domingo, 11 de octubre de 2015

¡Que me inviten para poder decir que no quiero!


Pablo Iglesias declina la invitación a la recepción de la Fiesta Nacional
El líder de Podemos: "Nuestra presencia es más útil en la defensa de los derechos y la justicia social"

Reclamaba la invitación para poder declinarla, se ve. Decididamente, tonto del haba. Esa recepción tiene un significado político más allá de sus pobres entendederas de profesor sin plaza en la Facultad de Ciencias de Agitación y Propaganda, digo, Políticas. Además de ser una celebración de la Fiesta Nacional, en este tipo de actos se habla de todo y con todos, no sólo con tu camarilla, con lo que recibes información y opinión diversa de todos los sectores políticos, económicos, periodísticos, artísticos y hasta religiosos; por lo que tu percepción de la realidad interna y externa puede enriquecerse a poco que respetes opiniones ajenas a tu forma de ver las cosas. Vamos, lo que se dice una actitud democrática.

Y el aducir que su "presencia es más útil en la defensa de los derechos y la justicia social" es, además de suponerse un adalid con ínfulas, una soberana tontería, pues si mezclarse con el resto de la sociedad -ampliamente representada en esos actos- le resta eficacia a esa supuesta dedicación, poco aire tiene dicha dedicación que con eso pierde fuelle.

La realidad puede ser algo distinta y no muy alejada de lo que les llevó a no aplaudir al Jefe del Estado en su intervención en el Parlamento Europeo: su nulo respeto por la democracia y sus leyes, anteponiendo su posición republicana ante la decisión mayoritaria que aprobó una constitución monárquica. Y su confusión entre ser partidario de una república a querer que vuelva "la" República que feneció víctima de sus propios errores que desencadenaron una guerra civil y que fue derrotada en ella.

Las guerras no se ganan tras setenta años de haberlas perdido, ni tampoco es inteligente reavivarlas entre quienes no las padecieron. Ser republicano no es querer que vuelva aquel régimen fracasado; como tampoco ser monárquico es querer que vuelva la monarquía absolutista. Pero ser demócrata es acatar lo que la mayoría de españoles deciden democráticamente. Así que para cambiar las leyes hay que hacerlo democráticamente, no con desplantes y desprecios a lo que está vigente gracias a la democracia.

Otros no somos ni monárquicos ni republicanos, sino respetuosos con lo que el pueblo soberano decide democráticamente. Y el pueblo somos todos, no una parte. A lo mejor estas actitudes prepotentes de Iglesias tienen algo que ver con su descenso en las encuestas, digo yo.

Y no digo que no sean necesarias nuevas políticas, pero no parecen nuevas las de hace más de setenta años.