miércoles, 14 de octubre de 2015

Un barco sin rumbo.

Cayetana Álvarez de Toledo se baja del barco de Rajoy por no confiar en el piloto. 
Aquí expone sus razones: Anoche escribí al Presidente (El Mundo)



Ahora vendrán las voces que intentarán descalificarla. Como siempre, los miserables a la espera de algún puesto, haciendo méritos.

No es muy normal en nuestro sistema partitocrático que alguien exprese su disconformidad con el jefe, entre otras cosas porque de esa forma no podrá ser elegida por los que estén de acuerdo, pues el jefe y camarilla impedirán a los ciudadanos que voten a ese alguien por el sencillo procedimiento de no incluirlo en las listas.

Aquí no somos los ciudadanos quienes podemos elegir a quien votar, son los partido los que nos dicen a quienes podemos hacerlo. Por ello, nuestros cargos electos se deben a quienes los nombraron para esas listas, no a quienes los elegimos para esos cargos.

Esa aberración es una de las causas que nos ha llevado a esta situación de "dictadura de los partidos", lo que algunos llamamos partitocracia y definimos como cáncer de la democracia. Es lo que ha logrado que los partidos hayan fagocitado todos los ámbitos de la vida y todo tipo de organización social con deseo de tener voz. No se salva nada; ni asociaciones, organizaciones de todo tipo, oenegés, universidades, judicatura, enseñanza, colegios profesionales, mareas blancas, verdes o rosa con pintas. Da igual, todo está politizado e infiltrado por los partidos políticos.

El problema real es que nos quedamos sin personas con criterio que puedan participar en la política, pues el criterio para poder participar es precisamente no tener criterio; o someterlo al criterio de quienes mandan en cada partido. Con lo que nos encontramos con la tremenda mentira de esos partidos que señalan a los disidentes diciendo que son estos los que han cambiado, cuando es evidente que dichos disidentes disienten porque son fieles a los principios que esos partidos abandonan por conveniencias electoralistas.

Que un partido evolucione y vaya cambiando, entra dentro de lo normal. Lo que no debiera ser normal es que, si lo hace, lo niegue.