miércoles, 29 de junio de 2016

Dejad las sillas tranquilas.


Rivera no debería seguir vetando a Rajoy, ya está claro que la mayoría de votantes no lo quiere, de haber sido así le hubieran devuelto la mayoría absoluta. No hace falta insistir en ello. Así que para que haya gobierno debiera estar imponiendo condiciones, pero no sillones. El sillón de Rajoy, de sentarse en él, caerá solito en un año a más tardar. Y muy posiblemente ayudado por los que hoy lo jalean.

Pero ponerse en la posición de veto le asimilaría a Sánchez y le haría culpable de una nueva convocatoria electoral. Lo inteligente sería cargar las culpas a otros, de darse esa circunstancia. Tiene tres millones de votantes -curiosamente el mismo número de votantes que ha perdido el PP desde la anterior legislatura válida- que saben que no quiere a Rajoy en el Gobierno y a pesar de ello le han votado, pero la intransigencia en política se paga caro y conseguiría mucho más permitiendo que gobernara a cambio de necesarias reformas.

Curiosamente, a pesar de la pérdida de ocho diputados, la posición de C's es más fuerte de lo que era tras el 20D, pero la soberbia y la intransigencia pueden convertir en espinacas el músculo, no al revés. Él no es Popeye.

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