lunes, 7 de septiembre de 2015

Brazos abiertos.

Emocionada llegada de los primeros refugiados a Viena

Con un caluroso y emocionado aplauso fueron recibidos esta mañana, en la estación de trenes de Occidente de Viena (Westbahnhof), los 400 refugiados que llegaron desde la frontera con Hungría en el primer tren especial puesto a su disposición por las autoridades austríacas. Innumerables voluntarios acudieron a esperarles y ayudarles y repartían agua, alimentos, ropa de abrigo y mantas a los agotados aspirantes de asilo.

"Se está produciendo actualmente una inmigración de asentamiento que podría cambiar la faz de la civilización europea. Si acaba consumándose, será irreversible. Si Europa se hace multicultural, ya no habrá vuelta atrás, ni a una Europa cristiana, ni al mundo de las culturas nacionales. Si hoy nos equivocamos, será para siempre." (Viktor Orbán)


Si Europa reacciona, movida emocionalmente por el dolor de una foto, abriendo sus fronteras sin más, estas posiciones irán creciendo y terminaremos provocando que la apertura de fronteras se convierta en el cierre de las que ya habíamos abierto entre los europeos. Y en un crecimiento de los sentimientos xenófobos entre los europeos que reclaman una oportunidad y vean que las que hay tienen que compartirlas con los llegados de fuera. Y si no, al tiempo. Esa frase del Primer Ministro de Hungría es todo un avance.

Por ello, recibir a los refugiados acogidos al derecho de asilo no puede suponer confundir refugiados con inmigrantes económicos, y esto ya está pasando.

Ayer mismo, en las noticias, uno de estos, hoy alegres acogidos según el noticiero, cuando el entrevistador  le preguntaba si había valido la pena el riesgo que habría corrido con su familia para llegar a Europa, contestó que él no venía con sus hijos, que venía solo; y que lo que le movía es la búsqueda de una oportunidad para trabajar y vivir mejor. No mencionó que huyera de guerra alguna.

Eso es lo que buscan hoy en día millones de europeos, muchos de ellos sin las ayudas que a él se le están ofreciendo ya y, ni mucho menos, las que se le van a ofrecer a partir de ahora. Y si esa discriminación positiva es percibida como discriminación negativa para estos europeos, mal vamos. Por eso hay que mantener los ojos buen abiertos y no permitir que lágrimas de ningún tipo los empañen. Nos jugamos posibles lágrimas venideras, y seguro que las nuestras no tendrán pañuelos bienhechores que las enjuguen.