sábado, 25 de octubre de 2008

Contra natura.


Una mujer que impide que su hijo tenga vida no es madre, pero tampoco mujer.

El problema de la nueva legislación abortiva que se prepara no es en sí si los plazos son unos u otros, ni si al nasciturus se le priva de la vida estando más formado o menos. Ni siquiera el número mismo de abortos que se practicarán con dicha ley. El número ya es astronómico ahora, 100.000 el año pasado.

No, el problema es más grave porque es de fondo, es de calado. La ley existente sigue considerando el aborto como una agresión al feto, como lo que es en realidad: despojarle de la posibilidad de nacer y de la vida. Sigue considerándolo un delito punible, pero lo despenaliza en algunos supuestos. Cierto que uno de ellos permite una discrecionalidad tal que convierte en no punible cualquier aborto. Pero insisto en que sigue considerando el aborto como lo que es.

La ley que se prepara no. Dicha ley nace considerando el aborto como un derecho, no como un delito. Hoy, el matarife tiene que buscar argucias y aparentar para eludir la ley. Mañana el verdugo actuará incluso protegido legalmente. Hoy, quien va a abortar sabe que hace mal aunque se le perdone. Mañana, quien lo haga creerá que simplemente hace valer su derecho. Porque se le convencerá de ello. Y le harán creer que el feto no es una vida ajena a la suya, sino parte de su propio cuerpo, como una enfermedad, como un cáncer o un grano que afea el futuro.

No se le dirá que el mismo hecho del embarazo ya es el que cambia la vida de una mujer. La propia naturaleza empieza a prepararla física y psíquicamente para la maternidad. Para cuidar de una vida que no es la suya aunque ella la porte hasta traerla al mundo. Por ello, atentar contra esa vida es un acto contra natura. Y tanto su cuerpo como su mente lo pagarán. Y su conciencia en caso de tenerla. Aunque poca conciencia puede tener quien es capaz de matar, cuanto más si lo que mata es a su propio hijo.

¿En qué clase de mujer quedará convertida luego? ¿En qué clase de persona? El hecho no se elimina con los restos del aborto, no. Eso queda ahí por mucho que las leyes de los hombres le otorguen impunidad. El hecho queda por encima de los motivos esgrimidos para llevar a cabo la atrocidad de privar de la vida a una vida que no es propiedad de nadie. Y si a la mujer y a la sociedad no se les transmite lo que por otra parte no es más que el instinto de pervivencia de la raza, sino todo lo contrario, estamos destruyendo a la propia sociedad. Esta sociedad llorará por la muerte de un perro a manos de su amo, pero no pestañeará por la muerte de un hijo por su madre. Pues su madre es quien lo mata, no las pinzas o el aspirador del destrozador a sueldo. Eso sólo es el instrumento.

Pero ese instrumento es toda una industria. El año pasado movió más de 60 millones de euros, unos diez mil millones de pesetas. Eso da para alquilar muchos barcos y hacer muchas fiestas para celebrar la muerte de inocentes. Antes, el hombre primitivo, celebraba sacrificios humanos a sus dioses. Pero era a cambio de algo, creían recibir a cambio un bien superior para toda la comunidad, una protección de los dioses que les hiciera menos vulnerables a las calamidades. Y hoy nos escandalizamos por semejante barbarie. Sin embargo hay gente que sigue haciendo fiesta de la muerte. De la muerte de inocentes. Alentados por los matarifes que sacan provecho de ello. Yo me pregunto qué clase de gentuza se puede reunir a celebrar el que una madre mate a su hijo. Pues la hay, y mucha. Y estuvieron en Valencia muchos de quienes forman parte de ella.

Y volviendo al tema inicial, el problema es la creación de una nueva conciencia en la que se niega la evidencia de la desaparición de una vida. Se hablará de la interrupción voluntaria del embarazo, pero no se explicará que ello conlleva una muerte. Se convencerá a las nuevas generaciones de eso de que "es mi cuerpo y hago con él lo que quiero", pero sin explicar que lo que matan no es su cuerpo, ni pertenece a él. Les dirán que los que creen lo contrario es por culpa de las creencias de una religión arcaica. O porque son de derechas. Pero no les dirán que no hace falta ser nada de eso para ser humano, sentirse humano y tener sensación de pertenecer a la raza humana. Y por lo tanto, aceptar que nos reproducimos de un modo determinado y no de otro. Y que el sexo femenino es portador de la nueva vida, no dueño de ella. Y que no es por capricho de ningún machista. Es porque la naturaleza es así. Y si una mujer no quiere aceptar la grandeza y servidumbre de su condición, no sólo no es merecedora de ser mujer, es que no es persona. Pero aún así, su hijo no tiene la culpa.

¿Alguien me puede explicar por qué razón la ley permite que el Estado se haga cargo del hijo de una mujer para defenderlo de que no lo atiende debidamente, y sin embargo no protege el de una mujer que lo quiere matar precisamente por no querer atenderlo?

El embarazo no deseado de una hija, de una adolescente, sigue viéndose como un estigma social. El hecho mismo del embarazo se trata de ocultar. No quieren que su hija sea señalada, sin darse cuenta de que ya ha sido señalada por la naturaleza, y la solución de hacerla abortar en un momento en el que puede que el propio bloqueo y la angustia de la situación -además de su inmadurez- le impiden pensar por sí misma, es una atrocidad que tendrá que soportar toda su vida.

Lo mismo que si hubiera sido madre lo hubiera sido toda su vida, el hecho de haber matado a su hijo la perseguirá siempre. El aborto no sale gratis, ni económicamente ni psíquicamente. Y no es raro que el día de mañana esa hija, llevada de la mano de sus padres -o de sus allegados- a abortar, no perdone a quienes se lo hayan presentado como única salida. El índice de suicidios entre quienes han abortado triplica al habitual.

He conocido el caso de familia muy católica y de misa frecuente, que tras hacer abortar a su hija ya crecidita y sin consentimiento del novio, se fueron madre e hija a rezar a la iglesia y a darse golpes de pecho. Claro que no se confesaron, ¡para no ser excomulgadas! Si esto no es hipocresía que alguien me diga qué es.

Tenemos que buscar soluciones para las situaciones ciertamente dramáticas de embarazos no deseados de adolescentes y jóvenes. Desde el tratamiento que las prepare para dar su hijo en adopción, hasta la ayuda directa si lo acepta. Y buscando el modo de hacer que el peso de la responsabilidad alcance legalmente al padre. Si tanto acento ponemos en la aberración que significa matar al feto, tenenos que concienciar al varón de la responsabilidad de depositar la semilla del mismo. La cultura de la separación total entre sexo y reproducción es una cultura basada en una mentira. El sexo es parte del proceso reproductivo, queramos o no. Y es algo que tienen que tener presente los jóvenes, para que si deciden disfrutar del sexo, pongan medios para que de él no se derive lo que naturalmente puede suceder.

Presentar el aborto como un método anticonceptivo más, no sólo es una mentira, sino que es una aberración que presenta el quitar la vida a alguien como remedio a una situación no deseada. Siguiendo ese esquema intelectual no se sostendría el no a la pena de muerte, ni siquiera el eliminar a quien consideremos que nos perjudica y altera psicológicamente.

Por ese camino y llegando al esperpento, yo pediría la legalización del Blancorto para que me quiten de enmedio a Pepiño Blanco -y similares- pues me afectan psicológicamente su cretinez y manipulación constante. Y perdón por la broma, el asunto no lo es en absoluto.

A las situaciones límite hay que buscarle soluciones. Y no es solución hacer como si no pasa nada y matar a un inocente. Todos estamos aquí, incluso los verdugos de esas criaturitas, porque una vez hemos estado en el vientre de nuestras madres. No lo estaríamos si nuestras madres nos hubieran considerado parte de su cuerpo y no hubiéramos llegado a nacer como lo que somos, individuos independientes de ella. Y eso es una realidad, no una teoría.