jueves, 28 de julio de 2016

El buen musulmán.


Si es cierto que los malos no son todos los musulmanes, también lo es que tampoco son los buenos. Guste o no, la religión que practican considera infieles a quienes no creen en ella, incluso a los que creen de una forma que no les guste a otros correligionarios. Esa religión se define a sí misma como "la religión verdadera", y por escrito.
Y además, no prohíbe matar como algunos dicen, tan sólo prohíbe matar "sin motivo", y ese condicionante no dice qué o quienes pueden decidir cual es un motivo. Para muchos de sus seguidores ser infiel o "mal musulmán" ya lo es. Por lo tanto, ojo con la propaganda que se reparte presentándolos como las víctimas, pues ese victimismo en el fondo no busca otra cosa que explicar o dar justificación a la bestialidad del yihadismo. Es como aquel "algo habrán hecho" de quienes justificaban los asesinatos de ETA. En la última comunicación del Estado Islámico animando a atentar contra España culpan a los Reyes Católicos y a la Inquisición para justificar dichos atentados como una "justa venganza" de los suyos.
Son los musulmanes quienes tienen que demostrar su oposición firme a esas bestialidades, no otros quienes salgan a defenderlos o a suponerles lo que ellos no demuestran. Son sus líderes religiosos quienes tienen que condenar al infierno, o a lo que entiendan por infierno, a quienes realicen esas aberraciones y dejar claro que eso no les abre las puertas de su gloria. Son esos líderes los que tienen que anular esas suras que se siguen en buena parte de los guetos musulmanes franceses que impiden delatar a otro musulmán aunque se tenga certeza de que es yihadista o que ya ha participado en un atentado al que, ellos sí, consideran de índole religioso. Son esos inmigrantes de dicha creencia quienes tienen que integrarse y adoptar los principios de las sociedades a las que han acudido para mejorar sus vidas. No se puede pretender ir a vivir en París como se vive en Teherán y manteniendo costumbres que entran en colisión directa incluso con las leyes de donde se supone han elegido hacer su vida. Eso no es integrarse, eso es colonizar.
El Papa ha dicho que estamos en guerra pero que "no es una guerra de religiones". Y tiene razón. Es una guerra de una sóla religión contra las demás, incluso contra ramas de la suya propia. Quienes se inmolan matando "al infiel" no lo hacen por conseguir medallas y honores en esta vida, lo hacen creyendo que alcanzarán su premio en la otra vida en la que creen. Y es una creencia religiosa, no de otra índole. Vamos a dejarnos de buenismos que lo único que buscan es que cerremos los ojos a una crudísima realidad. El miedo a ser considerado islamófobo no nos puede convertir en ciegos ni estar por encima de la lógica prudencia de proteger nuestra vida y la de nuestros familiares.
El yihadismo no es de ahora, tiene más de un siglo. Y los atentados del 11S no se hicieron como consecuencia de esos ataques a países musulmanes que esa propaganda esgrime. No es cierto, y no lo es por el simple hecho de que aún no se habían producido. Lo de la Inquisición sí, claro, y lo de la Reconquista, y las Cruzadas. Aunque no hablan de que eso fue reacción a su afán expansionista y a su objetivo de crear el Califato universal. Y no necesitan excusas para ello, lo ordena su religión, que es la "única verdadera".