martes, 8 de diciembre de 2015

Un debate cojo.




Absolutamente decepcionado con el debate que de debate no ha tenido nada, sólo una sucesión de monólogos. A nivel de tertulias televisivas, donde el que más experiencia tiene es Iglesias y se sabe todos los trucos y guiños. Sería un perfecto candidato a comunicador televisivo; a Presidente espero que se quede sólo en eso, en candidato.

A Rivera lo he visto bisoño y nervioso. No ha parado quieto un minuto por lo que resaltaba más ante la actitud hiératica del resto cuando no intervenían. Cierto que es su actitud normal; cuando está de pie sin atril no se está quieto, lo puedo atestiguar. Lo comprobé ya hace mucho cuando tuve ocasión de compartir plantón en Cibeles, pero no queda bien en televisión. Se ha dejado hurtar protagonismo y mérito en algunos momentos por Soraya sin reaccionar suficientemente.

Soraya, peleona y gritona, a la defensiva, que a veces mudó por lo de la mejor defensa es un ataque, pero muy por debajo de su más que demostrada capacidad. Algún uso de trampitas muy de parlamentaria versada. Tuvo algún momento contundente.

Sánchez ha dado una imagen de tranquilidad y ha ganado en lenguaje no verbal. Bien como imagen; quizás el más presidencial. El contenido, el de siempre, mitin constante sin hacer caso a la evidencia y a lo que el PSOE ha demostrado para insistir en la marca de partido, sin querer enterarse de que esa marca está muy dañada.

Iglesias, muy en su papel, muy en demagogo perdonavidas. Muy en la intención de mejorar su imagen, y muy vacío en propuestas sólidas. Como tertuliano, el mejor, con más tablas. Pero con dos errores garrafales que denotan una gran ignorancia histórica e informativa.

La ganadora, posiblemente quien no se presenta como candidata. Por lo tanto, con trampa, pues algunos de sus momentos gloriosos lo han sido porque el asunto no iba con ella.

El más beneficiado, Iglesias, sin duda, con la red aplaudiéndole. El más perjudicado, Sánchez, no ha aprovechado la ocasión. Pero no creo en absoluto que el debate haya movido la intención de voto en ningún sentido.