lunes, 19 de octubre de 2015

Rivera vs Iglesias.

El debate: Sobre Cataluña.

Evidencia clara de la confusión que tiene el populismo de Podemos sobre el concepto democracia. Si Pablo Iglesias no tiene miedo a la democracia no se entiende que no defienda las leyes democráticas y la Constitución democrática que define a España como una nación -no varias- y dice que la soberanía reside en el pueblo español, no en los diferentes pueblos que lo forman. El derecho a decidir sobre España lo tenemos todos, no sólo una parte. y si hay que decidir sobre si se rompe España o no, ¿cómo se puede argumentar que lo decidan unos pocos y no todos los españoles?

Esto no es sólo una falacia argumental, es una carencia de concepto.
Lo de considerar a Cataluña una nación es regalar al nacionalismo lo que pretende, además de una puerilidad, que denota una bisoñez de parvulito, suponer que el secesionismo se conformará con eso. El basar la unidad de España en el atractivo que tenga un gobierno u otro, una soberana tontería. España no es un gobierno, España es una nación y, como tal, un Estado. Sus gobiernos son coyunturas, el Estado es una estructura. Y como tal estructura permanece independientemente de quien gobierne. Quien no tiene claro lo que es España y los españoles, difícilmente podrá gobernar. Bueno, poder, podrá, pero ciertamente haciéndola cada vez más ingobernable y menos unida. A la evidente realidad me remito.

La postura de Rivera no ha sido todo lo contundente que en otras ocasiones ha demostrado. Se ha dejado meter el mismo gol que Rajoy sobre mantener o no la nacionalidad tras una supuesta independencia. Basar en la Constitución el que a ningún español se le puede quitar su nacionalidad se puede hacer en tanto esa Constitución esté vigente, cosa que dejará de suceder en un determinado territorio si éste se separa de España. No sólo romperán la Constitución para hacerlo, sino que automáticamente no será de aplicación en ese supuesto nuevo estado. Por lo tanto, todas las garantías constitucionales dejarán de tener efecto y ese estado tendrá que hacer una constitución nueva que tenga vigor en ese territorio. No tiene sentido alguno acogerse a lo que dice una ley que acabas de suspender.

En cualquier caso, se podrá debatir sobre la conveniencia o no de convocar un referéndum sobre el asunto catalán, pero no cabe discusión alguna sobre quienes tienen que ser consultados en dicho referéndum: todos los españoles, pues de trata de algo que a toda España afecta. La unidad de España no afecta sólo a unos pocos.