lunes, 13 de octubre de 2008

El crucero de Herodes.

El jueves llegará a Valencia un barco para practicar abortos en aguas internacionales.

Por si alguien dudaba del tremendo negocio que es el aborto, aquí tiene una prueba. Un barco, no una lanchita, no: un barco. El barco es de la ONG abortista holandesa Women On Waves. Los organizadores valencianos pretenden con este numerito apoyar la nueva ley del aborto y considerar a éste como un derecho de la mujer. Según la Agencia Efe:

Aunque hasta el momento tres mujeres han aceptado abortar en el barco, la intención de estas asociaciones y ginecólogos es llevar a cabo ocho abortos a mujeres con embarazos de menos de seis semanas y seis días en un barco de bandera holandesa, con la única autorización de la mujer, frente al requisito de la Ley Orgánica española de Interrupción Voluntaria del Embarazo de 1985 de autorización de un profesional médico.
La embarcación hará dos salidas a aguas internacionales -a 30 kilómetros del puerto- para practicar abortos, una el viernes 17 y otra el lunes 20, bajo el paraguas legal de la ley holandesa, que permite realizar abortos de hasta siete semanas con el método farmacológico en aguas internacionales.

Y en él el irá el ginecólogo Josep Lluís Carbonell, miembro de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo (ACAI), y director de la clínica Mediterránea Médica en la Comunidad Valenciana, por lo que su interés no es precisamente desinteresado. Este animal defiende el aborto hasta las 24 semanas.

No parece pues que quienes fletan dicho barco con el objeto de querer convertir en un derecho el disponer de la vida ajena, y considerar el embarazo como algo que afecta exclusivamente a la mujer, lo hagan de forma altruista; en absoluto. Lo hacen porque es un negocio y viven de él. Y quieren vivir mejor. Y para ello impiden que otros puedan siquiera nacer, convenciendo a sus madres de que no son más que granos no deseados y que no tienen derecho a la vida.

Quisiera yo ver si alguno de estos que organizan estos cruceros de la muerte de inocentes moverían siquiera un dedo si ello no les fuera a reportar beneficio económico. Eso del cuento de que quieren defender el derecho de la mujer es una falacia además de una inmoralidad inhumana. Y lo hacen cínicamente practicando el aborto con pastillas y en las seis primeras semanas, para evitar el impacto que supone la realidad del aborto libre y la carnicería que practican a diario en sus clínicas despedazando cuerpecitos de inocentes a cambio de dinero.

Su negocio da para fletar barcos y para contratar a expertos en imagen. Y hasta para conseguir apoyos de políticos inmorales. Es un negocio que mueve muchísimos millones anuales. Y que no duda en valerse y apoyar a partidos expertos en manipulación de conciencias y capaces de impulsar leyes que beneficien a dicha industria del infanticidio. Y vestirlo con el disfraz de que impulsan nuevos derechos. Y en este caso, la aberración que supone que una madre, portadora de vida, considere un derecho privar del derecho a la vida a su propio hijo.

Gente así es quizás la que no debiera de tener ese derecho si su derecho a la vida lo ejerce privando a otros de ella. Y mucho más si esos otros no tienen defensa alguna. A estos es a quienes perjudicaría una ley de adopción que propusiera la misma como alternativa al aborto. De la adopción no les quedarían beneficios económicos en sus bolsillos. Por eso no querrán oir hablar de ella.