viernes, 15 de mayo de 2009

El "derecho" a matar


El Gobierno aprueba el anteproyecto de la nueva ley del aborto.

Este anteproyecto para el que se ha contado exclusivamente con las ponencias de los expertos pro abortistas y con el lobby de las clínicas que tienen en el aborto su negocio, se lanza ahora a la sociedad como un desafío, como una agresión a una parte mayoritaria de ella, para desviar la atención de la incapacidad del Gobierno para gobernar. Con ello se pretende volver a presentar a Zapatero, a su gobierno, y a este PSOE, como creadores de derechos. Quieren hacer creer que el Parlamento es el que crea los derechos de los ciudadanos; algo absolutamente demencial y totalitario, además de una demostración del concepto autoritario que tienen del poder estos zapateristas.

Este feminismo al que Zapatero rinde pleitesía se ha convertido en la ideología más destructiva y antihumana que nunca ha existido, pues ataca a la humanidad en su principio mismo. Quiere otorgar a la mujer el poder total sobre la vida y la muerte. Convierte al nasciturus en propiedad de la madre, y al padre en inexistente. Ya ni siquiera progenitor A, pues se le niega el derecho a decidir si quiere ser progenitor y que su hijo nazca.

La falacia de un nuevo derecho viene aderezada además por otra con la que se pretende que se trata de proteger a la mujer y al médico -mira que llamar médico a un matarife- para que no vayan a la cárcel. En España ninguna mujer ha ido a la cárcel por abortar. Incluso cuando no estaba despenalizado el crimen del aborto, los tribunales consideraban que el castigo iba implícito en el crimen mismo y en las circunstancias trágicas en las que normalmente se producía este lamentable infanticidio.

La ley actual ha sido un coladero por el supuesto del daño a la salud mental de la madre, que en la práctica se ha convertido en un aborto libre hasta el término del embarazo. Esta ley no mejora este aspecto, que sería lo lógico si de verdad se pretende reducir el número de abortos. Es normal que así sea, pues viene apadrinada por quienes viven del aborto, por quienes lo tienen como un negocio, y no iban a proponer que su negocio se redujera.

La hipocresía y el cinismo con que se presenta esta ley como un intento de respetar la vida del nasciturus es ya insultante; ¿cómo se respeta la vida de quien se va a matar legalmente? El disparate de es mi cuerpo y hago con él lo que quiero no sólo es mentira, sino una aberración científica; el nasciturus no forma parte de la madre. Hasta tal punto es así, que la naturaleza inventó la placenta para que ese cuerpo extraño no sea rechazado por el organismo de la madre.

La situación de una mujer que en su desesperación se ve impelida -animada, si se aprueba esta ley- a abortar, no se resuelve permitiéndole que lo haga y considerando un derecho el matar la vida que viene. Si de verdad se quiere proteger a la mujer, habría que hacer un esfuerzo para educar sexualmente a los jóvenes y explicarles que el sexo tiene consecuencias, pues la naturaleza se sirve de él precisamente para producirlas. Y proteger de verdad a la mujer que ve el embarazo como un drama para que no sea tal drama, al tiempo que se da una salida para que esa vida que viene no se pierda, bien amparando la maternidad de la embarazada, bien legislando para facilitar la adopción del nacido de un embarazo no deseado.

Las encuestas apuntan a que la mayoría de la sociedad, y de las mujeres, son contrarias a esta ley; y de hecho fue eliminada del programa del PSOE. Pero este asunto no se debe basar en encuestas. Por mucho que las encuestas puedan aceptar el asesinato, éste seguirá siendo un crimen. Ni es una cuestión religiosa, como pretenden que creamos los que impulsan esta ley. Es un asunto de lógica protección del género humano en su raíz. Es un tema humano, no divino, por mucho que las religiones estén contra el aborto. Este intento reduccionista no es otra cosa que el presentar el asunto como un triunfo de la sociedad laica sobre las religiones, y en particular, sobre la Iglesia Católica, algo muy rentable entre la extrema izquierda.

El embarazo no es una enfermedad y el embrión su síntoma, no. Lo que es una enfermedad es el feminismo imperante, que pretende que la mujer se desprenda de su condición, y esta ley su síntoma. Y los que están en contra de ello en el PSOE y no elevan su voz, unos cobardes.