domingo, 15 de noviembre de 2015

La guerra se llama guerra..

Definir lo que sucede no es cuestión baladí.


El Ministro del Interior, al ser preguntado si esto es una guerra, como dice Francia y aquí el Ministro de Asuntos Exteriores, ha salido por la tangente diciendo que eso es una cuestión nominativa de segundo orden.

Pues mire usted, lo que me parece de tercer orden es que un Ministro diga eso. En absoluto es un asunto nominal ni de segundo orden dar una solución militar o darla policial. No lo es el funcionamiento judicial y las consideraciones jurídicas si hay guerra que si no la hay y se trata sólo de lucha antiterrorista. Ni los medios ni los procedimientos son los mismos. Ni la contundencia, por supuesto.

El miedo a llamar a las cosas por su nombre y a usar los medios del Estado de Derecho convierte al Estado en débil, y un Estado débil no defiende a sus ciudadanos ante amenazas tan desmedidas. Y aquí hay más terror a usar el ejército que el que producen los propios ataques terroristas.

En Francia el ejército está en la calle y se dice que están en guerra contra esos terroristas, lo que produce en los franceses una mayor sensación de seguridad, no de miedo, pues se sabe que la mano que se usará con los enemigos no será la de guante blanco sino la de la zarpa de acero. Y eso no da miedo si no se usa contra ti sino contra los que intentan matarte a zarpazos.

Y hay que recordar que la defensa ante un ataque no es una venganza - como dice algún cursi con ínfulas- sino una obligación del Estado para defender a sus ciudadanos. Y que la defensa en caso de guerra pasa por ir a por el enemigo allí donde esté y acabar con él.

La democracia se defiende con palabras entre demócratas, pero siempre se ha defendido con las armas cuando ha sido atacada desde fuera de ella. Ahí está la Historia. Pero ahora no se trata de defender la democracia sino la libertad y la vida. Es una guerra y las guerras que no se combaten se pierden. Así que menos juegos de palabras y más acción, que ya no es tiempo de cobardes.