lunes, 27 de noviembre de 2017

BIENVENIDOS AL FUTURO.


Como la prudencia y la lealtad son dos actitudes que he procurado seguir a lo largo de mi vida, he esperado unas semanas para reemprender mi actividad de manifestar por escrito mis opiniones en relación a los históricos momentos que vivimos en Cataluña. Y ello porque desde mi decisión como Presidente de Societat Civil Catalana de pasar el  testigo a mi amigo y compañero Pepe Rosiñol, era debido el silencio para que en su nueva condición tuviera tiempo sin injerencias de conformar su nuevo equipo reestructurando la Junta Directiva, como por otra parte era lógico. Por experiencia conozco perfectamente las dificultades que se plantean cuando uno no dispone de la libertad de movimientos para aplicar sus propios criterios y por ello le deseo todo tipo de suertes y éxitos en su gestión.

Estamos viviendo en Cataluña y por consiguiente en toda España tiempos extraordinariamente convulsos, quizás los más intensos desde que la luz de la democracia iluminó nuestro sendero y, en el día a día, todavía nos zarandearán nuevos acontecimientos, movilizaciones y quién sabe qué sorpresas antes del 21 de Diciembre. Esa jornada pre navideña en la que los catalanes votaremos de forma legal y democrática se establecerán las reglas del juego y convivencia, esperemos que finalmente para un largo período de concordia social dentro de una España próspera felizmente integrada en Europa con el prestigio de un inmejorable reconocimiento internacional.  Es un sueño, en éste caso sí alcanzable cuando el pueblo catalán abandone la costumbre de mirarse de reojo y recupere la confianza en la diversidad de opiniones e ideologías.

En ese escenario de caos conceptual rayando el surrealismo con unos candidatos huidos a Bruselas para eludir la justicia y otros encarcelados para responder ante los tribunales, haciendo todos ellos juegos malabares para secuestrar los votos de la gente que increíblemente todavía les cree, vamos a intentar pasar definitivamente la página de nuestra triste historia  llevando al capítulo del pasado un presente que hemos sufrido en nuestras emociones y sentimientos para encerrarlo si es posible en el baúl de las vergüenzas bajo llave.

Y creo firmemente que el cumplimiento de la causa judicial, ni para ellos ni para la sociedad en general, va a ser lo verdaderamente importante, pues será la propia historia quién les juzgará situando para siempre sus figuras en su dramático lugar, lo cual a mi entender es infinitamente peor.

Pero Cataluña como comunidad singular y motor de España va a continuar su camino de crecimiento, mejora y capacidad de desarrollo una vez consigamos obtener las necesarias mayorías para el sentido común y el equilibrio en un horizonte nítido y amable en el que quizás hallemos escrita la palabra futuro. Y es en ese destino donde debemos depositar nuestra mirada, sin dudas ni complejos pues el éxito o fracaso será de nuestra exclusiva responsabilidad, en éste caso bajo el amparo de la Ley y de nuestro marco común de convivencia.

Pero no solo debemos centrar nuestra mirada en el horizonte exterior pues las sangrantes heridas que nos quedarán en el caso de que consigamos cerrar el capítulo unidas a la dolorosa fractura de la sociedad catalana, requerirá una muy especial atención en nuestro propio entorno de convivencia, en nuestras propias instituciones y foros sociales, así como en nuestras propias casas donde se desarrolla la convivencia familiar.

Recuerdo la sabia reflexión del gran arquitecto y pensador suizo Le Corbusier que definía   la casa como aquel espacio en que uno vive y sentirse en casa aquel lugar de sentimiento que puede incluso no ser el lugar de origen de la persona. Precisamente ese va a ser uno de los pilares donde deberemos descansar la nueva convivencia de todos los ciudadanos de Cataluña sin excepción.

Y ese es el desafío, si cabe, más importante que nos presenta el camino del futuro.

                                                                                     
Mariano Gomá. 

Me indica Mariano Gomá que pasa a ser Presidente del Consejo y deja el día a día, pero que orbitará por Madrid con instituciones, fundaciones, foros y políticos. O sea, que sigue al pie del cañón.

domingo, 26 de noviembre de 2017

España es el problema


JESÚS CACHO
26.11.2017

España acaba de salvar el match ball más peligroso de su reciente historia. El de un nacionalismo que hemos financiado con cargo a los PGE y que ha permitido a la derecha catalana apoyada en el quicio de la mancebía de Jordi Pujol disponer de casi 40 años para, ante la desaparición del Estado en la región, crear un Estadito clientelar basado en la corrupción y en la ocupación sectaria de todos los ámbitos de la vida política, económica, social y cultural de Cataluña. Con una deslealtad evidente a esa Constitución que consagra su autogobierno, el secesionismo ha pretendido romper uno de los Estados más antiguos del mundo, un Estado que, tras no pocas dudas, se ha defendido simplemente aplicando la ley y con los instrumentos que al Gobierno otorga la ley. A estas alturas, el diagnóstico de lo ocurrido está claro: los culpables del envite, traidores al pacto constituyente, son los nacionalistas, pero los responsables de que hayamos llegado a este punto hay que buscarlos en los sucesivos inquilinos de la Moncloa, los Gobiernos del PSOE y del PP, desde la entrada en vigor de la Constitución de 1978 hasta nuestros días.


En el perfil agónico del final de la Transición, estaba claro que el frágil equilibrio entre el Estado y los nacionalismos periféricos podía saltar por los aires en cuanto explotara la burbuja inmobiliaria y financiera. El golpe de estado del nacionalismo catalán hubiera sido inimaginable sin la crisis surgida a partir de 2008. Como ocurriera en los años 30 del siglo pasado, el nacionalismo se rebela contra España en el momento de mayor debilidad de España, en el punto más bajo de España como nación, cuando la crisis galopante difumina los perfiles de una sociedad que ha perdido el rumbo y de una clase política formada por tipos mediocres y oportunistas, profesionales del pasteleo ayunos de patriotismo, fieles únicamente al líder supremo que confecciona las listas electorales. Artur Mas se sube en marcha al tren secesionista en septiembre de 2012, en lo más duro de la crisis, cuando España está a punto de verse obligada a pedir un rescate país a la griega o portuguesa. Con lógica perversa, el nacionalismo catalán piensa entonces que aquello era su “ahora o nunca”.  

Curioso, el nacionalismo pierde la batalla mucho antes de lo que cree. La pierde cuando la Economía empieza a recuperarse de la crisis y a crecer a buen ritmo, creando empleo. La pierde el secesionismo y la pierde ese populismo, aliado coyuntural del nacionalismo, empeñado en destruir el Régimen del 78 para edificar sobre sus cascotes una solución neocomunista a la venezolana. El partido, con todo, está lejos de haber terminado. Y no lo está porque España ha superado la crisis económica, pero sigue inmersa en una aguda crisis política que dura ya casi una década, y cuya expresión más certera ha sido precisamente la rebelión nacionalista. Se trata de una crisis de agotamiento del sistema que ya estaba presente entre los síntomas que acompañaron la de 1992/1993, con el final del felipismo y sus casos de corrupción y cuya solución aplazó el boom del crecimiento que dio comienzo a partir de 1996. Y aquí entramos en el meollo del asunto: el problema no es tanto la radical deslealtad del nacionalismo catalán como la incapacidad, la debilidad y la impotencia del Estado para hacer frente a ese desafío. Dicho de otra forma: el problema no es Cataluña, sino la propia España. Barcelona es el reflejo de un gran incendio cuya hoguera está radicada en Madrid.

La solución al problema no puede consistir en que nos entre un súbito ataque de comprensión a los sentimientos nacionalistas, ni en un aumento de la financiación autonómica

La solución al problema de los nacionalismos no puede consistir, por eso, en que a todos nos entre un súbito ataque de comprensión a los sentimientos nacionalistas, ni en un aumento de la financiación autonómica (al nacionalismo no se le sacia con dinero), ni mucho menos en la cesión de más y más competencias (como pretenden los Icetas de turno) si es que quedara alguna por transferir. No hay que arreglar Cataluña: hay que arreglar España. No se podrá curar a Cataluña sin antes sanar a España. Hay que darle una salida de futuro, un proyecto de futuro integrador a un país que se debate en el callejón sin salida en el que le han situado los dos grandes partidos del turno corroídos por la corrupción y cuyo único objetivo es el monopolio del poder por el poder, el quítate tú que me pongo yo, en el convencimiento de que los problemas de la democracia se arreglan con más democracia.

Abrir un nuevo periodo histórico
Ese proyecto pasa por mejorar radicalmente la calidad de nuestra democracia, lo cual seguramente pasa por enviar al PP a la oposición durante unos cuantos años, para obligarle a una regeneración radical tanto de líderes como de ideas. Caminamos uncidos al yugo de un Gobierno que transita con una mano atada a la espalda por culpa de la corrupción del partido que lo sostiene, lo que le resta legitimidad a la hora de aplicar la ley, algo que ha hecho tan difícil la solución a la crisis catalana. Es la corrupción de los “partidos del turno” lo que coloca al Estado a la defensiva ante la arrogancia nacionalista. Y es esa falta de legitimidad, más los tradicionales complejos de tanto demócrata sobrevenido, lo que explica que, a pesar de haber quedado demostrado que la aplicación de la Ley es el ungüento mágico capaz de hacer aterrizar en la realidad a los golpistas, el Ejecutivo Rajoy haya sido incapaz de impedir, mediante el uso legítimo de la fuerza, la huelga general política que una escuálida minoría impuso a la inmensa mayoría de los catalanes el pasado 3 de octubre.

La Transición ha muerto. Acabó en junio de 2014 con la abdicación de Juan Carlos I, máximo exponente de las luces (el fenomenal desarrollo experimentado por España en las últimas décadas) y sombras (su intolerable corrupción) del periodo. La crisis catalana ha venido a certificar esa defunción. España necesita abrir un nuevo periodo histórico capaz de transportar a las nuevas generaciones en un proyecto de vida colectivo para los próximos 40 o 50 años. Resulta difícil imaginar a PP y a PSOE como muletas capaces de soportar esa travesía. Un nuevo proyecto histórico que debe comenzar por una puesta al día de la Constitución del 78, no para otorgar nuevas canonjías, no para proseguir con el vaciado de competencias del Estado, no para hacer nuevas concesiones a unas Autonomías que ya tienen competencias sobradas, sino para corregir los defectos del diseño territorial plasmados en dicha Constitución, para arreglar lo que se hizo mal y lo que la experiencia ha demostrado que funciona mal. Para devolver al Estado algunas de esas competencias que jamás debió perder, caso de la Educación, o para devolver el Estado a algunas Comunidades de las que jamás debió salir. Se trata de una visión de España que a no dudar contará con la oposición frontal del establishment político, de derechas y de izquierdas, del centro y de las periferias, pero que ineludiblemente habría que someter a consulta de los españoles.

Este martes, una decena de catedráticos de Derecho Constitucional y Administrativo, comandados por Santiago Muñoz Machado, dieron a conocer un “paper” (“Ideas para una reforma de la Constitución”) que propone abordarla “en la línea de los sistemas federales” vigentes en países de nuestros entorno. Con un lenguaje deliberadamente críptico, los firmantes proponen incorporar a la Constitución una nueva Disposición Adicional que establezca un “régimen jurídico singular” para Cataluña y una “relación bilateral” con el Estado, eso sí, dentro de la Constitución. Aunque se trata de un documento más de los muchos que a partir de ahora van a ver la luz, porque estamos ante el tema por antonomasia del inmediato futuro, parece que Muñoz Machado y sus copains no se han enterado de nada. No se han enterado de lo que ha ocurrido en los dos últimos meses, desde luego no de las dos gigantescas manifestaciones que el 8 y el 29 de octubre inundaron las calles de Barcelona para decir basta al secesionismo. O si se han enterado, siguen dispuestos a ofrecer la otra mejilla a ese nacionalismo supremacista y xenófobo ante el que tanta gente acomplejada se ha hincado de hinojos en la última década. Tal que José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE, quien ayer mismo aseguraba que Inés Arrimadas no puede ser presidenta de Cataluña porque “no comprende el hecho singular catalán”. Los lacayos del nacionalismo en Madrid tienen que enterarse de una vez de que no hemos llegado hasta aquí para terminar comprando la moto de esa “singularidad” catalana que algunos quieren vendernos.

El pozo negro de la financiación de los partidos
Reforma de la Constitución que debería llevar aparejada, dentro o fuera de la misma, algunas otras cuestiones imprescindibles para esa mejora de la calidad de la democracia española, tal que la definitiva separación de poderes (devolver la independencia a la Justicia), una reforma de la Ley Electoral, una nueva y efectiva Ley de Financiación de los partidos (verdadero pozo negro de la corrupción política), etc., etc. Se trata, en definitiva, de hacer un país más justo, más rico, más liberal, menos corrupto, más eficiente, más volcado en la Educación y las nuevas tecnologías, más dado al mérito y al esfuerzo que a los privilegios, más proclive a las vocaciones empresariales, más centrado en facilitar la vida a las empresas, en lugar de pretender esquilmarlas, porque ellas son las llamadas a crear riqueza y asegurar el futuro de nuestro Estado del bienestar. Un país de hombres libres e iguales ante la ley.

Repito, el problema no es Cataluña: el problema es España, y esa incógnita se despeja convocando a la ciudadanía a un nuevo gran pacto colectivo llamado a convertirla en lo que realmente ya es: el mejor país del mundo para vivir una vida. Solo en la medida en que España sea fuerte, cuente con un proyecto sólido de país, los nacionalismos serán débiles, porque una España fuerte es la mejor garantía de nuestras libertades y derechos. Pequemos de optimismo. La crisis catalana ha hecho aflorar realidades que son garantía de futuro y con las que hace apenas unos meses no contábamos: contamos con un Rey joven que, al contrario que su padre, ha sabido estar a la altura de las circunstancias; contamos con un partido de nuevo cuño y marchamo liberal, Ciudadanos, no contaminado por la corrupción y con un proyecto para España; contamos también con una Justicia (ahí está la juez Lamela o el fallecido Maza) que parece haber superado la fase más aguda de su crisis (solo el Periodismo sigue hozando en el barro), y, por encima de todo, contamos con un gran pueblo, con esa mayoría silenciosa que ha despertado sin necesidad de convocatoria de partido alguno, la España ciudadana que ha redescubierto su bandera y ha desempolvado un cierto orgullo democrático en ser español, en Barcelona y en Madrid. La España que, en el momento de máximo peligro, ha sabido movilizarse para impedir que nadie le arrebate su futuro. 

jueves, 16 de noviembre de 2017

¿Aznar ya no es del PP o el PP ya no es el de Aznar?


"Si se quiere abrir el debate, que se abra, pero que no sea para satisfacer a los secesionistas, sino para reafirmar la igualdad de los españoles, la solidaridad entre regiones y el estado de derecho".

"En Cataluña estamos viviendo las consecuencias de no hacer política durante mucho tiempo. Los partidos constitucionalistas han dejado de hacer política y se la han dejado al nacionalismo y al independentismo. El PP y el PSOE deberían hacer política y defender una idea nacional de España, una España europea, abierta".

Estas dos apreciaciones de Aznar seguro que son apoyadas por todos los votantes del PP, pero no son respetadas por la cúpula actual del PP, que sí mantiene el discurso aunque no lo lleva a cabo. Este PP de Rajoy, y el propio Rajoy, parecen el PP cuando hablan pero en absoluto lo son cuando actúan, y mucho menos cuando no actúan e incumplen lo que prometen y dicen.

Negar que ese es el motivo de la pérdida de tres millones de votantes es negar la realidad, algo en lo que se han especializado en los últimos años. Y si no han perdido más votantes es por el miedo que les han inculcado a que si no votan PP vendrán "los malos", vendrán "los rojos", el Frente Popular y el acabóse. Y en ese sectarismo que se han encargado de sembrar todo lo que no sea PP es esa hecatombe. 

Y los que se van por la derecha, son tachados "extrema derecha fascista" y traidores que desperdician su voto en opciones que no van a ningún lado. Pero al tiempo se niegan a reconocer su errores y el hecho de que, justa o injustamente, Rajoy carece de autoridad moral para muchísima gente por culpa de haber estado al frente del partido mientras se producían en éste actos de corrupción de todo tipo.
Dirigentes del nivel de Esperanza Aguirre han asumido su culpa "in vigilando" y han dimitido, él no. Y así como el PSOE no tienen tampoco autoridad moral para acusar a nadie, habida cuenta de lo que tiene en sus filas, no es el caso de Sánchez que puede alardear que él no tenía cargo relevante alguno en su partido mientras esos casos ocurrían, y a ojos de la opinión pública está más limpio que Susana Díaz.

Por mucho que digan, el PP de hoy poco tiene que ver con el PP de ayer. Sus promesas electorales, basadas en lo que eran sus principios de siempre, han sido las primeras que se incumplieron cuando tenían una mayoría más que suficiente para haberlas llevado a cabo. Y hoy en día son muchos los responsables del partido que declaran principios completamente opuestos a aquellos. Negarlo es negar la realidad, cosa en la que se han especializado desde hace demasiado.

Ver a quienes no hace tanto definían a Aznar como el mejor Presidente de la democracia aceptando las críticas y el ninguneo que recibe del partido que refundó, produce melancolía desde fuera; desde dentro produce bastante más que algunos cabreos. Pero aquí no se mueve nadie, no vaya a ser que pierdan esas poltronas que, precisamente por eso, son cada vez más escasas.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Colau y demás populismos.


Que dice Colau que el PSOE se ha aliado con la derecha por apoyar a Rajoy para aplicar el 155. Estos no saben diferenciar entre el Estado y el Gobierno, ni entre la legalidad y la ielgalidad, como tampoco conocen la diferencia entre democracia y totalitarismo. Lo del mítin de hoy en La Sexta de Ferreras es tremendo, por mucho que el "periodista" intente disimular con alguna pregunta aparentemente crítica.

El PSOE lo que ha apoyado es la legalidad vigente, la Constitución. Y ha apoyado las acciones de Gobierno necesarias para ello. Y por mucho que no os guste Rajoy, cosa absolutamente lícita, es el Presidente de un Gobierno democrático, el único que puede aplicar medidas para recuperar la legalidad. El que a vosotros, los que estáis contra la Constitución, se os permita ser activistas contra ella y contra la legalidad y la democracia, no significa en absoluto que vuestra postura sea democrática y legal, ni de broma. Si aquí no existieran tantos complejos ni tanta cobardía y fuéramos como otros países de nuestro entorno, todos vuestros partidos, contrarios a la Constitución, serían ilegales y no podrían concurrir a unas elecciones democráticas.

Y otra cosa, el cargo que tiene no es gracias a los militantes, inscritos, encuestados o como quiera llamar a esos que, cuando a los jerifaltes os conviene, decís que deciden vuestras posturas. Esos, en todo caso, podrán decidir dentro del partido, pero no en las Instituciones en las que estáis gracias a los votos de los ciudadanos, no de vuestros militantes. Es a esos a quienes debiérais consultar, y para ello existen en las democracias las elecciones. Y éstas no es democrático sustituirlas por cuatro gatos votando a través de una web.

Por mucho que repitáis eso de los presos políticos, los políticos que están en prisión lo están por violar la ley, por delinquir. Tampoco es válido en absoluto hablar de una mesa de negociación para que el Gobierno negocie cómo se va a violentar la ley; ni el Gobierno puede hacerlo sin caer también en el delito y la traición, Ni es democrático cambiar una Constitución democrática entre cuatro gatos en una mesa.

No hay un lado del 155 y otro lado democrático, eso es falso. Hay un lado con la legalidad, la democracia y la Constitución y otro lado que es todo lo contrario a eso. Ese cuento no es más que fruto del acuerdo auspiciado por Roures entre ERC, los Comunes y Podemos para unificar el esfuerzo populista en pro del nacionalismo y sus tesis.

Lo de esta charlatana es lógico en una charlatana, lo que no es lógico es que determinadas televisiones le sirvan de altavoz, día sí y día también. Y lo que no es normal es que el PSOE no reaccione y rompa los acuerdos con Podemos y similares que permite a estos estar gobernando en Instituciones en las que en absoluto han ganado. Democracia es el gobierno de la mayoría respetando a las minorías, no el gobierno de las minorías imponiéndose a la mayoría.

Un PSC sin rumbo en un PSOE sin liderazgo.


Iceta estaba por la labor de repetir aquel tripartito de Montilla y ver si así se aupaba a una poltrona a la que no llegará con los votos de sus votantes. Por eso no aceptó anunciar un pacto post electoral con las fuerzas que están con la legalidad, la democracia y la Constitución. Su apuesta por incluir en puestos destacados a destacados nacionalistas era un anticipo de su intención. Entre sus votantes, como entre los de Colau, los hay que quieren pelo y otros que prefieren pluma, por lo que la mejor definición del PSC es su indefinición. Sus bases no diferencian entre apoyar al Estado o apoyar al Gobierno, y la desmedida campaña sectaria contra el PP del PSOE y Sánchez ahora les pasa factura.

Colau les ha dado con la puerta en las narices y el PSOE no reacciona dando un portazo a los populistas allí donde gobiernan gracias a su apoyo. El anteponer tocar poder, pisar moqueta y cobrar por ello a unos principios y convicciones, tiene estas cosas y hace imposible a quienes se han desprendido de ellos obrar por otros motivos.

El PSC ha perdido una oportunidad de oro para aparecer como si tuviera firmes convicciones constitucionales y haber sido ellos quienes rompieran con los de Colau. Pero eso hubiera requerido que supieran donde están, a donde van y lo que quieren, además de explicar que su apoyo al populismo es por el interés de los ciudadanos, no por su propio interés partidista. Y no parece.

Y ahora, un PSOE humillado sigue apoyando a quienes reniegan de su posición constitucionalista señalándolo sin pudor mientra ellos agachan la cabeza para no perder donde sientan sus culos. Es el precio de prostituírse.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Pío, pío, que yo no he sido.


Hay un cambio de estrategia del independentismo ante los tribunales, Forcadell y compañía sí están respondiendo al interrogatorio en el Supremo. No sé si será fruto de un acuerdo con la Fiscalía para colaborar con la Justicia y que ésta no pida prisión provisional, pero me huele a eso.

El Ministro del Interior se acaba de pronunciar ¿presionar? en el sentido de que se tenga en cuenta la "situación social", "la ley", "el contexto" y "el entorno" a la hora de tomar una decisión. Vamos, que está pidiendo que no dicten prisión provisional para Forcadell, que es buena gente y tampoco ha hecho tanto. Y además, acata el 155 y colabora con la justicia.

Me huele que Forcadell duerme hoy en casa y eso servirá de preámbulo para que el resto de golpistas lo hagan también en breve, en cuanto el "razonable" Tribunal Supremo logre asumir la causa completa arrebatando a la Audiencia Nacional la decisión sobre su prisión provisional. Eso es lo que quiere el Gobierno y casi todos quienes quieren una justicia al servicio de la política. Esos mismos que no se han cansado de señalar la politización de la justicia cuando no hace lo que ellos quieren y ahora quieren politizarla para que haga lo que quieren.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Huelga ilegal permitida por un Tribunal. ¿Prevaricación?


Cuatro imbéciles dirigidos por un asesino terrorista* cortan las carreteras catalanas y perjudican a todos los catalanes en una huelga que nada tiene que ver con reivindicaciones laborales. Y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña lo ha consentido. ¿Está prevaricando dicho Tribunal?

Quienes cortan las carreteras no son piquetes informativos sino coercitivos. Eso es una huelga política, no laboral, y las huelgas políticas son ilegales. Si alguien no defiende ya a los catalanes no sería de extrañar que tuvieran que hacerlo ellos mismos.

La democracia no es eso. Democracia no es que una minoría se imponga a la inmensa mayoría y le impida el derecho a la movilidad e ir a trabajar. Democracia no es arruinar a una región con la intención de arruinar a una nación. Eso sí es represión.

*El secretario general de la CSC, convocante de la huelga general, es Carles Sastre, un viejo militante de la organización terrorista Terra Lliure y de su predecesora EPOCA -Ejército Popular Catalán- que fue condenado por el asesinato del empresario José María Bultó, que falleció tras explotarle una bomba que le adosaron en el pecho.

P.D. Son ilegales los siguientes tipos de huelgas: las huelgas políticas, las huelgas de solidaridad o de apoyo, y las huelgas novatorias.
Se denominan huelgas políticas a aquellas iniciadas o sostenidas por, según el art. 11.a) RDLRT, "motivos políticos o con cualquier otra finalidad ajena al interés profesional de los trabajadores".
Implícitamente, el Tribunal Constitucional se ha pronunciado a favor de la constitucionalidad del mencionado precepto, permitiéndose al legislador ordinario prohibir las huelgas polític
as.

martes, 7 de noviembre de 2017

Los medios de comunicación públicos catalanes, al servicio de los independentistas


Puigdemont: "Estoy cesado por un golpe ilegal del Estado español".


Gracias a la falta de determinación del PP, que ha acordado con el PSOE no intervenir los medios públicos catalanes para que sean de todos y no de unos cuantos, en "La Mañana de Catalunya Radio" ha podido oírse esta mañana un mitin disfrazado de entrevistas a toda la panda golpista.

Echo de menos que desde el Estado se haga campaña, no desde un partido, sino desde el Estado, para explicar de una vez y con muchos altavoces que está cesado por dar un golpe de estado contra el Estado español. Que repita hasta la saciedad que el 155 es una artículo de la Constitución y que se ha aplicado siguiendo lo que dice la Constitución, por lo que es una mentira para ignorantes y descerebrados decir que es inconstitucional.

Que diga mil veces que a nadie se ha encarcelado por sus ideas sino por sus hechos. Que reitere que no es verdad que haya mandato alguno de la ciudadanía catalana para declarar la independencia, pues los independentistas no tienen ni siquiera la mayoría suficiente para cambiar un sólo artículo del Estatuto de Autonomía Catalán.

Que machaque una y otra vez que el "referéndum" no sólo fue ilegal, sino que fue insuficiente si lo hubiera sido. Que el recuento fue un fraude, pero que suponiéndolo válido no es la mayoría del electorado, lo que imposibilita una declaración de independencia.

Que recuerde que la idea de una Unión Europea nació para impedir que los nacionalismos provocaran más guerras en Europa que acabaran en guerras mundiales.

Pero ya vemos, el Estado calladito, el Gobierno acojonado, y estos delincuentes, que han provocado un enorme daño a Cataluña y al resto de España, no sólo no paran de lanzar sus falaces mensajes publicitarios a los cuatro vientos, sino que no tienen quien les tosa.

Del Gobierno ya ni hablo, pues esta situación se tenía que haber evitado hace ya muchos años, y como no se hizo, había que haberla parado hace al menos cinco. Y como punto de inflexión, hace tres, con el desacato y provocación del referéndum de Mas.

Viendo las consignas que Rajoy está impartiendo para esta campaña electoral se explica que, con él en el Gobierno, se haya consentido todo esto hasta el punto de que no ha tenido más remedio, muy a su pesar pues no quería hacerlo, de aplicar la ley a quienes dieron un golpe que no quiso impedir que se diera.

Las campañas y programas electorales de los independentistas van claramente contra la Constitución y, por supuesto, contra la Ley de Partidos Políticos, pero "por supuesto" no se va a solicitar la ilegalización de esas ilegalidades. Y luego nos quejaremos de tener un Estado ingobernable, cuando no es más que el fruto de sucesivas cesiones y de un gobierno que no quiere gobernarlo.

Los políticos, esos que tienen que hacer las leyes y obligar a que se cumplan, se saltan la ley mientras nos exigen a los demás que las cumplamos. Y si no las cumplimos no esperemos los miramientos que entre ellos se dedican, no; lo pagaremos muy caro. Ya estamos pagando carísimo que ellos se las estén saltando.