viernes, 24 de julio de 2009

Gezur Herría

El mismísimo Estatuto de Guernica se basa en una falsedad.

Lo que parte de una mentira no puede ser nunca cierto, y eso le pasa al mismísimo Estatuto de Guernica por el que se rige la Autonomía Vasca. Y es así porque en su encabezado se equiparan dos cosas distintas. En el título preliminar -que es en donde los Estatutos dicen aquello que se quiere conseguir pero que legalmente no es admisible por inconstitucional- se dice textualmente: "El Pueblo Vasco o Euskal Herria, como expresión de su nacionalidad, y para acceder a su autogobierno, se constituye en Comunidad Autónoma dentro del Estado español bajo la denominación de Euskadi o País Vasco, de acuerdo con la Constitución y con el presente Estatuto, que es su norma institucional básica" (sic).

Pues bien, Euskal Herria no es el pueblo vasco sino el territorio donde se habla vasco, que es cosa bien distinta. Y en él es de sobra conocido que los nacionalistas incluyen a Navarra y parte del sur de Francia. Ninguno de estos territorios, ni mucho menos su pueblo, se ve afectado por el Estatuto de Guernica, que sólo afecta al territorio de las tres provincias vascas. De haber sido rigurosos jurídicamente hablando, esta aberración no sería legal pues intentaría afectar a gentes ajenas al País Vasco por el hecho de que alguien en su territorio hablara vascuence, aunque ya se sabe que aquí puede suceder cualquier cosa por esperpéntica que sea. Y es que si se miente o se falsea sobre el sujeto que se dice es quien impulsa la constitución de la ley -o a quienes afecta-, la ley es nula por vicio de origen. Por ello se dice para justificar los disparates que el título preliminar no tiene valor jurídico, en otra falacia más para acallar voces discrepantes y disfrazar de democrático a determinado nacionalismo.

Ese "o Euskal Herria" no es otra cosa que el gol que el PNV y sus amigos etarras lograron colar en el Estatuto y que los demás partidos tragaron de forma inexplicable. Ahora se intenta hablar de la realidad del País Vasco, de su territorio legal, y por ello se está tratando de omitir la denominación Euskal Herria que se refiere a un territorio que en buena parte no es de ninguna de las provincias vascas; lo que no gusta a los nacionalistas y para evitarlo, el PNV apela a aquella trampa que equiparaba lentejas y almejas. Un territorio no es el pueblo que habla un idioma, al menos no es lo mismo tierra que personas. Pero ahora el PNV quiere hacer valer ese confusionismo incluido en el Estatuto para impedir que los niños vascos se enteren de cual es su patria chica. Si el País Vasco fuera el país de los que hablan vasco, estaría formado por cuatro gatos.

Si a un niño watusi se le enseña desde pequeño que su territorio incluye Inglaterra, es normal que luego se crea inglés, aunque watusi seguirá; y puede que hasta sienta que los ingleses le están robando su territorio pues no son watusis como él. Los sentimientos filiales y de pertenencia a un terruño se fraguan en la infancia y perviven para siempre, por lo que no es justo mentirles a los niños sobre su realidad. Si a un niño se le dice que es hijo del Rey, se pasará la vida pensando que el Príncipe es un usurpador que le ha quitado su dignidad real, y que el Rey le ha despojado de aquello a lo que tiene derecho por la gloria de Dios. Y algo similar es lo que estos paranoicos nacionalistas han estado haciendo durante treinta años.

En el caso que comento, se trata de un Estatuto que intenta ser la ley básica de un territorio que no queda definido, pues se dice que Navarra tiene derecho a pertenecer a él en el supuesto de que así lo quiera. Otro disparate más de los muchos que perpetran los nacionalistas y que tragan los que no se atreven a oponérseles claramente.

Por ello usarán las armas ocultas que dejaron dispersas por doquier y que algunos permitieron pensando en que no tenían importancia alguna. Y es que con el nacionalismo no se puede pecar de ingenuo. Ellos sí que viven en el País de la Mentira, ese Gazur Herria o como quiera que se diga, suponiendo que se pueda decir en este idioma reinventado que dicen euskera y que pocos de los que tradicionalmente lo hablaban lograrían entender hoy.

Cuando estos gezurtis aplican el calificativo de "nacionalista español", en un intento de equipararse o de descalificar a quienes somos españoles y nos negamos a que nos quiten una parte de España, vuelven a mentir. Esa falacia queda en evidencia si aplicásemos a dicho concepto el mismo rasero al que ellos se someten:

Nacionalista español sería, siguiendo sus propias reglas, aquel que quisiera que España fuera todo territorio en donde se habla español. Y ello, además del propio País Vasco, incluiría buena parte de América, del Pacífico, y hasta de África. Así que menos chorradas, que nada tiene que ver su aldeanismo con el aceptar la historia, la realidad, las leyes democráticas y con el caminar hacia la desaparición de fronteras, en vez de querer imponer nuevas.