Ayer me quisieron obligar a identificarme en la calle, en el Paseo de la Castellana de la Capital de España. En el mejor estilo franquista se me requirió mi DNI en la calle sin haber hecho nada; sólo por acercarme a a la sede de la Fiscalía General del Estado. La misma que decidió que Otegi no cometió delito de enaltecimiento del terrorismo cuando hizo enaltecimiento del terrorismo.
Ayer, los culpables eran los que protestaban por la vergüenza a la que nos sometió la Fiscalía, y no Otegi ni el fiscal por prevaricar. La fiscalía ha hecho dejadez del principio de legalidad. Se puede salir a la calle a pedir la ilegalización de la mitad de los españoles y al partido que votan, pero no se puede protestar por el incumplimiento de la la ley de quienes pagamos para que la hagan cumplir.
El que alguien a quien se le llena la boca con la palabra democracia haya llegado al Ministro del Interior y me pida que me identifique en la calle, antes de hacer nada, mediante un documento que hizo obligatorio el régimen de Franco y que no todos los países democráticos tienen, no es que sea un contrasentido, que lo es, ni un atropello, que también, es que convierte a España en inhabitable para quien se sienta demócrata y quiera sentirse libre.
Ayer me quisieron aplicar una ley franquista en la calle. Me negué y pedí que se me detuviera por ello y así ocupar el hueco que estaban dejando los terroristas en los banquillos de los acusados. No lo hicieron; aún quedan gentes en la Policía con dos dedos de frente.
Ayer, los culpables eran los que protestaban por la vergüenza a la que nos sometió la Fiscalía, y no Otegi ni el fiscal por prevaricar. La fiscalía ha hecho dejadez del principio de legalidad. Se puede salir a la calle a pedir la ilegalización de la mitad de los españoles y al partido que votan, pero no se puede protestar por el incumplimiento de la la ley de quienes pagamos para que la hagan cumplir.
El que alguien a quien se le llena la boca con la palabra democracia haya llegado al Ministro del Interior y me pida que me identifique en la calle, antes de hacer nada, mediante un documento que hizo obligatorio el régimen de Franco y que no todos los países democráticos tienen, no es que sea un contrasentido, que lo es, ni un atropello, que también, es que convierte a España en inhabitable para quien se sienta demócrata y quiera sentirse libre.
Ayer me quisieron aplicar una ley franquista en la calle. Me negué y pedí que se me detuviera por ello y así ocupar el hueco que estaban dejando los terroristas en los banquillos de los acusados. No lo hicieron; aún quedan gentes en la Policía con dos dedos de frente.
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