tenemos que aspirar a ser los mejores, no a ser los menos malos. Porque sobre esa base no se puede construir ningún proyecto político que valga la pena.
Nuestra historia como partido se puede resumir en tres palabras: sumar, sumar y sumar. Incorporando a todo aquel que quiera comprometerse.
No podemos responder al “todos contra el PP” con “el PP contra todos”. La respuesta al “todos contra el PP” tiene que ser un Partido Popular más abierto que nunca, más comprometido que nunca con los valores en los que se funda nuestra convivencia.
Un Partido Popular listo para ir contra todo miedo y contra toda ira que quieran establecer en la sociedad española.
Tenemos que ofrecer cuatro años de esfuerzo y de entrega del mejor Partido Popular, no cuatro años de un PP que, simplemente, evita que gobiernen otros. Eso serían cuatro años perdidos.
Debemos y podemos ofrecer un proyecto claro, el nuestro, y un compromiso creíble de llevarlo adelante. Hay que salir a cara descubierta, fieles a nosotros mismos, fieles a nuestro electorado. Seguros, predecibles y fiables.
Hay que tender puentes. Todos los que sean necesarios y más. No para marcharnos a ninguna parte, sino para que venga todo el que quiera hacer crecer nuestro proyecto para España y para sacar adelante el futuro de nuestro país.
Y crecer no es desplazarse, es estar donde se estaba y además en sitios nuevos. Y eso se hace sumando, sumando y sumando.
Va a haber oportunidad de hacerlo, porque la izquierda empieza a mostrar su peor versión.
Muchos españoles moderados no van a acompañarla en ese viaje de revancha que conduce a la destrucción de los consensos. Al viejo lenguaje de confrontación hecho de palabras como puños.
Y debemos recordar que la centralidad no se gana a costa del proyecto sino gracias a él. Nosotros no tenemos que ir al asalto de nada, tenemos que ir al encuentro de todos los que quieren que España siga adelante. Esa es nuestra obligación, esa es nuestra responsabilidad.
Algunos querrán dividirnos e intimidarnos, porque siempre queda algún ingenuo que cree que eso se puede hacer con el PP. Intentarán que nos metamos debajo de la mesa y que nos avergoncemos de ser lo que somos. No lo vamos a hacer.
No hay razón para desistir ni para esconderse de nada; hay razón para el coraje y para las convicciones.
Necesitamos unidad alrededor de lo que nos define como partido.
Necesitamos valentía y empuje para recuperar el terreno que parece abandonado, pero que aún no ha sido ocupado por nadie. Y estoy convencido de que los españoles quieren que nos volvamos a encontrar.
Nosotros debemos estar a lo nuestro, a lo que los ciudadanos siempre han visto en el Partido Popular. Trabajando día a día, sin dar espectáculos y sin montar un circo en cada plaza.
Creo que los españoles nunca han necesitado de todo nuestro proyecto político tanto como hoy.
Tenemos la obligación de ganar las próximas elecciones. Si me permitís decirlo, tenemos una obligación casi histórica de ganarlas.
Aquí no está en juego el futuro de nuestro partido, sino el de España, que pasa hoy por el éxito del Partido Popular. Como ha pasado en los últimos veinte años, se diga lo que se diga y lo cuente quien lo cuente.
Hace años mucha gente nos decía que aspirábamos a cosas imposibles. Pero creíamos que eran cosas necesarias, así que no decidimos a hacerlas posibles.
Muchos de los que estáis hoy aquí lo recordaréis bien.
Hoy, algunos vuelven a plantearnos ese mismo desafío: dicen que lo tenemos casi imposible.
Pero de nuevo creemos que se trata de cosas necesarias. De manera que yo creo que tenemos que decidir volver a hacerlas posibles.
Hacer posible que se renueve la confianza con los españoles.
Hacer posible la ilusión por un proyecto común de progreso y bienestar.
Hacer posible el final de la deriva disolvente y egoísta que algunos pretenden excitar.
Hacer posible que seamos el país que debemos ser.
Estoy convencido de que son una inmensa mayoría de dentro y de fuera de nuestro partido, a derecha o a izquierda, los españoles que no están dispuestos a levantarse una mañana y descubrir que España es apenas ya nada.
Por ellos debemos estar dispuestos a soportar cualquier carga y a hacer cualquier esfuerzo. Este partido se ha construido sobre bases muy sólidas. Los españoles lo saben, pero tenemos que recordárselo. Tenemos que recordarles que somos su partido.
Tenemos que renovar el contrato que les ofrecimos. Hacer de sus exigencias legítimas la razón de un nuevo vínculo político para un tiempo también nuevo de unidad, de empleo, de libertad y de solidaridad.
Esa es nuestra tarea. Sabemos hacerla. Y para ella, si queréis, contad conmigo.
Estoy donde siempre. Estoy con vosotros”.