domingo, 29 de noviembre de 2015

Fuera las caretas.



Ahora es cuando las redes sociales ayudan a quitar caretas. Se acercan las elecciones y muchos comentan la situación política y sus preferencias, lo que me parece magnífico. Otros, en uso de su libertad de opinión responden expresando su acuerdo o desacuerdo con dichas opiniones. Hasta ahí, todo bien.

Pero hay quienes llevados por su pasión, afinidad o incluso sectarismo por una opción, se dedican a descalificar al adversario sin argumento alguno y despojándose de estilo, ecuanimidad e incluso clase, con tal de hacer valer su campaña personal que, en esos casos casos, se centra más en el desprestigio de quien entienden como enemigo -en vez de rival, alimentando así el enfrentamiento sectario- para conseguir el voto a su opción a base del miedo o la descalificación del oponente.

Hay partidos que incluso lo alientan y reparten consignas de descalificar al rival como sea, evidenciando así su nerviosismo y, lo que es más grave, falta de oferta y argumentos creíbles y fiables.

Siempre he dicho que esa táctica descalifica mucho más a quienes la usan que al objeto de sus dardos. Y en cuanto tengo ocasión, así lo expongo. Pero hay quienes al haber llegado a ese punto de sectarismo ya han perdido totalmente su capacidad de análisis objetivo y todo lo ven de modo subjetivo, por lo que se lo toman como agravio personal. Es su problema, si no están preparados para asumir críticas, que no las usen contra los demás.

Yo presupongo que cualquier candidato a las elecciones quiere lo mejor para todos, incluso los que pretenden que lo mejor para todos sea que no tengamos nada. Por ello huyo de entrar en personalismos y descalificaciones personales a dichos candidatos así como de hacer juicios de intenciones sobre ellos a nivel personal. Sí critico sus propuestas y muestro mi afinidad o discrepancia con ellas.

No con todos estoy de acuerdo en todo ni con todos en desacuerdo en todo; ahora se trata de buscar más los acuerdos que las discrepancias. Éstas siempre las habrá. Pero de las actitudes y actuaciones de quienes apoyan algunas opciones se pueden deducir más conclusiones que de sus argumentos electorales, pues ya estamos acostumbrados que estos no sean más que papel mojado. Así que el mejor servicio que algunos podrían hacer a su opción preferente es mantenerse callados.

No hay mayor enemigo de una opción política que un extremista que la apoye. Yo no tengo ninguna, por eso hablo, critico y analizo. Luego, a quien decida apoyar con mi voto es otra cuestión.