martes, 30 de agosto de 2016

Para desbloquear, primero tablas.


Analizando la postura del PSOE, la declaración de Sánchez, los argumentarios que repiten para justificar su "no" a la investidura, su postura de llamar negro a lo que antes llamaron blanco -referida a los puntos de los acuerdos con Ciudadanos- y sumando, además, la puerilidad de la absoluta y evidente falta de propuesta alternativa, no me cabe ya duda de que el objetivo último es la cabeza de Rajoy.

Antes era también el objetivo claro de Ciudadanos, y no nos llevemos a engaño: la postura actual de este partido no es otra que la de facilitar el desbloqueo para que haya gobierno, pero no es un apoyo a Rajoy. Rivera ha vuelto a insistir en que no se fía de él y que quien ha permitido, por acción u omisión, ese nivel de corrupción dentro del partido que dirige no es el adecuado para dirigir un gobierno que busque la regeneración. Al menos, ante la opinión pública.

Por todo ello no me extrañaría en absoluto que el PSOE, en algún momento, intente recuperar protagonismo con un golpe de efecto como el que sería poner como precio a su abstención que el candidato no sea Rajoy. No veo otra salida.

Eso permitiría a Sánchez una retirada por la puerta grande, a hombros de su militancia, esgrimiendo la cabeza de su enemigo al tiempo que rinde la suya a las fuerzas vivas del partido. La desaparición de estos dos líderes es algo que la política española necesita desde hace tiempo para superar egos, enfrentamientos e intereses personales y así intentar anteponer el interés general. Es algo cantado desde hace mucho y que al no haberse producido tras la tremenda pérdida de votos de ambos en diciembre, nos ha llevado a esta situación de bloqueo; y que esta misma situación de bloqueo ha impedido que sucediera.

El desbloqueo pasa por ello y la única salida digna que le quedaría a Rajoy, antes de verse "descabezado", sería inmolarse en un gesto que pueda presentar como sacrificio por el bien de España. Eso nos haría superar esta situación imposible y que la salida de estos dos sobreros -y responsables de la misma- pueda, al menos, aparecer como digna. Luego será el momento de intentar recuperar o refundar ambos partidos, ahora irreconocibles.

Pero de una forma u otra, creo que tras las vascas y gallegas tendremos gobierno antes del 15 de octubre y cumpliremos con Bruselas. Lo contrario sería un precio político inasumible para los dos grandes partidos, por mucho que el verdadero precio, el que va en euros, lo pagaríamos todos los españoles.