jueves, 25 de junio de 2009

Noche de San Juan alicantina.

Alicante en llamas.., de fiesta.

Anoche, justo a las doce de la noche, Alicante se iluminó con una gigantesca palmera blanca de fuegos artificiales lanzada desde el castillo de Santa Bárbara. La palmera podía verse desde prácticamente toda la ciudad y alrededores. En medio del núcleo urbano, a través de calles y callejuelas que mostraban parte de la palmera de fuego, pero cuanto más alejados del castillo, más visible es el espectáculo que da la orden de iniciar la quema, la cremá, de las hogueras -que no fallas- en donde también se depositan los restos del desmantelamiento de las barracas festeras para su purificación por el fuego.

Los bomberos se van desplazando a las hogueras a medida que otras son sofocadas tras consumirse. Arden varias al tiempo en distintos puntos de la ciudad, y así hasta la última, que puede arder ya avanzada la noche. La gente va en peregrinación para ver como arden las hogueras de su elección, si no coinciden en la hora, en cuyo caso no toca otra que elegir.

Desde la Plaza de Calvo Sotelo se pudo contemplar la cremá de dos de ellas si te situabas estratégicamente. Y además, eran dos de las más bonitas de este año. Una de ellas, premio al Ninot Idultado -Ninot Indultat- que pasará al Museo de Hogueras del Ayuntamiento rescatado de las llamas por sus méritos artísticos.

Noche de música, ruido, pólvora, fuego y agua, pues los jóvenes, que se acercan al fuego hasta que su calor se hace insoportable, piden a voces a los bomberos que los remojen al grito de ¡Agua! Aunque en estos tiempos de logse en que vivimos ese grito se confundía con el de ¡hijos de puta! para ver si así les empapaban a conciencia como represalia. Cosas de la educación.

Cuando la traca de fuegos artificiales que rodea cada hoguera, y a través de la que se prende, consigue que broten las primeras llamas, suenan los acordes festeros del himno de las hogueras, A la luz de las Hogueras - A la llum de les fogueres-, ahogado entre el clamor del público asistente y el tronar de los petardos.

Las humorísticas, críticas y artísticas esculturas de cartón y madera, así como sus irónicos carteles, desaparecen rápidamente bajo la acción de las llamas controladas estratégicamente por los bomberos. Tradicionalmente muchos de dichos carteles están escritos en valenciano -alicantí, decía un amigo de la infancia, que aún hay clases- y acompañados de su correspondiente traducción al mucho más universal español. Ahora en muchas de ellas se omite este signo tradicional de buena voluntad y concordia idiomática, con lo que se puede encontrar uno hogueras con dichos carteles escritos íntegramente en valenciano o en español, aunque en otras muchas siguen conviviendo ambos. Signo de los tiempos de imposición aldeana que corren y de su correspondiente reacción.

En cualquier caso, noche de fiesta por todo lo alto. Y fiesta para todos, no para unos pocos. Las barracas tienen su parte abierta al público, no son guetos cerrados, aunque los hay. Las bellezas del fuego, belleas del foc, de cada hoguera asisten llorosas al fin de su reinado, de sus días de gloria y pasacalles, vestidas con sus bellísimos atuendos y arropadas por la banda de música y la Comisión que hizo posible el evento. Las comisiones festeras de cada hoguera ya piensan en la próxima hoguera, la del año que viene. Y mañana mismo se ponen a trabajar para que en el próximo solsticio de verano se repita la fiesta. A pesar de la crisis y de lo que sea.

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