viernes, 26 de febrero de 2016

De cartas, pesos y traiciones.


Rajoy frustró y traicionó a los votantes que le dieron la mayoría absoluta, lo que hizo que un tercio de ellos le retiraran su voto y que otros muchos le votaran por evitar un mal mayor. Y ahora hace lo mismo con los que han hecho que el PP sea el partido más votado. No se atrevió a aceptar el protagonismo de unas negociaciones para formar gobierno porque unos noes de pataleta lo asustaron. Y ahora está en la pataleta de decir no a todo.
 
Acusar a Rivera de negociar con el PSOE porque él ha sido incapaz de hacerlo, es ridículamente patético. Mucho más cuando él propugna precisamente llegar a acuerdos con el PSOE. O sea que pactar con el PSOE está bien si lo hace él, pero no si lo hace Rivera. Increíble.

El problema es de personas, está claro. Ël y Sánchez son el escollo para que en el acuerdo actual no esté reflejado el peso del PP y de sus votantes. Pero el paso atrás de Rajoy posiblemente ha reforzado a Sánchez y hará más difícil que el PSOE lo reemplace. Ser político es el arte de hacer valer tu peso -como ejemplo lo que ha hecho Rivera con tan sólo 40 escaños- incluso por encima de la aritmética, ser gestor es otra cosa. En el acuerdo el peso de ciudadanos es el que es, incluso por encima de su peso aritmético; el del PP, inexistente porque no está. Pues que se sume y haga contrapeso.

Los gestores, por buenos que sean, no son nada sin una política que haga valer su peso. La política es una cosa y la aritmética y la gestión, otra. El gestor hace aritmética y el político hace política.Y como político, Rajoy ya ha quedado como peso pluma. Por eso perdió casi cuatro millones de votos, la mayoría absoluta, y ahora la oportunidad de ser quien lleve la voz cantante. Sus votantes están huérfanos por culpa de un partido que trata de defender sus intereses en vez de los de sus votantes. Y se atreven a acusar a otros de traicionar a sus votantes. Cree el ladrón...

Y si de aritmética se trata, hágase la cuenta de los votos que el PP ha perdido en lo que grotescamente llama éxito electoral. Así que menos lobos y menos soberbia, que ésta es la tumba del político. Y de los partidos; ejemplos hay.