sábado, 18 de julio de 2015

Lamentos por Bildu.

Las Fuerzas de Seguridad se niegan a colaborar con la Policía Autonómica Navarra por estar dirigidas por Bildu.

Es un sinsentido. Si un partido no puede asumir alguna función si se le elige para ello es que no tendría que poder ser elegido. Las instituciones no pueden aislarlo y obviarlo por su cuenta, lo normal es que no estuviera habilitado para ejercer tareas políticas. O sea, que no existiera como partido por no cumplir con la legalidad. Y si la legalidad le permite presentarse a las elecciones es que esa legalidad no es como debiera y tendría que cambiarse.

Y de eso se trata, pues el partido en el Gobierno prometió ilegalizar a los partidos del entorno etarra. Promesa que se quedó en eso aduciendo todo tipo de excusas que no expusieron cuando pidieron el voto para gobernar.

Lo que ahora sucede no es culpa de los proetarras, ellos están en su papel y no engañan a nadie. Es culpa de quienes se lo permiten teniendo en su mano las herramientas para haberlo impedido. Mucho más si fue una de sus promesas electorales por las que recibieron, con toda seguridad, unos buenos cientos de miles de votos. Buena parte de ellos son esos que han dejado de apoyarles precisamente por no cumplir lo prometido y permitir que Bildu siga estando en las instituciones por ser un partido legal.

Y si es un partido legal, a apechugar con las consecuencias. Que ya vale de lamentarse por la leche derramada cuando no se ha querido poner de pie la botella. Un Estado no es viable si no se dota de los instrumentos necesarios para protegerse de sus enemigos. Y esas herramientas son las leyes que deben emanar de su Parlamento. De otro modo nos encontramos con que las Fuerzas de Seguridad tienen que saltarse la ley para proteger a los ciudadanos, y eso es el principio del caos. En este caso, el agravamiento del existente.

Además. de que no se puede aducir sorpresa, este episodio, o algo similar, ocurrió cuando en las Cortes se decidió que Bildu no podía estar en Comisiones de Secretos Oficiales, por ejemplo. El Tribunal Supremos dictó una sentencia plena de sentido común y justicia, que tumbó el Tribunal Constitucional, tribunal político auto erigido cumbre del sistema judicial. Aquel Tribunal es el que permitió este sinsentido, por lo que es esa Institución la que carece de sentido.

O sea, que se cambia o se elimina, pero lo que no se puede consentir es que hayan hecho de España un lugar menos seguro e ingobernable, de tal modo que para protegernos tengamos que saltarnos la ley que protege a los que van a por nosotros.