viernes, 19 de enero de 2018

¡A por Ciudadanos!


"¡A por Ciudadanos!" es el último grito de guerra y argumentario único del marianismo y voceros al quedarse sin el "¡Que viene Podemos!" tras la bajada de estos.
A falta del voto del miedo, el voto del odio y de la pataleta de mal perdedor. Esta campaña del PP contra C's, orquestada por el marianismo, evidencia hasta qué punto de miseria moral se llega en política cuando se anteponen poltronas e intereses de partido al interés común. Sólo ellos se están quedando en evidencia; ante quienes no sean unos sectarios marianistas, claro.
Más parece que haya interés en forzar elecciones cabreando a C's para que les retiren el apoyo y así culparles a ellos y convocar esas elecciones antes de que C's completen sus estructuras y puedan mejorar más.
En cuanto a lo último que están argumentando recordando que C's (y el Rey, no lo olvidemos) estuvieron a punto de llevar a la Moncloa al PSOE, parecen olvidar que a quien llevaron a la Moncloa fue a Rajoy. Por eso está ahí.
Resulta patético y grotesco ver personajes a quienes se les supone un cierto nivel intelectual, siguiendo estas pueriles y sectarias directrices, que sobrepasan lo demagógico para rozar lo miserable.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Incierto final. Un análisis de Mariano Gomà


Mariano Gomà - 19 diciembre, 2017

Acostumbro a ser optimista, puede que por naturaleza, procurando pensar en positivo, así que confío en que una normal alteración de las condiciones naturales de cualquier cosa o estado siempre tiende a volver a la calma y a la normalidad. Quizás por ello sigo confiando en lo que confío, bajando a la arena a defender lo que creo en principios y valores, pero sobre todo para luchar por la concordia y la convivencia entre las personas, que es la base fundamental de la supervivencia de un género humano que habita éste maravilloso planeta sin reparar en que lo hace totalmente de prestado en el tiempo.

Sin embargo, ese natural optimismo se me enturbia estos días con los acontecimientos políticos que vivimos y, sobre todo, los que nos esperan en los próximos días, puesto que el triste pasado ya pasó y, aunque con profundas heridas abiertas, debemos enfrentarnos al día de hoy y, sobre todo, al mañana.

Las próximas elecciones del día 21-D van a ser determinantes para ese futuro y el horizonte que presentan me parece oscuro y tormentoso, puesto que no puedo entender la radicalización, hasta violenta, de un soberanismo imposible tanto por su ilegalidad, cuanto por su absoluta incompatibilidad en los aspectos económicos, identitarios y nula aceptación en el contexto internacional.

Que un grupo radical antisistema, después de su destructivo papel en la legislatura, todavía pueda mantener apoyo social suficiente para seguir dañando gravemente las estructuras de democrática convivencia, es algo incomprensible en un país moderno donde la sensatez debe siempre imponerse a la estulticia. Que partidos de aquel nacionalismo histórico -o que han derivado a ello desde una base burguesa que se ha alimentado y enriquecido aprovechando los recursos humanos de una España empobrecida por una cruel guerra civil- puedan, de forma insensata y antinatural, aspirar a vivir en una arcadia feliz que va a enviar a la base social productiva al empobrecimiento masivo, no puede ser considerado más que una perversidad de un pretendido nuevo sistema que mantendrá en sus privilegiadas atalayas a la clase dominante mientras envía a la ruina a la clase trabajadora, cuando no obligando al gran sector de la inmigración a retornar a sus países de origen.

Ése es, pues, un escenario que enturbia mi visión pero, por una parte mi optimismo natural. unido a la confianza que debo depositar en una sociedad catalana que está experimentando el angustioso vértigo del abismo, con los dirigentes golpistas admitiendo, aunque solo sea para eludir temporalmente la prisión, que todo lo que hicieron y declararon fue una simple broma, de igual forma que ahora acatan una Constitución y unas leyes de las que renegaron, me afianza en la idea de que se va a votar masivamente por la normalidad de una nueva Cataluña y que la vergüenza ante los hechos de todos aquellos sectores que creyeron en que esa locura era posible, les lleve a opciones de futuro cierto o a quedarse en casa.

Debe pues imponerse el sentido común y la cordura, por lo que estoy convencido de que el pueblo catalán optará por la concordia, la convivencia y la solidaridad; virtudes éstas de las que siempre ha hecho gala a lo largo de la historia.

Mariano Gomà es ex presidente de Societat Civil Catalana.

viernes, 15 de diciembre de 2017

¿Necesitamos construir vivienda nueva?


La falta de obra nueva y sus elevados precios empujan a 3 de cada 4 compradores a la vivienda usada.

Las viviendas de obra nueva parecen haber desaparecido del mercado inmobiliario español, pero no de la mente de los posibles compradores. Según una encuesta realizada por idealista, el marketplace inmobiliario de España, entre 1.500 usuarios que solo buscan vivienda de segunda mano, 3 de cada 4 usuarios han descartado la búsqueda de viviendas nuevas porque sus precios son elevados y porque no encuentran stock en sus zonas de interés.
El número de compraventas mantiene su tónica alcista, con un incremento del 25% (se vendieron alrededor de 450.000 viviendas en los últimos 12 meses según el INE), aunque las cifras de compra de viviendas nuevas siguen prácticamente en mínimos (17%). La realidad muestra que la construcción de nuevas promociones está al ralentí (se terminaron menos de 42.000 unidades en los 12 últimos meses) y los datos de visados (apenas 76.000 en un año) no auguran un cambio de tendencia a medio plazo.

Razones para elegir segunda mano

Los datos ponen de manifiesto que el precio y la falta de viviendas en el mercado son los principales obstáculos que encuentran los compradores a la hora de decantarse por obra nueva frente a la segunda mano. De hecho, el 41,3% de los encuestados respondió que no buscaba vivienda nueva porque la usada es más barata, mientras que el 34,3% reconocía que la zona en la que quería vivir no dispone de oferta nueva.
Un 8,7% de los encuestados respondió que necesitaba acceder rápidamente a la vivienda, por lo que no podía esperar a que se terminara. Un 7% de los usuarios asegura que sólo le interesan las viviendas usadas por decisión propia, por el hecho de "vivir en casas con historia".



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Los motivos económicos son el principal motivo por el que los españoles se decantarían por la obra nueva si finalmente se promoviera en su zona de interés. De manera ampliamente mayoritaria (el 79,3%), casi cuatro de cada cinco sólo comprarían si los precios fueran asequibles, mientras que un 8,8% admite que compraría sin duda si cumpliera la casa las características que busca. Sólo un 0,3% reconoce que sólo adquiriría vivienda nueva en caso de que ésta tuviera algún grado de protección pública. Aun así, un 4,4% de los encuestados asegura que, aunque se promoviera en su zona, no compraría bajo ningún concepto.



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¿Comprarían sobre plano?

En una situación en la que el stock de viviendas es muy reducido y las expectativas de que crezca a corto plazo muy limitadas, la opción de compra sobre plano se torna como única opción en muchos casos. Aun así, solo el 24,8% de los encuestados afirma que esperaría sin problema a que la casa estuviera construida, un porcentaje similar al de los que no podrían esperar (24,7%). La mayoría (42,7%) se sitúa en un plano medio: podrían esperar, pero no les parece la mejor opción.

Libre Mercado.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Aumenta la venta de viviendas y su precio.


La compraventa de vivienda enfila su tercer año consecutivo con crecimientos de dos dígitos. En 2017, se prevén 500.000 transacciones.
En España se vendieron un total de 354.405 inmuebles hasta el pasado septiembre, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), y se espera que la cifra total ronde las 500.000 transacciones al término del presente ejercicio, registrando así el mayor volumen desde 2008, cuando la crisis hizo su plena aparición en España. De este modo, la demanda inmobiliaria encadenaría su tercer año consecutivo con aumentos de dos dígitos, tras el crecimiento medio del 11,5% y 14% en 2015 y 2016, respectivamente.
Así pues, es evidente que el hambre por el ladrillo ha regresado a España, pero ¿qué factores explican esta favorable evolución tras el duro golpe que sufrió el mercado inmobiliario tras el estallido de la burbuja? La mejoría económica, la gradual reapertura del sector hipotecario, el ajuste de precios y el apetito de los inversores extranjeros explican, en gran medida, el resurgimiento de la vivienda y su consiguiente subida de precios, tal y como explica la patronal CEOE en su último informe trimestral sobre la economía española.

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En primer lugar, el notable crecimiento de PIB, tras registrar tres ejercicios consecutivos con avances superiores al 3% interanual, ha posibilitado la creación de 1,5 millones de puestos de trabajo, mejorando con ello la renta disponible de las familias y la confianza general de la población.
A ello se suma, por otro lado, la gradual reapertura del mercado hipotecario. Por el lado de la oferta, los bancos están relajando sus condiciones de acceso al crédito debido, entre otras razones, al aumento de la competencia, las mejores perspectivas tanto económicas como inmobiliarias y la mayor solvencia de los prestatarios. Mientras que, por el lado de la demanda, las familias se animan a firmar una hipoteca por las favorables perspectivas del mercado residencial, la mejora de la confianza de los consumidores, los bajos tipos de interés y el ascenso de las operaciones de reestructuración de deuda.
El tercer factor tiene que ver con el precio de los inmuebles, ya que, en la actualidad, todavía se sitúan un 30% por debajo del nivel máximo registrado en 2007. La combinación de menores precios y bajos tipos de interés ha permitido que el Indicador de Esfuerzo Teórico Bruto para la compra de vivienda (importe de las cuotas a pagar por un hogar medio en el primer año tras la adquisición de una vivienda tipo financiada con un préstamo estándar por el 80% del valor de tasación) haya mostrado una clara tendencia descendente desde 2008, cuando rozaba el 60% de la renta bruta disponible del hogar, hasta situarse en el 34%hoy.

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Por último, destaca el papel que sigue jugando la demanda extranjera en la recuperación del mercado inmobiliario. A partir de 2011, las compras por parte de inversores foráneos se empezaron a recuperar rápidamente, alcanzando en la actualidad en torno al 17% de las transacciones totales. La mayor parte de las compras de vivienda de extranjeros se concentran en la costa mediterránea y en las islas (Baleares y Canarias), alcanzando tasas del 40% del total de las transacciones en provincias como Tenerife o Alicante.
Por otro lado, aunque los británicos han sido históricamente -y continúan siendo- los principales compradores de vivienda en España, con un 15,1% de las ventas realizadas por extranjeros, su peso ha caído desde 2008, cuando representaban más del 37%. El Brexit y la depreciación de la libra están afectando negativamente a la demanda procedente de Reino Unido. Sin embargo, tal y como aclara la CEOE, "la caída de las compras de los británicos se está viendo más que compensada por el dinamismo de las compras realizadas por los ciudadanos franceses, alemanes o suecos, que registran crecimientos interanuales de dos dígitos. También los italianos, los rumanos o los chinos están aumentando su participación".

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En definitiva, "la demanda de compra de vivienda en España se ha visto favorecida por la mejora de la situación económica, del empleo, los bajos tipos de interés, las mejora de las condiciones de acceso a la financiación y el descenso de los precios de los inmuebles. También la demanda extranjera se ha recuperado después de la crisis, incluso antes que la demanda nacional", concluye el informe.
M. Llamas.

lunes, 27 de noviembre de 2017

BIENVENIDOS AL FUTURO.


Como la prudencia y la lealtad son dos actitudes que he procurado seguir a lo largo de mi vida, he esperado unas semanas para reemprender mi actividad de manifestar por escrito mis opiniones en relación a los históricos momentos que vivimos en Cataluña. Y ello porque desde mi decisión como Presidente de Societat Civil Catalana de pasar el  testigo a mi amigo y compañero Pepe Rosiñol, era debido el silencio para que en su nueva condición tuviera tiempo sin injerencias de conformar su nuevo equipo reestructurando la Junta Directiva, como por otra parte era lógico. Por experiencia conozco perfectamente las dificultades que se plantean cuando uno no dispone de la libertad de movimientos para aplicar sus propios criterios y por ello le deseo todo tipo de suertes y éxitos en su gestión.

Estamos viviendo en Cataluña y por consiguiente en toda España tiempos extraordinariamente convulsos, quizás los más intensos desde que la luz de la democracia iluminó nuestro sendero y, en el día a día, todavía nos zarandearán nuevos acontecimientos, movilizaciones y quién sabe qué sorpresas antes del 21 de Diciembre. Esa jornada pre navideña en la que los catalanes votaremos de forma legal y democrática se establecerán las reglas del juego y convivencia, esperemos que finalmente para un largo período de concordia social dentro de una España próspera felizmente integrada en Europa con el prestigio de un inmejorable reconocimiento internacional.  Es un sueño, en éste caso sí alcanzable cuando el pueblo catalán abandone la costumbre de mirarse de reojo y recupere la confianza en la diversidad de opiniones e ideologías.

En ese escenario de caos conceptual rayando el surrealismo con unos candidatos huidos a Bruselas para eludir la justicia y otros encarcelados para responder ante los tribunales, haciendo todos ellos juegos malabares para secuestrar los votos de la gente que increíblemente todavía les cree, vamos a intentar pasar definitivamente la página de nuestra triste historia  llevando al capítulo del pasado un presente que hemos sufrido en nuestras emociones y sentimientos para encerrarlo si es posible en el baúl de las vergüenzas bajo llave.

Y creo firmemente que el cumplimiento de la causa judicial, ni para ellos ni para la sociedad en general, va a ser lo verdaderamente importante, pues será la propia historia quién les juzgará situando para siempre sus figuras en su dramático lugar, lo cual a mi entender es infinitamente peor.

Pero Cataluña como comunidad singular y motor de España va a continuar su camino de crecimiento, mejora y capacidad de desarrollo una vez consigamos obtener las necesarias mayorías para el sentido común y el equilibrio en un horizonte nítido y amable en el que quizás hallemos escrita la palabra futuro. Y es en ese destino donde debemos depositar nuestra mirada, sin dudas ni complejos pues el éxito o fracaso será de nuestra exclusiva responsabilidad, en éste caso bajo el amparo de la Ley y de nuestro marco común de convivencia.

Pero no solo debemos centrar nuestra mirada en el horizonte exterior pues las sangrantes heridas que nos quedarán en el caso de que consigamos cerrar el capítulo unidas a la dolorosa fractura de la sociedad catalana, requerirá una muy especial atención en nuestro propio entorno de convivencia, en nuestras propias instituciones y foros sociales, así como en nuestras propias casas donde se desarrolla la convivencia familiar.

Recuerdo la sabia reflexión del gran arquitecto y pensador suizo Le Corbusier que definía   la casa como aquel espacio en que uno vive y sentirse en casa aquel lugar de sentimiento que puede incluso no ser el lugar de origen de la persona. Precisamente ese va a ser uno de los pilares donde deberemos descansar la nueva convivencia de todos los ciudadanos de Cataluña sin excepción.

Y ese es el desafío, si cabe, más importante que nos presenta el camino del futuro.

                                                                                     
Mariano Gomá. 

Me indica Mariano Gomá que pasa a ser Presidente del Consejo y deja el día a día, pero que orbitará por Madrid con instituciones, fundaciones, foros y políticos. O sea, que sigue al pie del cañón.

domingo, 26 de noviembre de 2017

España es el problema


JESÚS CACHO
26.11.2017

España acaba de salvar el match ball más peligroso de su reciente historia. El de un nacionalismo que hemos financiado con cargo a los PGE y que ha permitido a la derecha catalana apoyada en el quicio de la mancebía de Jordi Pujol disponer de casi 40 años para, ante la desaparición del Estado en la región, crear un Estadito clientelar basado en la corrupción y en la ocupación sectaria de todos los ámbitos de la vida política, económica, social y cultural de Cataluña. Con una deslealtad evidente a esa Constitución que consagra su autogobierno, el secesionismo ha pretendido romper uno de los Estados más antiguos del mundo, un Estado que, tras no pocas dudas, se ha defendido simplemente aplicando la ley y con los instrumentos que al Gobierno otorga la ley. A estas alturas, el diagnóstico de lo ocurrido está claro: los culpables del envite, traidores al pacto constituyente, son los nacionalistas, pero los responsables de que hayamos llegado a este punto hay que buscarlos en los sucesivos inquilinos de la Moncloa, los Gobiernos del PSOE y del PP, desde la entrada en vigor de la Constitución de 1978 hasta nuestros días.


En el perfil agónico del final de la Transición, estaba claro que el frágil equilibrio entre el Estado y los nacionalismos periféricos podía saltar por los aires en cuanto explotara la burbuja inmobiliaria y financiera. El golpe de estado del nacionalismo catalán hubiera sido inimaginable sin la crisis surgida a partir de 2008. Como ocurriera en los años 30 del siglo pasado, el nacionalismo se rebela contra España en el momento de mayor debilidad de España, en el punto más bajo de España como nación, cuando la crisis galopante difumina los perfiles de una sociedad que ha perdido el rumbo y de una clase política formada por tipos mediocres y oportunistas, profesionales del pasteleo ayunos de patriotismo, fieles únicamente al líder supremo que confecciona las listas electorales. Artur Mas se sube en marcha al tren secesionista en septiembre de 2012, en lo más duro de la crisis, cuando España está a punto de verse obligada a pedir un rescate país a la griega o portuguesa. Con lógica perversa, el nacionalismo catalán piensa entonces que aquello era su “ahora o nunca”.  

Curioso, el nacionalismo pierde la batalla mucho antes de lo que cree. La pierde cuando la Economía empieza a recuperarse de la crisis y a crecer a buen ritmo, creando empleo. La pierde el secesionismo y la pierde ese populismo, aliado coyuntural del nacionalismo, empeñado en destruir el Régimen del 78 para edificar sobre sus cascotes una solución neocomunista a la venezolana. El partido, con todo, está lejos de haber terminado. Y no lo está porque España ha superado la crisis económica, pero sigue inmersa en una aguda crisis política que dura ya casi una década, y cuya expresión más certera ha sido precisamente la rebelión nacionalista. Se trata de una crisis de agotamiento del sistema que ya estaba presente entre los síntomas que acompañaron la de 1992/1993, con el final del felipismo y sus casos de corrupción y cuya solución aplazó el boom del crecimiento que dio comienzo a partir de 1996. Y aquí entramos en el meollo del asunto: el problema no es tanto la radical deslealtad del nacionalismo catalán como la incapacidad, la debilidad y la impotencia del Estado para hacer frente a ese desafío. Dicho de otra forma: el problema no es Cataluña, sino la propia España. Barcelona es el reflejo de un gran incendio cuya hoguera está radicada en Madrid.

La solución al problema no puede consistir en que nos entre un súbito ataque de comprensión a los sentimientos nacionalistas, ni en un aumento de la financiación autonómica

La solución al problema de los nacionalismos no puede consistir, por eso, en que a todos nos entre un súbito ataque de comprensión a los sentimientos nacionalistas, ni en un aumento de la financiación autonómica (al nacionalismo no se le sacia con dinero), ni mucho menos en la cesión de más y más competencias (como pretenden los Icetas de turno) si es que quedara alguna por transferir. No hay que arreglar Cataluña: hay que arreglar España. No se podrá curar a Cataluña sin antes sanar a España. Hay que darle una salida de futuro, un proyecto de futuro integrador a un país que se debate en el callejón sin salida en el que le han situado los dos grandes partidos del turno corroídos por la corrupción y cuyo único objetivo es el monopolio del poder por el poder, el quítate tú que me pongo yo, en el convencimiento de que los problemas de la democracia se arreglan con más democracia.

Abrir un nuevo periodo histórico
Ese proyecto pasa por mejorar radicalmente la calidad de nuestra democracia, lo cual seguramente pasa por enviar al PP a la oposición durante unos cuantos años, para obligarle a una regeneración radical tanto de líderes como de ideas. Caminamos uncidos al yugo de un Gobierno que transita con una mano atada a la espalda por culpa de la corrupción del partido que lo sostiene, lo que le resta legitimidad a la hora de aplicar la ley, algo que ha hecho tan difícil la solución a la crisis catalana. Es la corrupción de los “partidos del turno” lo que coloca al Estado a la defensiva ante la arrogancia nacionalista. Y es esa falta de legitimidad, más los tradicionales complejos de tanto demócrata sobrevenido, lo que explica que, a pesar de haber quedado demostrado que la aplicación de la Ley es el ungüento mágico capaz de hacer aterrizar en la realidad a los golpistas, el Ejecutivo Rajoy haya sido incapaz de impedir, mediante el uso legítimo de la fuerza, la huelga general política que una escuálida minoría impuso a la inmensa mayoría de los catalanes el pasado 3 de octubre.

La Transición ha muerto. Acabó en junio de 2014 con la abdicación de Juan Carlos I, máximo exponente de las luces (el fenomenal desarrollo experimentado por España en las últimas décadas) y sombras (su intolerable corrupción) del periodo. La crisis catalana ha venido a certificar esa defunción. España necesita abrir un nuevo periodo histórico capaz de transportar a las nuevas generaciones en un proyecto de vida colectivo para los próximos 40 o 50 años. Resulta difícil imaginar a PP y a PSOE como muletas capaces de soportar esa travesía. Un nuevo proyecto histórico que debe comenzar por una puesta al día de la Constitución del 78, no para otorgar nuevas canonjías, no para proseguir con el vaciado de competencias del Estado, no para hacer nuevas concesiones a unas Autonomías que ya tienen competencias sobradas, sino para corregir los defectos del diseño territorial plasmados en dicha Constitución, para arreglar lo que se hizo mal y lo que la experiencia ha demostrado que funciona mal. Para devolver al Estado algunas de esas competencias que jamás debió perder, caso de la Educación, o para devolver el Estado a algunas Comunidades de las que jamás debió salir. Se trata de una visión de España que a no dudar contará con la oposición frontal del establishment político, de derechas y de izquierdas, del centro y de las periferias, pero que ineludiblemente habría que someter a consulta de los españoles.

Este martes, una decena de catedráticos de Derecho Constitucional y Administrativo, comandados por Santiago Muñoz Machado, dieron a conocer un “paper” (“Ideas para una reforma de la Constitución”) que propone abordarla “en la línea de los sistemas federales” vigentes en países de nuestros entorno. Con un lenguaje deliberadamente críptico, los firmantes proponen incorporar a la Constitución una nueva Disposición Adicional que establezca un “régimen jurídico singular” para Cataluña y una “relación bilateral” con el Estado, eso sí, dentro de la Constitución. Aunque se trata de un documento más de los muchos que a partir de ahora van a ver la luz, porque estamos ante el tema por antonomasia del inmediato futuro, parece que Muñoz Machado y sus copains no se han enterado de nada. No se han enterado de lo que ha ocurrido en los dos últimos meses, desde luego no de las dos gigantescas manifestaciones que el 8 y el 29 de octubre inundaron las calles de Barcelona para decir basta al secesionismo. O si se han enterado, siguen dispuestos a ofrecer la otra mejilla a ese nacionalismo supremacista y xenófobo ante el que tanta gente acomplejada se ha hincado de hinojos en la última década. Tal que José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE, quien ayer mismo aseguraba que Inés Arrimadas no puede ser presidenta de Cataluña porque “no comprende el hecho singular catalán”. Los lacayos del nacionalismo en Madrid tienen que enterarse de una vez de que no hemos llegado hasta aquí para terminar comprando la moto de esa “singularidad” catalana que algunos quieren vendernos.

El pozo negro de la financiación de los partidos
Reforma de la Constitución que debería llevar aparejada, dentro o fuera de la misma, algunas otras cuestiones imprescindibles para esa mejora de la calidad de la democracia española, tal que la definitiva separación de poderes (devolver la independencia a la Justicia), una reforma de la Ley Electoral, una nueva y efectiva Ley de Financiación de los partidos (verdadero pozo negro de la corrupción política), etc., etc. Se trata, en definitiva, de hacer un país más justo, más rico, más liberal, menos corrupto, más eficiente, más volcado en la Educación y las nuevas tecnologías, más dado al mérito y al esfuerzo que a los privilegios, más proclive a las vocaciones empresariales, más centrado en facilitar la vida a las empresas, en lugar de pretender esquilmarlas, porque ellas son las llamadas a crear riqueza y asegurar el futuro de nuestro Estado del bienestar. Un país de hombres libres e iguales ante la ley.

Repito, el problema no es Cataluña: el problema es España, y esa incógnita se despeja convocando a la ciudadanía a un nuevo gran pacto colectivo llamado a convertirla en lo que realmente ya es: el mejor país del mundo para vivir una vida. Solo en la medida en que España sea fuerte, cuente con un proyecto sólido de país, los nacionalismos serán débiles, porque una España fuerte es la mejor garantía de nuestras libertades y derechos. Pequemos de optimismo. La crisis catalana ha hecho aflorar realidades que son garantía de futuro y con las que hace apenas unos meses no contábamos: contamos con un Rey joven que, al contrario que su padre, ha sabido estar a la altura de las circunstancias; contamos con un partido de nuevo cuño y marchamo liberal, Ciudadanos, no contaminado por la corrupción y con un proyecto para España; contamos también con una Justicia (ahí está la juez Lamela o el fallecido Maza) que parece haber superado la fase más aguda de su crisis (solo el Periodismo sigue hozando en el barro), y, por encima de todo, contamos con un gran pueblo, con esa mayoría silenciosa que ha despertado sin necesidad de convocatoria de partido alguno, la España ciudadana que ha redescubierto su bandera y ha desempolvado un cierto orgullo democrático en ser español, en Barcelona y en Madrid. La España que, en el momento de máximo peligro, ha sabido movilizarse para impedir que nadie le arrebate su futuro. 

jueves, 16 de noviembre de 2017

¿Aznar ya no es del PP o el PP ya no es el de Aznar?


"Si se quiere abrir el debate, que se abra, pero que no sea para satisfacer a los secesionistas, sino para reafirmar la igualdad de los españoles, la solidaridad entre regiones y el estado de derecho".

"En Cataluña estamos viviendo las consecuencias de no hacer política durante mucho tiempo. Los partidos constitucionalistas han dejado de hacer política y se la han dejado al nacionalismo y al independentismo. El PP y el PSOE deberían hacer política y defender una idea nacional de España, una España europea, abierta".

Estas dos apreciaciones de Aznar seguro que son apoyadas por todos los votantes del PP, pero no son respetadas por la cúpula actual del PP, que sí mantiene el discurso aunque no lo lleva a cabo. Este PP de Rajoy, y el propio Rajoy, parecen el PP cuando hablan pero en absoluto lo son cuando actúan, y mucho menos cuando no actúan e incumplen lo que prometen y dicen.

Negar que ese es el motivo de la pérdida de tres millones de votantes es negar la realidad, algo en lo que se han especializado en los últimos años. Y si no han perdido más votantes es por el miedo que les han inculcado a que si no votan PP vendrán "los malos", vendrán "los rojos", el Frente Popular y el acabóse. Y en ese sectarismo que se han encargado de sembrar todo lo que no sea PP es esa hecatombe. 

Y los que se van por la derecha, son tachados "extrema derecha fascista" y traidores que desperdician su voto en opciones que no van a ningún lado. Pero al tiempo se niegan a reconocer su errores y el hecho de que, justa o injustamente, Rajoy carece de autoridad moral para muchísima gente por culpa de haber estado al frente del partido mientras se producían en éste actos de corrupción de todo tipo.
Dirigentes del nivel de Esperanza Aguirre han asumido su culpa "in vigilando" y han dimitido, él no. Y así como el PSOE no tienen tampoco autoridad moral para acusar a nadie, habida cuenta de lo que tiene en sus filas, no es el caso de Sánchez que puede alardear que él no tenía cargo relevante alguno en su partido mientras esos casos ocurrían, y a ojos de la opinión pública está más limpio que Susana Díaz.

Por mucho que digan, el PP de hoy poco tiene que ver con el PP de ayer. Sus promesas electorales, basadas en lo que eran sus principios de siempre, han sido las primeras que se incumplieron cuando tenían una mayoría más que suficiente para haberlas llevado a cabo. Y hoy en día son muchos los responsables del partido que declaran principios completamente opuestos a aquellos. Negarlo es negar la realidad, cosa en la que se han especializado desde hace demasiado.

Ver a quienes no hace tanto definían a Aznar como el mejor Presidente de la democracia aceptando las críticas y el ninguneo que recibe del partido que refundó, produce melancolía desde fuera; desde dentro produce bastante más que algunos cabreos. Pero aquí no se mueve nadie, no vaya a ser que pierdan esas poltronas que, precisamente por eso, son cada vez más escasas.