miércoles, 8 de junio de 2011

Histeria antifranquista

Franco ha muerto.

A algunos parece que habría que recordarles, como a Garzón, que Franco ha muerto. Andan indignados ahora con la Academia de Historia porque ésta no lo vitupera como a ellos les hubiera gustado. Lo curioso es que muchos de estos, que ahora aparecen como héroes del antifranquismo, formaban parte de familias afectas al franquismo o no estaban tan incómodos como para levantar la voz o simplemente en tiempos de Franco ni existían. Ahora quieren llamar dictador a Franco. Igualito que el mismísimo Franco, pues él se definía como eso: como dictador.

Braman porque se use dinero público para subvencionar a una Academia que no dice lo que les gusta oír. Nada dicen de los disparates que en el cine subvencionado con el mismo dinero otra Academia premia. Pero es que eso sí les gusta. A otros nos parecen memeces y falsedades, pero no bramamos de esa forma.

Pero lo que les duele de verdad no es lo que diga algún historiador, no. Lo que les duele es la Historia. Por ello la quieren cambiar. quieren ganar una guerra que se perdió, que perdimos todos, pero que fundamentalmente fue el fruto de un régimen desastroso. Claro que es a ese régimen al que rinden pleitesía. Y a su bandera, pasándose por el forro la Historia y la propia decisión de los españoles al aprobar la Constitución. Y queriendo borrar la Transición.

Ya sé que hay muchos tontiprogres que aducen que ellos no votaron dicha Constitución por su edad y que, por lo tanto, no le deben acatamiento. Pobre demostración de su antidemocracia militante. Yo sí la voté, pero voté en contra. Voté NO, porque quería otra en la que no se dejara abierta la puerta a la desmembración del Estado. Ahora estamos pagando el catarro producido por las corrientes generadas gracias a esa puerta abierta. Tampoco voté en las generales, pero eso no me exime de tener que circular a un máximo de 110 km/h ni de pagar impuestos por un coche que puede alcanzar muchísimo más. Pero sigo con mi argumento.

Yo voté no y sin embargo acato y defiendo la Constitución. Acepto las reglas de juego aunque no me gusten. Y lo acepto por un ejercicio de democracia. Democracia no es acatar sólo lo que te gusta, es acatar la decisión de la mayoría. Aunque la creas equivocada. Y si no, te vas. El exilio es mucho más consecuente que el desacato antidemocrático.

Yo propugno cambios en el sistema, sí, pero quiero que se hagan democráticamente. Cierto que esto ya no es más que una partitocracia oligárquica, pero es lo que tenemos y con lo que hay que intentarlo. O eso o la revolución. Y no anda el horno para bollos.

En ese Diccionario Histórico también aparecen disparatadas loas a otros personajes. Y escritas por sus amigos. Sin correr mucho, en la biografía de Felipe González, su amigo, el exfranquista Cebrián, llega a afirmar que lo del GAL fue ¡un invento del PP! Y no he visto manifestantes ni quejas en el Parlamento por esa falsedad que hasta olvida las sentencias firmes de aquel caso. Claro que ahora este personaje sigue apoyando a quien entonces era el portavoz de aquel Felipe y negaba lo mismo.

En cualquier caso, cuanta más histeria, menos razón. Cuanta más descalificación, menos argumentos. Cuanta más pataleta, más incongruencia. Cuanto más ruido, menos nueces.

Franco era un dictador. Franco es historia. La II República, también. Y la Guerra Civil. Atapuerca parece que no, a la vista de como berrean algunos.