sábado, 11 de julio de 2015

La matanza de Srebrenica


Hoy se cumplen 20 años de una matanza, un genocidio, cometido en el corazón de Europa y ante la mirada atónita de los cascos azules de la ONU. Toda una demostración de inoperancia de ese organismo y un aviso a navegantes. A esos "navegantes" que creen que en Europa, por mucho que se estire la cuerda de cualquier conflicto, nunca pasará nada pues es garantía de ello la propia Europa. Está claro que ha pasado y pasará si no dejamos de creernos amparados por algo inexistente si no hay decisión de que exista. Esos que creen que aquí se puede permitir todo porque nunca llegará la sangre al río deberían reflexionar. Aquí, en Europa, cuna de las mayores guerras de la Historia, si juegas con fuego te quemas como en cualquier parte. Y puede que los demás te miren sin hacer siquiera ademán de ir a por un cubo de agua para apagarte.

En 1992, cuando comenzó la guerra de Bosnia y Herzegovina, el 75 por ciento de la población de Srebrenica era bosniaca musulmana frente a un 25 por ciento serbia. En 1993, Srebrenica fue declarada, junto con Sarajevo, Zepa, Gorazde, Tuzla y Bihac, una de las seis "zonas de seguridad" decididas por el Consejo de Seguridad de la ONU en Bosnia y Herzegovina.
Pero semejante "protección" no impidió que entre los días 6 a 8 de junio de 1995, las fuerzas serbobosnias sitiaran el enclave, en el que se habían refugiado decenas de miles de civiles huidos de otras áreas arrasadas del noreste de Bosnia. Una fuerza de 600 soldados holandeses mal armados era la encargada de "protegerlos". Apenas había combustible y los alimentos frescos no se renovaban desde mayo de 1995. El asedio resultó particularmente fácil.
Cuando empezaron los bombardeos serbios, los musulmanes pidieron a la ONU que les entregaran las armas confiscadas por los cuerpos de paz, pero la solicitud fue denegada. Los bombardeos atacaban los centros de refugiados y los puestos de observación de las tropas de la ONU, mientras el comandante holandés, teniente coronel Tom Karremans, pedía en vano apoyo aéreo a sus superiores en Sarajevo. Entretanto, miles de refugiados seguían llegando a la ciudad huyendo de la ofensiva serbia.
Ante tanta insistencia por parte de Karremans, el comandante general de la ONU, general Bernard Janvier, responsable militar en Sarajevo de las fuerzas de UNPROFOR, accedió a enviar ayuda, la cual sirvió para detener temporalmente el avance serbio. Contando con ese apoyo aéreo, Karremans decidió actuar y lanzar un ultimátum: los serbobosnios deberían retirarse antes de las seis de la mañana, o en caso contrario los aviones de la OTAN les atacarían.
Los serbios no se retiraron, pero el mando de la ONU en Sarajevo informó a Karremans de que su solicitud de apoyo aéreo había sido hecha de forma inadecuada. Janvier recibió otra petición con hora y media de retraso, y, por si fuera poco, los aviones enviados carecían de suficiente combustible y debieron desviarse a Italia para repostar. En ese momento, la base holandesa en Potocari albergaba a 20.000 refugiados, sobre todo mujeres, niños y enfermos.
A primeras horas de la tarde, el jefe militar de los serbios de Bosnia, general Ratko Mladic, acompañado de las cámaras de la televisión serbia, entró en Srebrenica. "Ha llegado el momento de vengarnos de los turcos", fueron sus declaraciones. Una vez ocupada la ciudad, comenzó la tragedia.
Más de 20.000 mujeres y niños fueron deportados en las siguientes 30 horas, y los serbios comenzaron a separar a los hombres de entre 12 y 77 años de edad para "interrogarlos" sobre presuntos crímenes de guerra. Dos días después de la ocupación, comenzaron las matanzas en la vecina localidad de Kravica, mientras las fuerzas de paz internacionales entregaban a los serbios a nada menos que 5.000 bosniacos musulmanes que se habían refugiado en Potocari a cambio de 14 soldados holandeses tomados como rehenes.
El 16 de julio se empezaron a dar las cifras de la masacre. Muchos prisioneros prefirieron suicidarse. Otros murieron hacinados en un hangar mientras eran tiroteados. Un testigo vio cómo tres camiones repletos de musulmanes y una excavadora se internaban en el bosque: los camiones volvieron vacíos. Se calcula que tras la toma del enclave se ejecutó sumariamente a más de 8.000 musulmanes.
Un año después de la matanza, el 11 de julio de 1996, el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) dictó contra los jefes político y militar de los serbo-bosnios, Radovan Karadzic y Ratko Mladic respectivamente, acta pública de acusación formal por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos en Srebrenica.
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