Los medios se han metido en política. No es nada nuevo; no hay más que ver las tertulias para darse cuenta de que los periodistas ya hace mucho que dejaron de ser tales para pasar a ser voceros de los partidos de los que dependen.
Y ahora se hace transparente realidad. Ahora llaman libertad de expresión al insulto, la difamación y hasta a la injuria desde la propiedad de los medios. Ahora quieren que los partidos estén hechos a su medida y a su conveniencia. Ahora han desatado una guerra contra el PP. Quieren otro PP. Lo quieren ellos, y les dá igual lo que quieran los afiliados, simpatizantes y votantes de dicho partido. PRISA se declara sectaria y nadie dice nada. Se insulta al PP y toda la artillería se dedica a despotricar contra su reacción, pero nada se dice de lo que la provocó.
Ellos son los que deciden lo que se debe o no se debe hacer. Ellos son los que dan patente de demócratas a quienes les interesa. Los mismos que no han dicho esta boca es mía por el atropello a la libertad de expresión que PRISA ha cometido con un periodista como Hermann Tertsch. De éso nada de nada. La vergüenza ha caído como una fosa sobre el periodismo español, sin objetividad alguna y totalmente vendido al dinero y al poder.
Ahora se suman Vocento, propietario de ABC y Telecinco, avalistas de Gallardón como sustituto de Rajoy, al igual que PRISA; y ¡como no! Bono, el amigo de Gallardón. La partida está servida y los del PP la van a perder. Y la van a perder por pusilánimes, por no haber plantado cara hace un año, por lo menos, y no haber puesto de patitas en la calle a Gallardón. La van a perder porque siguen plantando cara a un sable con un alfiler.
A Polanco no le gusta el PP y quiere otro partido de derechas. Ya tiene a la izquierda y ahora quiere a la derecha. Es el dueño del cotarro y a quien se deben toda la cohorte de los llamados periodistas y que no son más que voceros a sueldo. Vergonzosos y vergonzantes asalariados de la manipulación.
Las provocaciones consecutivas y cada vez mayores que ha sufrido la derecha -y cualquier ciudadano que se sienta español sin avergonzarse de serlo, y que crea que los malos son los que matan y no las víctimas- no han parado y ahora llegan hasta lo insoportable. El intento de escisión del PP es clarísimo. Se quiere una escisión por la derecha, para debilitarlo. Se utiliza el término falangista como descalificativo, cuando no es más que una opción política tan lícita como la que más. Pero aquí se usa peyorativamente y se acepta así. No así el término comunista, al que incluso se iguala con el de demócrata, que ya es disparatar.
El juego de Gallardón se veía desde hace mucho, así como el descarado apoyo de Vocento a su opción, "la Operación Gallardón", disfrazada como un intento de democratizar a la derecha, como si ésta no fuera democrática ni hubiera dado sobradas pruebas de ello.
Aquí lo que hay es un cambio de régimen encubierto en donde cabe el terrorista sentado en las instituciones pero se niega a la derecha siquiera el derecho a que sus proposiciones se discutan. Ya hace tiempo que dije que lo que tenía que haber hecho el PP es plantarse a la puerta del Congreso y negarse a acudir hasta que sus propuestas, al menos, se discutan. Y además, presentar sus querellas y demandas no sólo ante los tribunales españoles sino ante los internacionales. Así, con ruido.
Se me dirá que hacer tanto ruido no beneficiaría al Estado -¿qué Estado?-, se perdería credibilidad en España y su democracia -¿qué democracia y qué España?- o que los inversionistas extranjeros huirían de nuestro país -¿no lo hacen por la declaración de Felipe González, ex presidente español, que dice que España vive en una situación prebélica?- cuando si no lo han hecho ya, no lo harán por nada. ¿Cómo lo van a hacer, si estamos en venta?
No sería achacable al PP el desastre sobrevenido, no; la actitud del PP sería una consecuencia más del desastre al que nos ha llevado una nefasta política de izquierdas y revanchista hasta extremos suicidas. Y mientras se habla de ello no se habla de pactos con terroristas, ocultaciones de la verdad, traiciones al pueblo y al país, robos a las arcas del Estado y sirvengonzonerías varias además de traición a nuestras tropas en el exterior.
La descarada manipulación de El País y la SER, a la que se une ABC y demás medios de Vocento, ya serían en un país maduro democráticamente motivo para su ruina económica por abandono del público y compradores en general. Pero en un país donde el que pide justicia y que se cumplan las leyes recibe una patada en los cojones delante de la policía, sin que ésta haga nada, y se le grita "¡que se muera!" cuando cae al suelo inconsciente, por parte de los que se reúnen para aplaudir el incumplimiento de la ley, en un país así, repito, ¿Cómo no se va a aplaudir que la prensa haga política y tumbe a un partido por el hecho de que pida justicia?
Si los partidos se dedican a delinquir, es normal que la prensa haga política; al igual que es normal que se aúpe al asesino y se patalee al que le llama lo que es. Tan normal como que el Gobierno esté esperando un comunicado terrorista que lo apuntale.
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