lunes, 27 de octubre de 2008

Facturas.

El Gobierno ocultará a la opinión pública a qué entidades va a ayudar.

Somos el único país en el que no se ha hecho una ley que impida a las entidades, que reciban dinero público, seguir repartiendo dividendos y pagando sueldos y bonos millonarios a sus directivos. En todos los demás se ha hecho por ley. En Francia, Alemania y EEUU directamente por decreto. Aquí no; aquí tan sólo tenemos la palabra de Zascandil con Zeta de que ha dicho a las entidades financieras que lo pongan en práctica. Tiene gracia; el botones de la banca diciendo al director lo que tiene que hacer. Aunque lo que no tiene gracia es que para dedicar mi dinero a ayudar a los banqueros se haga un decreto, mientras que a los banqueros que usen de mi dinero tan sólo se les pida que no derrochen, pero sin obligarles por ley. No es una palmadita, una sonrisa o el talante lo que obligará a los que ya lo han hecho a seguir derrochando, y esta vez lo harán con nuestro dinero.

Y además nos dicen que no se van a hacer públicos los nombres de las entidades a las que se entregue nuestro dinero. Dicen que para que no se vean afectados por el rechazo del público y sus clientes retiren su dinero. Así que tenemos que ayudarles con nuestro dinero y además protegerlos para que no sufran el castigo de sus clientes por su mala gestión. Y además, seguirán pagando beneficios a sus accionistas y directivos. ¿Será por eso por lo que Zascandil dijo que era el sistema financiero más sólido del mundo? ¿Quizá porque es el más protegido?

La oposición ¿? dice pero no hace. Se ve que el poder de la banca está muy por encima del poder político y es su dueño absoluto. Así que a obedecer y a ayudarles a salir del lío en el que se han metido, y además hacerlo con nuestro dinero. Hoy he oído a Rajoy que el problema de España es que no tiene Gobierno. Yo añadiría que tampoco tiene oposición.

En otros países, las entidades que han gestionado mal lo han pagado con creces. En EEUU han desaparecido entidades que parecían intocables. Aquí sin embargo no desaparecen porque sí son de verdad intocables. Si una entidad tiene problemas por su mala gestión, es lógico que sus clientes la castiguen, y con más razón si no cambia de directivos y sigue pagándoles bonos por lo bien que lo han hecho. Su clientela puede que se fíe si eso se cambia y se dice con claridad que se va a cambiar. Pero de eso a ocultarnos a donde va a ir nuestro dinero, hay un abismo. No es normal que cinco personas, dirigidas por un mismo partido, sean quienes controlen el asunto. Si alguien va a usar el 15% de mi dinero, quiero saber qué hace con él.

Cuando yo hago mis declaraciones a Hacienda, o presentamos las de mi empresa, el fisco me exige todo tipo de facturas y comprobantes de en qué he gastado el dinero. ¿Y cuando Hacienda se gasta de forma extraordinaria mi dinero no me va a decir siquiera en qué? De eso nada, exijamos las facturas. Con nombres, fechas, y cantidades. Y con las condiciones de la devolución de nuestro dinero.

Esto no es más que el mayor robo que se ha cometido en la Historia. Esta intervención es un disparate monumental. A lo mejor es necesario por la excepcionalidad de la situación, pero en absoluto se trata de premiar y tapar a quienes han creado el problema por su exceso de codicia. Aquí no sólo se pretende ayudarles con nuestro dinero, sino además se trata de protegerles de tener que expiar sus culpas. Y todo se hace para esconder los disparatados derroches de las Cajas de Ahorro gestionadas con y por intereses políticos y no económicos.

Cuando Blanco dice que Zascandil no está mendigando una silla -para salir en la foto de la cumbre convocada por Bush- sino que está exigiendo el puesto que nos corresponde en el concierto económico mundial, habría que decirle que los puestos no se exigen, se ganan. Y Zapatero se ha ganado a pulso el puesto de don nadie internacional. Y mucho más a nivel económico. En absoluto van a necesitar los consejos de un inepto absolutamente manipulado precisamente por quienes generaron el problema. Esos países no ocultan el nombre de las entidades a proteger. No necesitan entre ellos a quien engaña y oculta la realidad a sus ciudadanos. Esto también es una crisis de confianza, y meter en la cumbre a quien genera desconfianza a borbotones, no es buena opción.

Y si a todo ello sumamos una nefasta política exterior y una constante metedura de pata de nuestro presidente, que no ha parado de insultar precisamente a quienes ahora quiere desesperadamente como comensales. A lo mejor hasta consigue ir como un convidado de piedra. Como cuando antaño se invitaba al hijo del portero al cumpleaños del niño de la casa. No sólo no es consciente de su ridículo, sino que se empecina en aumentarlo patéticamente. Cada vez queda más claro que sus esfuerzos no obtienen eco internacionalmente. Que se nos ningunea. Si se hubiera estado calladito, a lo mejor lo hubiera disimulado algo.

Este memo profesional que hasta había convencido a otros de que EEUU es el culpable de todo y Europa la que lo va a arreglar bajo sus liderazgo, sigue empeñado en quedarse sólo con sus incomprensiblemente seguidores incondicionales. Lo malo es que son muchos, y que entre ellos están la mayoría de la prensa, la radio y la televisión; esta última, creadora de opinión por excelencia. Además de todos los que viven de que él esté donde está.

Y mientras, los demás, estamos donde estamos entre otras cosas porque él está donde está. A caballo entre la Moncloa y Babia.