viernes, 15 de julio de 2016

No son delincuentes, son fanáticos religiosos dispuestos a morir.



En Francia residen 10.000.000 de musulmanes y la mayor parte de ellos practican una rama de su religión que prohíbe que un musulmán denuncie a otro, por lo que en la práctica los convierte en "colaboradores" de los terroristas islámicos.

Las instrucciones del terrorismo yihadista instalado en Europa pasan por el disimulo, o sea, por aparentar que no se siguen las normas del Islam ni sus preceptos, ni siquiera vestimentas que los asimilen a ello.

La fuerza del mensaje es tal que ya hemos visto que personas nacidas en Europa, con hijos europeos, sucumben a sus "prédicas" y no dudan en inmolarse con tal de cumplir con el precepto de morir matando infieles.

Niza es uno de los centros del yihadismo europeo, allí hay barrios controlados por ellos donde no dudan en imponer "correctivos" a quienes incumplen las reglas que según ellos impone el Islam. Se corre un riesgo cierto de un enfrentamiento civil en Francia y Europa. No me cabe duda de que es uno de sus objetivos.

Es una cuestión religiosa, guste o no, que se convierte en una norma de conducta y en una forma de vida. Si no entendemos eso no ganaremos una guerra que nos han declarado. Nuestras leyes no son válidas para cortar ese fenómeno, las penas que se les puedan imponer a esta gente, de ser condenados, nunca serán tan drásticas como lo que ellos están dispuestos a perder por su ideal: su propia vida.

Por lo tanto nada haremos si no se legisla entendiendo y adecuando las leyes a ese descerebramiento que les aparta absolutamente de nuestros principios. No son delincuentes como se pretende, son fanáticos que están en guerra. Tratarlos como delincuentes es perder esa guerra que nos han declarado.

Y me hago una pregunta, ¿cuántos musulmanes han fallecido en el atentado de Niza?