viernes, 11 de enero de 2013

Transformar el sector inmobiliario


Existe un consenso generalizado en señalar que el sector inmobiliario ha sido uno de los que más severamente ha sufrido los efectos de la crisis económica. 

Sin embargo, esto no implica que la mejor solución sea abandonar la reflexión estratégica sobre el sector inmobiliario y su importancia, sino que, por el contrario, se trata de valorar en su justa medida una serie de valores concretos –nuestras características demográficas, nuestras costumbres sociales y económicas, nuestra ubicación geoestratégica en el panorama turístico, nuestro conocimiento técnico y práctica empresarial, de reconocido prestigio mundial y nuestra potencialidad en eficiencia energética–, sobre todo, en un mundo desarrollado que se está moviendo hacia unos mayores requisitos de sostenibilidad para las ciudades y las infraestructuras.

En definitiva, España sí necesita de este sector para su recuperación. España necesita un sector inmobiliario robusto, con valor añadido y proyección internacional. Pero para ello debemos diseñar la hoja de ruta hacia un modelo de negocio diferente.

Los agentes involucrados coinciden en que el modelo de negocio anterior ya no es válido, el negocio inmobiliario se ha de transformar hacia un modelo distinto que no volverá al punto de partida inicial, es decir, a situaciones de crecimientos exagerados y desequilibrios subyacentes. Aceptar y enmendar los errores del pasado son la base para crear los pilares sobre los que se asiente el futuro inmobiliario de nuestro país. 

Apoyamos el inicio de la transición hacia un desarrollo competitivo y sostenible en el largo plazo del sector, entendiendo ‘sostenible’ como un crecimiento económico más equilibrado y responsable desde las perspectivas económica, social y medioambiental. Para ello hay que abordar también cambios en el corto plazo que ayuden a romper con la atonía del sector.

Cambios a corto plazo
  1. Asumir la pérdida latente de los activos inmobiliarios, fundamentalmente en el suelo. 
  2. Elaborar una hoja de ruta que tutele el destino de los activos inmobiliarios problemáticos, gestionado por técnicos y expertos del sector inmobiliario y monitorizado por el Estado.
  3. Establecer mecanismos financieros que soporten el mantenimiento y la recuperación a largo plazo de estos activos. 
Cambios a medio plazo
  1. Elaborar un plan estratégico de desarrollo del territorio que incluya inventarios físicos valorados del suelo, un estudio actualizado de viviendas sin vender y estadísticas de ventas que aislen el efecto “entidades financieras”.
  2. La regeneración de zonas turísticas degradadas. 
  3. Identificar bolsas de oportunidades por la deslocalización de los centros de trabajo nacionales e internacionales, fomentando políticas incentivadoras hacia zonas con exceso de oferta, por ejemplo, las costeras. Las ventajas tecnológicas crecientes permitirán gradualmente un mayor peso del trabajo a distancia. 
  4. Estimular el desarrollo de un modelo de negocio más tecnológico, eficiente y sostenible, y por tanto, más competitivo. 
  5.  Fomentar modelos de financiación equilibrados, ajustados a los intereses de las partes (entidad financiera, promotor inmobiliario y usuario final). 
  6. Impulsar políticas incentivadoras de financiación de proyectos clasificados como tecnológicos y sostenibles. 
  7. Reconvertir las administraciones públicas y la forma de financiación de los municipios, aumentando las competencias regionales y estatales en materia urbanística frente a las locales. 
  8. Incrementar la simplificación, transparencia y homogenización de los trámites urbanísticos. 
  9. Activar planes de formación y educación de la demanda, tanto del usuario final como del inversor.