viernes, 7 de octubre de 2016

Elecciones, ahora no.


Observo un aluvión de opiniones de los llamados "creadores de opinión" que, en el mejor de los casos, no son otra cosa que periodistas con ínfulas de políticos pero que ven los toros desde la barrera, o voceros a sueldo de determinados partidos o círculos de intereses. Claro que también los hay que opinan como resultado de análisis de la situación basados en la privilegiada información a la que tienen acceso.

Como decía, en esas opiniones abundan las que piden nuevas elecciones para las que dan sus razones, apuntando que, dentro de lo malo, sería lo mejor que podría pasarnos.

Pues bien, yo como opinador de a pie sin más interés que lo que creo mejor para España y por tanto para mí mismo y los míos, y sin vínculo alguno ni con partidos ni círculo de interés de ningún tipo, opino que no es lo mejor que podría pasarnos en este momento.

Lo mejor que podría pasarnos sería una gran coalición que necesariamente no podría ser presidida por Rajoy, y él y los suyos lo saben, por eso ya no hablan de lo que fue primera oferta de Rajoy. De otro modo lo que se haría es un parche para convocarlas a más tardar en un año. Puede que por esa razón Rajoy busque un Gobierno para salvar la cara sabiendo que si lo preside necesariamente tendrá que convocar elecciones en breve, pero ya no aparecerá como perdedor cuando anuncie que no se presenta, sino como alguien que generosamente hace el sacrificio de dejar pasar a las nuevas generaciones. Hoy, para esa coalición, él es el principal impedimento. Y da igual si es con razón o no, ni si es justo o injusto.

Porque unas nuevas elecciones no serían más que otra vez lo mismo aunque con menos apoyo al sistema, por la abstención, y con una mayor división en esta sectaria sociedad a la que nos han traído los partidos. Tampoco sería bueno un gobierno poco sólido por mucho apoyo parlamentario aue logre. pues tendría posiblemente el menor apoyo en votos debido a la ya mencionada mayor abstención.

Puede que en esas nuevas elecciones gane la derecha. Pero ganará en las instituciones con el riesgo de que una izquierda radicalizada pretenda ganar en la calle lo que no gane en las urnas, a las que deslegitimará por la baja participación.

O sea, que la supuesta estabilidad del gobierno supondrá inestabilidad social y una mayor sectarización de la sociedad que nos acercaría cada vez más al enfrentamiento que, por otra parte, parecen querer estos "revanchistas" de algo que ocurrió hace ochenta años y que ni siquiera saben cómo ni lo que lo provocó.

Por tanto, elecciones ahora no. El precio a pagar por ellas sería demasiado alto, y no precisamente en euros. Ya hemos votado, ahí tenemos el resultado; exijamos que con ese resultado nuestros políticos sepan gestionar nuestros intereses. Y que hagan pedagogía entres los suyos para superar el sectarismo que han sembrado por intereses partidistas. O que se vayan a casa.

Lo de reconstruir el sistema para acabar con la partitocracia que nos ha traído hasta esta situación, ya es harina de otro costal. De momento, trabajemos con lo que tenemos.